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Ciencia

Bajo las tumbas de un cementerio en Nueva York vivían millones de abejas sin que nadie lo supiera. Científicos descubren el mayor asentamiento de abejas solitarias jamás registrado

El hallazgo parecía improbable incluso para los expertos: un camposanto tranquilo escondía una población gigantesca de insectos esenciales para los ecosistemas. Todo estaba ocurriendo bajo tierra y a plena vista.
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Hay lugares donde el silencio protege más vida de la que imaginamos. Un cementerio del norte del estado de Nueva York acaba de demostrarlo de forma espectacular. Bajo sus senderos, lápidas y zonas de césped no descansaba solo la memoria de generaciones pasadas: también vivía una población gigantesca de abejas.

Investigadores de la Universidad de Cornell descubrieron en el East Lawn Cemetery, en Ithaca, una colonia estimada en 5,5 millones de abejas solitarias, la mayor concentración de este tipo documentada hasta ahora. El estudio fue publicado en Apidologie y revela cómo un entorno aparentemente común se convirtió en un santuario natural casi perfecto.

Todo empezó con una observación casual

Bajo las tumbas de un cementerio en Nueva York vivían millones de abejas sin que nadie lo supiera. Científicos descubren el mayor asentamiento de abejas solitarias jamás registrado
© Shutterstock / AI.

El hallazgo no nació de una gran expedición planificada. En 2022, una técnica del equipo detectó una cantidad inusual de abejas mientras atravesaba el cementerio. Lo que parecía una curiosidad momentánea acabó convirtiéndose en una investigación mucho mayor.

Los científicos regresaron al lugar y comenzaron a medir actividad, densidad y distribución de insectos en distintas zonas del recinto. Muy pronto entendieron que estaban ante algo fuera de lo normal.

La cifra que sorprendió incluso a los expertos

Durante la primavera de 2023, el equipo instaló diez trampas de emergencia para registrar la salida de insectos desde el subsuelo. En pocas semanas contabilizaron 3.251 ejemplares pertenecientes a 16 especies distintas entre abejas, moscas y escarabajos.

Con esos datos calcularon la densidad poblacional en una superficie de entre 6.000 y 6.500 metros cuadrados. El resultado fue asombroso: entre 3 y 8 millones de individuos, con una media estimada de 5,5 millones. No hablamos de una colmena gigante, sino de millones de nidos individuales repartidos bajo tierra.

No eran abejas comunes, sino especialistas del subsuelo

Bajo las tumbas de un cementerio en Nueva York vivían millones de abejas sin que nadie lo supiera. Científicos descubren el mayor asentamiento de abejas solitarias jamás registrado
© Bryan Danforth.

Las protagonistas del descubrimiento son Andrena regularis, conocidas como abejas mineras comunes. A diferencia de las abejas melíferas, no construyen panales colectivos ni forman grandes enjambres.

Cada hembra excava su propio túnel en el suelo, crea pequeñas cámaras y deposita allí sus huevos junto a reservas de polen para las larvas. Aunque mucha gente asocia a las abejas con colmenas visibles, la realidad es distinta: una gran parte de las especies silvestres vive bajo tierra y pasa desapercibida.

Por qué un cementerio era el lugar perfecto

Bajo las tumbas de un cementerio en Nueva York vivían millones de abejas sin que nadie lo supiera. Científicos descubren el mayor asentamiento de abejas solitarias jamás registrado
© Bryan Danforth.

El cementerio de East Lawn reunía varias condiciones ideales. El suelo arenoso facilita la excavación de galerías. La escasa alteración humana mantiene estables los nidos año tras año. Y el uso limitado de pesticidas reduce amenazas químicas frecuentes en otras zonas urbanas.

Además, los huertos de Cornell y otras plantas cercanas ofrecen flores abundantes al inicio de la primavera, justo cuando estas abejas emergen para alimentarse y reproducirse. En otras palabras: tranquilidad, terreno estable y comida cercana.

Una lección inesperada sobre biodiversidad urbana

El descubrimiento deja una idea poderosa. Espacios que solemos ver como simples zonas verdes o lugares de paso pueden albergar ecosistemas enormes sin que lo sepamos.

Mientras muchas poblaciones de polinizadores enfrentan presión por urbanización y pesticidas, millones de abejas encontraron refugio donde menos se esperaba: bajo las tumbas de un cementerio silencioso. A veces la naturaleza no desaparece. Solo aprende a esconderse muy bien.

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