Saltar al contenido
Ciencia

El glaciar más peligroso del planeta se está derritiendo más rápido de lo esperado. Ahora los científicos plantean algo radical: construir un muro bajo el mar para frenarlo

Thwaites, en la Antártida Occidental, ya contribuye al aumento del nivel del mar. Una nueva propuesta busca bloquear las corrientes cálidas que lo debilitan desde su base con una estructura de decenas de kilómetros.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Hay un punto en el que las soluciones dejan de ser abstractas y empiezan a parecer ingeniería a escala planetaria. El glaciar Thwaites, en la Antártida Occidental, ha llegado a ese punto.

Conocido como el “glaciar del Juicio Final”, su deshielo se ha acelerado más de lo esperado en los últimos años. No es solo una masa de hielo enorme: es una pieza crítica del sistema global. Hoy ya contribuye aproximadamente al 4% del aumento anual del nivel del mar, y si colapsara por completo, podría provocar una subida de unos 65 centímetros. Una cifra que, en términos reales, significaría poner en riesgo a millones de personas en zonas costeras.

Frente a ese escenario, un grupo de científicos e ingenieros ha planteado una idea que, hasta hace poco, habría sonado exagerada: construir una barrera submarina de unos 80 kilómetros para frenar el deshielo.

El problema no está arriba del glaciar, está debajo

El glaciar más peligroso del planeta se está derritiendo más rápido de lo esperado. Ahora los científicos plantean algo radical: construir un muro bajo el mar para frenarlo
© NASA Earth Observatory,

Lo que está destruyendo Thwaites no es solo el aire más cálido. Es el océano. El agua caliente se infiltra por debajo del glaciar y erosiona su base, debilitándolo desde abajo. Este proceso es especialmente peligroso porque actúa donde el hielo está anclado al lecho marino, reduciendo su estabilidad y acelerando su desplazamiento hacia el océano.

La propuesta busca atacar directamente ese punto crítico. La idea es instalar una cortina submarina flexible, anclada al fondo marino, que funcione como una barrera física contra esas corrientes cálidas. No se trata de detener el cambio climático (eso sigue siendo un problema global), sino de intervenir en uno de sus efectos más peligrosos y ganar tiempo.

Una obra gigantesca en uno de los entornos más hostiles del planeta

La estructura planteada tendría unos 152 metros de altura y se extendería a lo largo de unos 80 kilómetros frente al glaciar. En términos de ingeniería, es un desafío monumental: no solo por el tamaño, sino por el entorno extremo en el que debería construirse y mantenerse.

Antes de cualquier intento real de implementación, el proyecto, que forma parte de Seabed Anchored Curtain Project, contempla al menos tres años de investigación dedicados a probar materiales, diseñar prototipos y entender cómo se comportaría la barrera bajo condiciones reales. Porque no es solo cuestión de instalar un muro. Es entender cómo interactuaría con corrientes, hielo en movimiento y presión oceánica constante.

Estamos empezando a entender el problema desde dentro del hielo

El glaciar más peligroso del planeta se está derritiendo más rápido de lo esperado. Ahora los científicos plantean algo radical: construir un muro bajo el mar para frenarlo
© Unsplash / Matt Palmer.

Mientras tanto, los científicos están intentando comprender mejor qué ocurre exactamente bajo Thwaites. Para ello, están utilizando una técnica poco intuitiva pero efectiva: perforar el glaciar con agua caliente.

A través de esos túneles, introducen instrumentos que llegan a casi 1.000 metros de profundidad, donde pueden medir directamente cómo el océano interactúa con la base del hielo. Estos datos son clave para entender por qué este glaciar, en particular, se está volviendo tan inestable. Y también son fundamentales para saber si una solución como la barrera tendría sentido real o quedaría superada por la dinámica del sistema.

El objetivo no es salvar un glaciar, es evitar una reacción en cadena

Thwaites no es un glaciar aislado. Forma parte de un sistema mucho mayor en la Antártida Occidental. Si colapsa, podría desestabilizar otras masas de hielo cercanas, desencadenando un efecto dominó difícil de frenar. Por eso la propuesta no se plantea como una solución definitiva, sino como una intervención estratégica. Una forma de ralentizar un proceso que, de otro modo, podría acelerarse fuera de control.

En el fondo, la idea de construir un muro en la Antártida dice mucho más que el propio proyecto. Refleja hasta qué punto el cambio climático ha pasado de ser una advertencia a convertirse en un problema de ingeniería global. Y plantea una pregunta incómoda, pero inevitable: si necesitamos empezar a rediseñar el planeta para mantenerlo habitable… cuánto tiempo nos queda para evitar tener que hacerlo en todas partes.

Compartir esta historia

Artículos relacionados