Mientras la humanidad se prepara para viajar más lejos que nunca, surge una nueva protagonista silenciosa: una bacteria que puede acompañarnos en el espacio. Bacillus subtilis, aliada del intestino humano, ha resistido un lanzamiento real y las duras condiciones del borde del espacio. El hallazgo de un equipo australiano demuestra que ciertos microorganismos podrían ser clave para mantenernos sanos más allá de la Tierra.
La aliada invisible del cuerpo humano
El estudio, liderado por investigadores de la Universidad RMIT de Australia y publicado en npj Microgravity, probó por primera vez que la bacteria Bacillus subtilis puede soportar las fuerzas extremas de un lanzamiento espacial. Esta especie, común en el suelo y en el sistema digestivo humano, es conocida por formar esporas resistentes, capaces de proteger su ADN ante radiación, frío o falta de oxígeno.
Los científicos querían saber si microorganismos como este podrían sobrevivir a los violentos cambios de aceleración, microgravedad y desaceleración que experimentan las naves espaciales. El resultado fue sorprendente: no solo resistió todo el proceso, sino que conservó su capacidad de multiplicarse al regresar a la Tierra.
Según Gail Iles, coautora del trabajo, “este experimento mejora nuestra comprensión sobre cómo la vida puede sobrevivir en entornos extremos y nos ayuda a planificar futuras misiones a Marte y más allá”.
Bacteria Survive Spaceflight and Return to Earth
Australian researchers have proven that spores of the Bacillus subtilis bacterium can survive the extreme stresses of spaceflight. They were launched to an altitude of over 60 kilometers aboard the Suborbital Express 3-M15 rocket,… pic.twitter.com/klTMI0BrMC
— Black Hole (@konstructivizm) October 7, 2025
Un viaje extremo para una bacteria diminuta
Las esporas de Bacillus subtilis viajaron a bordo de un cohete sonda lanzado desde Suecia, dentro de un soporte microtubular impreso en 3D especialmente diseñado para protegerlas. Durante el ascenso, experimentaron fuerzas equivalentes a 13 veces la gravedad terrestre, alcanzando una altitud de 260 kilómetros, en el límite del espacio.
Al apagarse el motor, la cápsula experimentó seis minutos de microgravedad, una fase crucial que simula la ingravidez prolongada de las misiones espaciales. En el descenso, giró a 220 vueltas por segundo, soportando intensas desaceleraciones.
De regreso en los laboratorios de RMIT, las muestras fueron analizadas con microscopios electrónicos, que confirmaron que las esporas mantenían su estructura intacta y su capacidad reproductiva. “Esto amplía nuestro conocimiento sobre los efectos del vuelo espacial en los microorganismos que nos mantienen saludables”, explicó la investigadora Elena Ivanova, especialista en biofísica y nanotecnología.

Más allá del experimento: salud, biotecnología y vida extraterrestre
El descubrimiento tiene implicaciones que van mucho más lejos de la exploración espacial. Si bacterias como Bacillus subtilis pueden sobrevivir al lanzamiento y al entorno espacial, podrían formar parte de sistemas de soporte vital en naves o colonias marcianas, ayudando a conservar la microbiota humana y la salud de los astronautas durante misiones prolongadas.
Los científicos sugieren ahora repetir la experiencia con otras especies más sensibles y en vuelos de mayor duración. Comprender cómo resisten estos microorganismos extremos no solo permitirá diseñar hábitats espaciales más seguros, sino también nuevas aplicaciones médicas y biotecnológicas en la Tierra.
Como concluye Iles, “entender la resistencia microbiana no solo es vital para proteger la salud humana en el espacio: también puede acercarnos a responder una pregunta antigua, pero hoy más vigente que nunca: ¿puede la vida existir —y persistir— en otros mundos?”.
Fuente: Infobae.