La historia de la energía está a punto de escribir un capítulo sin precedentes. Lo que comenzó con un experimento casi improbable —generar electricidad aprovechando el movimiento de la Tierra— se ha convertido en el punto de partida de una carrera global. Ahora, el objetivo es más ambicioso: encender, por primera vez, energía creada fuera de nuestro mundo.
De un laboratorio terrestre a una idea que apunta al espacio

Un equipo de la Universidad de Princeton, el Jet Propulsion Laboratory de la NASA y la empresa Spectral Sensor Solutions logró lo que hasta hace poco parecía imposible: producir una diferencia de potencial eléctrico interactuando con el campo magnético terrestre, sin fuentes externas, solo con el giro constante del planeta.
El voltaje obtenido fue pequeño, pero estable, lo suficiente para imaginar un futuro en el que satélites, estaciones remotas o misiones espaciales se alimenten de esta tecnología. Ese hallazgo, publicado en Physical Review Research, no solo amplió los límites de la ingeniería, sino que inspiró una nueva ambición: si podemos producir energía aprovechando un movimiento planetario, ¿por qué no hacerlo directamente en otro cuerpo celeste?
La Luna como escenario de la próxima carrera

Estados Unidos, China y Rusia ya han movido ficha. Sean Duffy, nuevo director de la NASA, planea instalar un reactor nuclear en la superficie lunar antes de 2030, un paso clave para alimentar una futura base del Programa Artemis y declarar como “zona protegida” su lugar de aterrizaje.
En mayo, Moscú y Pekín firmaron un memorando para desarrollar su propio reactor, aunque con fecha objetivo en 2036. La disputa recuerda a la carrera espacial de mediados del siglo XX, pero con un matiz decisivo: esta vez no se trata solo de llegar, sino de generar energía en el espacio de forma sostenible.
Un futuro donde la energía no conoce fronteras
Estados Unidos ha destinado más de 7.000 millones de dólares a la exploración lunar pese a los recortes generales a la NASA. El objetivo mínimo para el reactor: producir 100 kilovatios, suficientes para alimentar 80 hogares en la Tierra o servir como columna vertebral de una colonia lunar permanente.
La pregunta ya no es si es posible, sino quién encenderá primero esa luz más allá de la atmósfera. La respuesta marcará un antes y un después en la historia de la exploración humana.