Durante décadas, la explicación de lo que ocurre después de tomar café parecía bastante sencilla: la cafeína llega al cerebro, bloquea los receptores de adenosina y reduce la sensación de cansancio. Sin embargo, esa descripción podría estar dejando fuera una parte importante de la historia. Antes de que sus efectos se manifiesten en la concentración o el estado de ánimo, algunos componentes de la bebida también interactúan con los billones de microorganismos que habitan nuestro intestino.
Una investigación de la Universidad de Cork, en Irlanda, acaba de aportar nuevas pistas sobre esa relación. Los científicos descubrieron que tanto el café convencional como el descafeinado pueden modificar el entorno microbiano intestinal y producir efectos diferentes sobre determinadas funciones cognitivas y emocionales. Los resultados apuntan a una conexión que va mucho más allá del conocido estímulo de la cafeína.
El experimento que encontró una conexión inesperada entre el café y el cerebro

El trabajo, publicado en Nature Communications en abril de 2026, reunió a 62 adultos sanos de entre 30 y 50 años. La mitad consumía habitualmente entre tres y cinco tazas de café al día, mientras que los otros 31 participantes no bebían café.
Los investigadores analizaron muestras de heces y orina, realizaron pruebas cognitivas y evaluaron indicadores relacionados con el estrés y el bienestar emocional. Posteriormente, los consumidores habituales abandonaron el café durante dos semanas y, después, retomaron su ingesta durante 21 días. Un grupo recibió café convencional y otro descafeinado, sin saber cuál estaba tomando.
Los resultados revelaron cambios en los perfiles metabólicos asociados con la microbiota intestinal. También encontraron diferencias en microorganismos como Eggertella y Cryptobacterium curtum, además de determinadas bacterias del grupo Firmicutes. Algunas de ellas están relacionadas con procesos metabólicos que podrían influir en la comunicación entre el intestino y el cerebro, aunque sus funciones específicas todavía necesitan investigarse.
Esta conexión se conoce como eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional que involucra señales nerviosas, inmunitarias y metabólicas. Según explicó la propia Universidad de Cork, los resultados sugieren que el café puede modificar tanto la actividad colectiva de los microorganismos intestinales como las sustancias que estos metabolizan.
El descafeinado escondía una sorpresa que los investigadores no esperaban

Uno de los hallazgos más interesantes apareció al comparar ambas versiones de la bebida. Los participantes que recibieron café descafeinado mostraron mejoras en determinadas pruebas de aprendizaje y memoria. En cambio, quienes consumieron café con cafeína presentaron beneficios relacionados con la vigilancia, la atención y una menor ansiedad percibida. En ambos grupos se observaron reducciones en las puntuaciones de estrés, síntomas depresivos e impulsividad. Esto no significa que el café sea un tratamiento para la depresión, sino que determinadas mediciones psicológicas cambiaron durante el experimento.
La posible explicación está en los polifenoles, compuestos vegetales presentes en el café que pueden interactuar con la microbiota y participar en diversas rutas metabólicas. Su presencia en ambas variantes de la bebida podría ayudar a explicar por qué algunos resultados no dependen exclusivamente de la cafeína. Para el neurocientífico John Cryan, uno de los responsables del estudio, el café debe entenderse como algo más complejo que una simple fuente de cafeína. En declaraciones difundidas por la universidad, destacó que sus componentes interactúan con los microorganismos intestinales, el metabolismo y el bienestar emocional.
El descubrimiento abre una puerta, pero todavía hay preguntas importantes
Los resultados son prometedores, aunque requieren cautela. El ensayo incluyó únicamente a 31 consumidores habituales en su fase de intervención, repartidos en dos grupos pequeños. Además, se desarrolló durante tres semanas de reintroducción, un período insuficiente para establecer beneficios cognitivos o psicológicos a largo plazo.
Tampoco permite demostrar que las modificaciones de la microbiota sean las responsables directas de las mejoras observadas. El trabajo identifica asociaciones y respuestas a la intervención, pero todavía quedan mecanismos por confirmar. Los propios autores reconocen limitaciones estadísticas y metodológicas que deberán abordarse en investigaciones más amplias.
Aun así, el estudio modifica una idea bastante extendida sobre esta bebida. El café podría influir en nuestro organismo por caminos que no pasan únicamente por la estimulación inmediata del sistema nervioso. Y parte de esa historia podría comenzar en un lugar inesperado: los microorganismos que habitan nuestro intestino.