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Ciencia

Noruega desentierra un cementerio vikingo con extraños círculos de piedra que esconden un enigma milenario

Durante siglos, los campos de una localidad noruega ocultaron un paisaje funerario extraordinario. Las excavaciones revelaron estructuras circulares, enormes piedras y señales de antiguos rituales que todavía desconciertan a los arqueólogos.
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A simple vista, eran terrenos agrícolas como tantos otros, trabajados durante generaciones sin que nadie sospechara lo que escondía el subsuelo. Sin embargo, bajo la tierra oscura de una zona rural de Noruega permanecían las huellas de un antiguo paisaje funerario, formado por túmulos, piedras gigantescas y estructuras circulares cuya disposición plantea preguntas difíciles de responder.

El descubrimiento se produjo cuando un proyecto para acondicionar los terrenos amenazó con alterar definitivamente los restos arqueológicos. Las excavaciones comenzaron entonces con una carrera contra el tiempo y sacaron a la luz un conjunto que había permanecido oculto durante siglos.

Lo más llamativo no es únicamente la cantidad de estructuras encontradas, sino una característica que se repite en varias de ellas: las enormes piedras parecen haber sido colocadas siguiendo una regla que los investigadores todavía no consiguen explicar por completo. ¿Qué significado tenían aquellos círculos y por qué sus constructores eligieron una disposición tan particular?

Un paisaje funerario que atravesó miles de años

El yacimiento se encuentra cerca de Borge, en la provincia noruega de Østfold, junto a Oldtidsveien, una antigua ruta que atraviesa una región rica en vestigios históricos. Allí se extiende Hunnfeltet, un complejo funerario que reúne testimonios de diferentes sociedades que ocuparon el territorio a lo largo de milenios.

En este lugar se han identificado enterramientos correspondientes al Neolítico, la Edad del Bronce, la primera época romana y la era vikinga. La variedad cronológica convierte al conjunto en una ventana excepcional para estudiar cómo cambiaron las prácticas funerarias y las costumbres de las comunidades que vivieron en la región.

Durante generaciones, sin embargo, las actividades agrícolas dificultaron la identificación de algunas estructuras. El arado alteró progresivamente la superficie y contribuyó a ocultar las señales que podían revelar la presencia de monumentos antiguos.

La situación cambió cuando se planteó drenar una parte del terreno para destinarla nuevamente al cultivo. Ante el riesgo de que las obras destruyeran evidencias históricas, el Museo de Historia Cultural de la Universidad de Oslo puso en marcha una excavación arqueológica.

Los trabajos permitieron identificar alrededor de un centenar de túmulos y numerosas estructuras circulares. Algunas todavía conservan piedras visibles, mientras que otras solo pueden reconocerse mediante las marcas que dejaron en el suelo.

El extraño patrón que se repite en los círculos de piedra

En el sector sur del yacimiento permanecen nueve círculos de piedra que llaman especialmente la atención. Sus dimensiones oscilan entre los diez y los veinte metros de diámetro, y están formados por grandes rocas que pueden pesar cientos de kilos.

Pero hay un detalle que convierte estas estructuras en algo más que simples agrupaciones de piedras: sus constructores parecen haber preferido los números impares. Los círculos presentan disposiciones de nueve, once, trece o quince piedras, un patrón que todavía no tiene una explicación definitiva.

Los investigadores sitúan la construcción de estas estructuras en un amplio periodo comprendido entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, hace aproximadamente entre 3500 y 1000 años, según las dataciones generales atribuidas al conjunto.

En el sector occidental, las excavaciones revelaron otra particularidad. Allí existen numerosos túmulos, pero no se observan círculos de piedra en la superficie. Aun así, el subsuelo conserva indicios de estructuras que pudieron desaparecer con el paso del tiempo.

La arqueóloga Anne Lene Melheim, profesora del Museo de Historia Cultural y especialista en estos paisajes funerarios, explicó que uno de los anillos presenta señales correspondientes a quince piedras que fueron retiradas.

Estas marcas son importantes porque permiten reconstruir estructuras que ya no existen físicamente. Los arqueólogos las interpretan como zanjas perimetrales o alteraciones del terreno que delimitaban antiguos círculos. Es posible que se excavaran para planificar una tumba o que se formaran por el tránsito repetido de personas alrededor de un espacio ceremonial.

Las piedras desaparecidas revelan cómo se construyeron las tumbas

Al principio, los investigadores consideraron que algunos de estos anillos podían ser túmulos funerarios, especialmente por su proximidad a enterramientos de época romana. En esa zona se habían encontrado tumbas con objetos que datan de hace entre 2000 y 1600 años.

Sin embargo, el análisis de las estructuras aportó indicios que apuntan en otra dirección. Algunos anillos presentan señales compatibles con piedras que estuvieron colocadas verticalmente, lo que sugiere que pudieron formar monumentos circulares hoy desaparecidos.

Jakob Jan Edvin Kile-Vesik, arqueólogo del museo y responsable de la excavación, considera que las evidencias permiten afirmar con bastante seguridad que hubo piedras erguidas en determinados puntos.

Junto a algunos anillos también aparecieron pequeños amontonamientos de rocas. Según los investigadores, podrían haber funcionado como bases para sostener las piedras de mayor tamaño.

La comparación con otros vestigios resulta especialmente útil. Kile-Vesik recordó que, dos años antes, había participado en el levantamiento de una piedra caída en el mismo campo y que su estructura era prácticamente idéntica a la observada en estos posibles cimientos.

Aunque estas semejanzas ayudan a reconstruir el aspecto original de los monumentos, todavía quedan preguntas sobre su diseño, su función y las técnicas empleadas para levantarlos.

¿Eran lugares de reunión o monumentos funerarios?

Una de las interpretaciones propuestas en el pasado relacionaba los círculos de piedra con los tingsteder, espacios donde las comunidades se reunían para resolver disputas, dictar sentencias y tomar decisiones colectivas.

La hipótesis resulta interesante porque estas estructuras pudieron servir como puntos de encuentro en sociedades donde las reuniones públicas tenían una importancia fundamental. Sin embargo, la concentración de tantos círculos en una misma zona y la presencia de posibles restos humanos en algunos de ellos hacen que esa explicación no resulte suficiente por sí sola.

Melheim considera que los círculos encajan mejor con la idea de monumentos funerarios, aunque la función exacta de cada estructura todavía debe investigarse.

Los registros de excavaciones anteriores tampoco resuelven completamente el misterio. Hace aproximadamente un siglo, el arqueólogo Helge Gjessing trabajó en parte del campo, pero no dejó constancia de túmulos en esta zona concreta. Sí registró huellas de fuego y grandes piedras, señales que ahora pueden adquirir un significado distinto a la luz de los nuevos hallazgos.

Además de los círculos, las excavaciones recientes han revelado fosas de cocina y restos de viviendas. Estas evidencias indican que el lugar no estuvo dedicado exclusivamente a los enterramientos, sino que también fue escenario de actividades cotidianas durante diferentes periodos.
Los arqueólogos han identificado, asimismo, varias estructuras que podrían corresponder a tumbas con restos humanos. No obstante, todavía no se han analizado, por lo que su naturaleza no está confirmada.

Por ahora, Hunnfeltet conserva más preguntas que respuestas. Los círculos de piedra, su disposición impar y las estructuras enterradas ofrecen nuevas pistas sobre las comunidades que habitaron la región, pero también recuerdan cuánto puede permanecer oculto bajo un paisaje aparentemente ordinario.

 

[Fuente: National Geographic]

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