Saltar al contenido
Ciencia

La guerra volvió imposible excavar el desierto de Sudán, así que los arqueólogos comenzaron a buscar desde el espacio. Encontraron 260 tumbas gigantes y los caminos de un pueblo anterior a las pirámides

Los satélites rastrearon casi 1.000 kilómetros de desierto y revelaron enormes cementerios, antiguos puntos de agua y senderos marcados por el ganado. Los muertos terminaron mostrando a los arqueólogos dónde habían vivido los vivos hace 5.000 años.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

La guerra civil de Sudán convirtió buena parte del trabajo arqueológico sobre el terreno en una misión demasiado peligrosa. Sin poder recorrer el desierto oriental, un equipo internacional trasladó la excavación a una pantalla: dividió el Atbai en cuadrículas y pasó meses examinando imágenes de Google Earth y Bing.

Lo que comenzó como una solución forzada terminó revelando algo mucho mayor. A lo largo de casi 1.000 kilómetros, entre el Nilo y el mar Rojo, aparecieron enormes círculos de piedra. No eran corrales ni asentamientos, sino monumentos funerarios construidos por comunidades de pastores antes de que aquel paisaje se convirtiera en el desierto actual.

El desierto comenzó a llenarse de círculos

La guerra volvió imposible excavar el desierto de Sudán, así que los arqueólogos comenzaron a buscar desde el espacio. Encontraron 260 tumbas gigantes y los caminos de un pueblo anterior a las pirámides
© Cooper, et al., cortesía de Google Images.

El estudio publicado en African Archaeological Review contabilizó 280 estructuras, de las que únicamente 20 habían sido registradas anteriormente. Las otras 260 aparecieron gracias a la teledetección. Los investigadores las denominaron Atbai Enclosure Burials: recintos funerarios circulares u ovalados, rodeados por muros y con diámetros de entre cinco y 82 metros.

No forman un único cementerio. Están repartidos desde el Alto Egipto hasta las proximidades de Eritrea. Y el recuento probablemente sea conservador: el rastreo no cubrió todo el desierto y otras estructuras pueden haber sido enterradas por inundaciones, destruidas por la erosión o eliminadas por la minería.

Hasta septiembre de 2024, el Atbai Survey Project había cartografiado más de 90.000 elementos regionales, incluidos campamentos, minas, cementerios y daños modernos. Dentro de aquel océano de datos, los círculos revelaron una tradición arquitectónica compartida que nadie había observado a esta escala.

Enterraban a las personas junto a su mayor riqueza

La guerra volvió imposible excavar el desierto de Sudán, así que los arqueólogos comenzaron a buscar desde el espacio. Encontraron 260 tumbas gigantes y los caminos de un pueblo anterior a las pirámides
© Cooper, et al., cortesía del Museo Castiglioni.

Los satélites permiten ver la forma, pero no lo que permanece bajo las piedras. Esa información procede de los pocos recintos excavados antes de la guerra. En Wadi Khashab, una estructura de 18 metros contenía más de 25 enterramientos. Una persona ocupaba el centro, rodeada por restos de otros humanos, un niño, vacas y ovejas.

Los tres monumentos del desierto excavados hasta ahora contenían ganado, aunque los arqueólogos advierten que no puede extrapolarse esa característica a los 280. Aun así, la disposición de algunas tumbas sugiere cierta desigualdad: la figura central pudo ser un líder, un antepasado importante o una autoridad religiosa.

Construir aquellos recintos exigía organización. Los cálculos de los investigadores estiman que levantar uno de sus muros habría requerido 161 jornadas de ocho horas para una persona. Con 50 trabajadores podía completarse en poco más de tres días, pero eso implicaba apartar a buena parte de una pequeña comunidad de sus rebaños y tareas de supervivencia.

Las tumbas mostraron dónde vivían los vivos

El descubrimiento más fascinante no está dentro de los círculos, sino a su alrededor. Las imágenes revelaron caminos grabados en la roca por el paso repetido de personas y animales. El pisoteo desplazó las piedras grandes y dejó líneas de sedimento claro que todavía pueden seguirse desde el espacio.

Esas huellas conectan los monumentos con antiguos pastos, pozos y cauces estacionales. La investigación calcula que las tumbas estaban, de media, a unos 196 metros de un wadi. Su ubicación permite reconstruir un paisaje que hace entre 6.500 y 4.500 años tenía más vegetación y agua.

Cuando terminó el Período Húmedo Africano, las lluvias retrocedieron y mantener grandes rebaños de vacas se volvió cada vez más difícil. Las comunidades tuvieron que desplazarse, adoptar ovejas y cabras o buscar refugio cerca del Nilo. Sus hogares móviles no dejaron ciudades, pero sus muertos y los caminos del ganado permanecieron inscritos en el desierto.

Todavía falta excavar la mayoría de los monumentos y establecer fechas precisas. El conflicto lo impide y la minería de oro ya ha dañado al menos una docena. La ironía es brutal: unas construcciones que resistieron alrededor de 5.000 años pueden desaparecer ahora en pocos días. Los satélites las encontraron justo cuando comenzaban a quedarse sin tiempo.

Compartir esta historia

Artículos relacionados