El volcán Etna volvió a erupcionar y recordó lo impredecibles que pueden ser estos gigantes de la naturaleza. Sin embargo, un nuevo estudio interdisciplinario plantea una forma inesperada de anticipar su comportamiento: observando el enverdecimiento de los árboles. ¿Podrían las plantas darnos una advertencia silenciosa antes de una catástrofe volcánica? La ciencia parece estar cada vez más convencida de que sí.
Árboles que alertan desde el espacio

Investigadores de la NASA y del Instituto Smithsonian han detectado un patrón interesante: antes de que un volcán entre en erupción, el dióxido de carbono liberado por el magma puede ser absorbido por los árboles cercanos, que responden volviéndose más verdes. Este fenómeno, imperceptible para el ojo humano, puede observarse desde el espacio mediante el satélite Landsat 8 y otros instrumentos del programa AVUELO.
A diferencia del azufre, más fácil de rastrear, el CO₂ es difícil de medir directamente. Por eso, utilizar el verdor de la vegetación como indicador indirecto representa un avance crucial, sobre todo en volcanes ubicados en zonas remotas o de difícil acceso. “Observar estos cambios nos da una idea de lo que ocurre debajo del volcán sin tener que acercarnos”, afirma la NASA.
Aplicaciones reales y desafíos técnicos
Robert Bogue, vulcanólogo de la Universidad McGill, explica que esta técnica busca identificar algo medible que anticipe la actividad volcánica. El climatólogo Josh Fisher, de la Universidad Chapman, ya realiza pruebas en árboles cercanos a volcanes en Panamá y Costa Rica para validar este método, combinando ecología y geología en un enfoque innovador.
Sin embargo, no todos los volcanes están rodeados de vegetación densa, y los árboles pueden reaccionar de forma distinta al dióxido de carbono según la especie. Aun así, este tipo de señales naturales podría marcar la diferencia en zonas donde millones de personas viven cerca de volcanes activos. Según la Revista de Vulcanología Aplicada, una de cada diez personas en el planeta habita en áreas potencialmente afectadas.
Detectar estos cambios con anticipación no evitará una erupción, pero podría salvar muchas vidas.