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Ciencia

Una huella blanca en el Sáhara desconcierta a la NASA y revela un pasado que pocos imaginaban

Una fotografía tomada desde la Estación Espacial Internacional ha revelado un inesperado vestigio en pleno corazón del Sáhara. Lo que parecía nieve en un volcán africano es, en realidad, la prueba silenciosa de un paisaje fértil y acuático que existió hace miles de años.
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El desierto del Sáhara, hoy sinónimo de sequía y arenas infinitas, no siempre fue así. Una imagen reciente captada por astronautas ha vuelto a encender el debate científico sobre su pasado más húmedo. La protagonista es una misteriosa “mancha blanca” en lo alto de un volcán que, lejos de ser nieve, guarda un secreto geológico que se remonta a más de cinco milenios.

El volcán Emi Koussi y su mancha blanca visible desde el espacio

En diciembre de 2024, los astronautas de la Expedición 72 de la Estación Espacial Internacional tomaron una imagen del volcán Emi Koussi, en Chad, con una cámara Nikon Z9. La foto reveló una enigmática superficie blanca en el cráter del volcán más alto del Sáhara. Aunque a simple vista podía parecer nieve —debido a su altitud de 3.415 metros—, la NASA confirmó que se trata de un depósito de sal: los restos de un lago que existió hace milenios.

La formación blanca ocupa el fondo de la caldera, que se encuentra unos 745 metros por debajo de la cumbre. Esta sal quedó incrustada allí cuando el agua desapareció, dejando una marca que hoy destaca sobre la roca volcánica oscura. Más allá del efecto visual, lo interesante es lo que revela esta imagen sobre el pasado climático del desierto: las erosiones visibles en las laderas del volcán indican que, en algún momento, el agua moldeó este terreno con fuerza y constancia.

Rastros de un ecosistema perdido bajo las dunas del presente

La imagen, etiquetada como ISS072-E-423041, forma parte del programa del Centro Espacial Johnson para estudiar la transformación geológica del planeta. Lo más llamativo no es solo el volcán, sino lo que lo rodea: canales erosionados, conos volcánicos alineados y depresiones que albergaron cañones profundos. Estas formaciones demuestran que hace unos 5.000 años, el Sáhara era un ecosistema radicalmente distinto.

Las investigaciones señalan que, entre Emi Koussi y el Tarso Ahon, existía una red fluvial compleja capaz de canalizar agua en distintas direcciones. Las huellas geológicas revelan que el paisaje no fue siempre un desierto árido, sino una región donde llovía, había vegetación y los lagos eran comunes. La NASA concluye que estos restos son una evidencia sólida de que el “Sáhara verde” existió y dejó marcas visibles incluso desde el espacio.

Fuente: El Confidencial.

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