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Ciencia

La comida chatarra nos está llenando el cerebro de microplásticos, aumentando los riesgos para nuestra salud mental

Los microplásticos podrían tener un rol oculto en la relación entre los alimentos ultra procesados y algunos trastornos neurológicos, según nuevos estudios.
Por Ellyn Lapointe Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Los científicos han hallado una alarmante cantidad de microplásticos en virtualmente todo tipo de cosas, desde las tortugas marinas hasta los testículos. Sin embargo, encontrar la cantidad equivalente a una cucharada de estas perniciosas partículas dentro de cerebros humanos puede ser la peor de todas.

Este reciente hallazgo hizo que los científicos investigaran en mayor profundidad las consecuencias que tiene la acumulación de plástico en el cerebro. Según un nuevo estudio de revisión que se publicó hoy en Brain Medicine, los microplásticos podrían ser el eslabón perdido en la relación entre los alimentos ultra procesados y algunos trastornos neurológicos como la depresión y el deterioro cognitivo.

“Estamos viendo evidencia convergente que debe preocuparnos a todos”, dijo el autor principal Nicholas Fabiano, residente de psiquiatría en la Universidad de Ottawa, en declaraciones.

“Los alimentos ultra procesados ahora comprenden más del 50% de la ingesta de energía en países como EE.UU., y estos alimentos contienen concentraciones significativamente más elevadas de microplásticos si se los compara con alimentos no procesados”, añadió.

De hecho, hay muchos estudios que sugieren que cuanto más procesado es el alimento, más probable es que contenga partículas de plástico. Por ejemplo, en un estudio encontraron que los Nuggets de pollo contienen 30 veces más microplásticos por gramo que las pechugas de pollo. Eso podría deberse a la creciente cantidad de plástico a la que se exponen los alimentos ultra procesados durante su procesamiento y empaque, según el Food Processing Forum. Foro de procesamiento de alimentos.

Otros estudios recientes han mostrado que los microplásticos pueden pasar la barrera hematoencefálica, una capa protectora de células que rodean al cerebro e impiden que entren sustancias dañinas, en tanto que mantiene dentro a las sustancias benéficas. Los autores del estudio cerebro-cucharada, liderados por Alexander Nihart, Marcus García y Eliane el Hayek de la Universidad de Nueva México, creen que los microplásticos logran pasar la barrera hematoencefálica al montarse en moléculas de grasa.

Cuando esas partículas ingresan al cerebro, inducen al estrés oxidativo que daña las células y aumenta el riesgo de que haya trastornos neurológicos, indica el estudio de Fabiano. Él y sus colegas señalan que los microplásticos parecen tener un impacto particular en los neurotransmisores que tienen un rol en los trastornos neuropsiquiátricos como la depresión y el deterioro cognitivo. Es una afirmación importante y audaz, que habrá que verificar con más investigación.

Trastornos relacionados

Lo interesante es que esos efectos dañinos son muy similares a los que inducen los alimentos ultra procesados, según los investigadores. Un trabajo anterior halló que quienes consumen estos alimentos tenían un riesgo mucho más alto de contraer depresión, ansiedad, o insomnio y mala calidad del sueño. Varios estudios vincularon este tipo de dieta a un riesgo aumentado de sufrir deterioro cognitivo. Como resultado, Fabiano y sus colegas sugieren que los microplásticos podrían ser un impulsor oculto de los desórdenes neurológicos relacionados con el consumo de alimentos ultra procesados.

“Es una hipótesis particularmente convincente porque vemos que hay notable superposición de mecanismos biológicos”, dijo el coautor Wolfgang Marx, principal investigador de la Universidad Deakin de Australia, en su declaración. “Los alimentos ultra procesados se han vinculado con la salud mental adversa a través de la inflamación, el estrés oxidativo, la epigenética, la disfunción mitocondrial, y las disrupciones en los sistemas neurotransmisores. Los microplásticos parecen operar a través de caminos notablemente similares”, añadió.

Esas son las malas noticias. Pero hay una buena: un estudio complementario que también se publicó hoy en Brain Medicine brinda la “primera evidencia” que sugiere que una técnica médica bien conocida que se llama aféresis extracorpórea, podría eliminar los microplásticos del cuerpo.

El procedimiento implica extraer la sangre del paciente y hacerla pasar por una máquina que la separa en plasma y glóbulos de sangre. Luego se filtra el plasma para eliminar las sustancias indeseadas (como los microplásticos) y se le vuelven a dar el plasma y los glóbulos sanguíneos al paciente.

Es una técnica relativamente simple que se usa en todo el mundo para determinados tipos de donación de sangre, para propósitos terapéuticos, recolección de células madre, y más. En pruebas con 21 pacientes al menos dos sesiones de aféresis extracorpórea con doble filtración lograron eliminar los microplásticos de la sangre, según el trabajo de investigación.

“Aunque necesitamos reducir nuestra exposición a los microplásticos con buenas decisiones respecto de los alimentos que ingerimos, también necesitamos investigar cómo eliminar estas partículas del cuerpo humano”, dijo el autor principal Stefan Bornstein, profesor de medicina cardiovascular y metabólica en el King’s College de Londres.

“Nuestros hallazgos iniciales sugieren que la aféresis podría ofrecer un camino posible para eliminar los microplásticos, pero hace falta mucho más trabajo de investigación”, agregó.

Parece que a medida que la crisis global del plástico causa más y más problemas cada día, explorar formas en que podemos proteger el cuerpo de los microplásticos podría ser un modo de liberar nuestra mente – literalmente.

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