Un perro duerme en el sofá, espera junto a su plato o insiste en conseguir un poco de nuestra comida. Cuesta relacionar esa escena con la vida de un lobo salvaje. Sin embargo, entre ambos existe una historia evolutiva cuyo comienzo sigue generando debate: ¿fuimos nosotros quienes iniciamos el acercamiento o fueron algunos lobos los que encontraron una ventaja en vivir cerca de nuestros antepasados?
Una de las hipótesis propone que todo empezó con los restos de comida. Los ejemplares más tolerantes hacia las personas habrían podido aproximarse a los asentamientos prehistóricos y aprovechar una fuente de alimento relativamente accesible.
Un estudio publicado en 2025 aporta respaldo a esa posibilidad mediante simulaciones computacionales. Sus resultados no demuestran que la domesticación ocurriera exactamente así, pero cuestionan una de las principales objeciones contra esta explicación: que no hubiera tiempo suficiente para que sucediera.

Las sobras que pudieron favorecer a los lobos menos temerosos
La noticia original distingue dos grandes etapas en la domesticación: una primera situada aproximadamente entre hace 30.000 y 15.000 años, y otra que se extiende desde entonces hasta la época moderna. En la más reciente, los humanos probablemente seleccionaron y criaron animales más dóciles, dentro de una larga historia de perros moldeados por las necesidades humanas.
Lo ocurrido durante la etapa inicial resulta más difícil de reconstruir. La hipótesis de la autodomesticación plantea que ciertos lobos obtuvieron una ventaja al tolerar mejor nuestra presencia.
No significa que decidieran convertirse en animales de compañía. La explicación se basa en la selección natural: los individuos menos agresivos o temerosos podían acercarse a los asentamientos y alimentarse de sus desechos. Frente a unos recursos silvestres fluctuantes, esos restos ofrecían una alternativa relativamente fácil y constante.
Con el paso de las generaciones, esa ventaja podría haber favorecido a los animales más dispuestos a permanecer cerca de las personas. El posible papel de la comida humana como presión evolutiva sobre animales salvajes ayuda a entender la lógica de la propuesta.
De ese grupo de lobos asociados a los entornos humanos habrían surgido los primeros perros primitivos. La discusión está en si un proceso de esas características podía desarrollarse dentro del tiempo disponible.
Una simulación puso a prueba la principal objeción
El trabajo se publicó el 12 de febrero de 2025 en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences. El equipo, que incluyó investigadores de la Universidad de Valparaíso, en Indiana, utilizó modelos matemáticos para examinar la llamada objeción por restricción de tiempo.
El argumento sostiene que la selección natural, sin una intervención humana dirigida, no habría transformado a los lobos con suficiente rapidez. Para comprobarlo, los investigadores simularon la evolución de un rasgo concreto: la tolerancia hacia las personas.
La elección permitía estudiar el acercamiento inicial sin intentar reproducir toda la complejidad de la evolución de los lobos bajo la influencia humana. Además, los animales simulados podían elegir libremente a sus parejas: un ejemplar dócil todavía tenía la posibilidad de reproducirse con otro menos tolerante.
Los resultados indicaron que la autodomesticación podía producirse dentro del intervalo de 15.000 años considerado para aquella primera etapa. Por tanto, la hipótesis no podía descartarse únicamente por falta de tiempo.
Para que funcionara, debían cumplirse determinadas condiciones. Los lobos tenían que establecerse cerca de los asentamientos y reproducirse con otros individuos relativamente dóciles. Bajo esas circunstancias, el modelo permitía una transformación gradual hacia los primeros perros, cuyos descendientes todavía conservan comportamientos relacionados con su pasado como lobos.
Lo que el modelo permite y lo que todavía no demuestra
Los investigadores subrayaron una diferencia fundamental: demostrar que un proceso es posible no equivale a demostrar que ocurrió de esa manera. Una simulación depende de sus supuestos y no reproduce necesariamente todos los detalles de la realidad.
Además, el trabajo deja abiertas otras objeciones. No determina si los humanos prehistóricos generaban suficientes restos de comida para mantener a aquellos lobos, ni si habrían tolerado su presencia cerca de los asentamientos.
También existe una explicación alternativa: la adopción de cachorros. Según esta hipótesis, las personas recogieron crías de lobo y las socializaron dentro de sus comunidades. Los animales que no lograban adaptarse probablemente eran sacrificados, mientras que los más tolerantes permanecían con el grupo.
La pregunta conecta con el interés por comprender cómo se forman los vínculos entre animales de especies diferentes, aunque el estudio no resuelve cuál de esas explicaciones describe mejor el origen del perro.
Su aporte es más concreto: el tiempo disponible no basta para descartar la autodomesticación. La posibilidad de que nuestra historia compartida comenzara alrededor de unas sobras sigue abierta.