El océano Pacífico está experimentando una transformación que los satélites de la NASA han conseguido registrar con un nivel de detalle extraordinario.
Durante 2026, los investigadores detectaron tres señales que permiten observar la evolución del fenómeno climático de El Niño: un calentamiento anormal de las aguas superficiales, una elevación del nivel del mar en determinadas regiones y cambios en el color del océano relacionados con la presencia de organismos microscópicos.
La agencia espacial estadounidense presentó el 15 de octubre una serie de mapas comparativos que muestran cómo evolucionaron estas condiciones respecto de 2025.
Los resultados permiten comprender mejor un fenómeno capaz de modificar las precipitaciones, las temperaturas y los ecosistemas marinos en distintas partes del planeta.
La primera señal: el océano Pacífico está más caliente de lo habitual
El Niño es un fenómeno climático natural que ocurre aproximadamente cada dos a siete años y se caracteriza por un calentamiento anormal de sectores del océano Pacífico ecuatorial.
Durante 2026, los satélites detectaron una extensa franja de aguas cálidas que se expandió por el Pacífico central y oriental hasta las costas de Sudamérica.
Este calentamiento está relacionado con alteraciones en los vientos alisios, que normalmente desplazan las aguas superficiales hacia el oeste. Cuando estos vientos se debilitan, el agua cálida puede extenderse hacia el este y modificar la circulación atmosférica.
Según la NASA, las observaciones muestran un patrón característico de El Niño que podría influir en las lluvias y las temperaturas de numerosas regiones.
Scientists are warning that a potential Super El Niño could strike later this year and some fear it may become the most dangerous one seen since the 1800s
NOAA now says there’s a 65% chance El Niño conditions turn strong or very strong between October 2026 and February 2027… pic.twitter.com/sXNq0c8Wd5
— Surajit (@surajit_ghosh2) May 18, 2026
La segunda señal: el nivel del mar aumentó en algunas zonas
El calentamiento del océano produce otro efecto importante: el agua se expande cuando aumenta su temperatura. Esta expansión puede elevar la superficie marina, incluso sin que se incorpore agua adicional procedente del derretimiento de los glaciares.
Gracias a los instrumentos de radar del satélite Sentinel-6, los científicos detectaron regiones del Pacífico con alturas del mar superiores a las habituales. Los investigadores también observaron ondas de Kelvin, grandes desplazamientos de agua cálida que transportan energía desde el Pacífico occidental hacia el oriental.
Estos movimientos constituyen una señal importante para comprender la evolución de El Niño y anticipar posibles cambios en la circulación oceánica.
La tercera señal: el océano está cambiando de color
Uno de los descubrimientos más llamativos procede del satélite PACE, diseñado para estudiar el color del océano y sus ecosistemas.
Sus instrumentos identificaron que determinadas regiones del Pacífico ecuatorial adquirieron tonalidades más azules durante 2026.
Este cambio está relacionado con una posible disminución del fitoplancton, formado por organismos microscópicos que realizan fotosíntesis y constituyen la base de numerosas cadenas alimentarias marinas. Durante El Niño, el ascenso de aguas profundas ricas en nutrientes puede debilitarse, reduciendo los recursos disponibles para estos microorganismos.
Como consecuencia, la disminución del fitoplancton puede modificar el color del agua y afectar las redes alimentarias del océano.
Qué puede ocurrir con El Niño durante los próximos meses
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó el establecimiento de El Niño en junio de 2026.
Desde entonces, las observaciones indican que el fenómeno continúa intensificándose.
La NASA advierte que sus consecuencias pueden incluir modificaciones en las precipitaciones, períodos de sequía e inundaciones en diferentes regiones del planeta. Sin embargo, los efectos específicos dependerán de numerosos factores atmosféricos y no pueden determinarse únicamente mediante las temperaturas oceánicas.
La combinación de información sobre calor, altura del mar y color del agua ofrece una herramienta fundamental para seguir su evolución. Los nuevos mapas demuestran que El Niño no solamente altera el clima: también modifica físicamente el océano y los ecosistemas que dependen de él.