Investigadores que trabajan en Alaska han encontrado objetos poco comunes que vinculan a comunidades prehistóricas de ambos lados del antiguo puente terrestre de Bering. La conexión se remonta a una época más temprana de lo que se pensaba y abre nuevas preguntas sobre la historia de los primeros pobladores de América.
En un estudio publicado el miércoles en la revista Science Advances, el equipo describe una extraordinaria cantidad de material arqueológico recuperado durante más de una década en Shég’ Xdaltth’í’, un yacimiento de 13.800 años situado en el interior de Alaska. Entre los hallazgos destacan unas puntas de proyectil con forma de rombo que, hasta ahora, solo se habían encontrado en otros dos sitios arqueológicos al otro lado del estrecho de Bering, en Rusia.
Su presencia apunta a un vínculo entre comunidades que habitaron aquella conexión terrestre, hoy desaparecida bajo el agua. Además, los descubrimientos sugieren que Alaska podría conservar evidencias de una ocupación humana todavía más antigua, a la espera de ser localizadas.
Un campamento para la vida de toda una comunidad
El estudio es fruto de más de diez años de trabajo, un tiempo necesario para analizar la enorme cantidad de restos que iban apareciendo.
«Hay tantísimas cosas», contó a Gizmodo Kelly Graf, antropóloga de la Universidad de Kansas. «En cuanto comprendimos lo extraordinario que era, durante los primeros años, quisimos publicar un artículo. Pero nos dijimos: “No, tenemos que hacerlo bien”».
Shég’ Xdaltth’í’ se encuentra cerca de Fairbanks, y una de sus principales particularidades es el uso que le dieron sus antiguos habitantes. Muchos yacimientos de Alaska de la misma época corresponden a campamentos ocupados brevemente para actividades específicas, como la caza. Por eso, los arqueólogos buscaban un asentamiento que hubiera funcionado como base para una comunidad más numerosa, con señales de distintas tareas cotidianas y una ocupación más prolongada.
Este lugar parece responder a esa descripción. Aunque los investigadores identificaron varias capas arqueológicas, la que corresponde al campamento base es la más antigua: tiene unos 13.800 años, y algunos materiales podrían alcanzar los 14.000.

La abundancia y diversidad de los restos resultaron excepcionales. En una superficie de apenas un metro cuadrado, el equipo encontró miles de objetos. Aparecieron herramientas, huesos de diferentes animales y estructuras que parecen corresponder a una fosa y un hogar para encender fuego dentro de una vivienda.
Entre las herramientas había un yunque, piedras utilizadas como martillos y las mencionadas puntas de proyectil romboidales. Esta última forma no se había documentado en ningún otro yacimiento de Alaska, pero sí en dos asentamientos de la misma época ubicados en la actual Rusia, al otro lado del antiguo puente terrestre.
Una mirada hacia el oeste, como la de Sauron
Durante la última glaciación, el nivel del mar era lo bastante bajo como para que Siberia y el extremo noroccidental de América del Norte estuvieran unidos por el puente terrestre de Bering, una región actualmente sumergida. Aunque su nombre puede hacer pensar en una especie de carretera entre continentes, en realidad era una extensión de tierra como cualquier otra.
Durante mucho tiempo, los científicos consideraron que los primeros pobladores de América del Norte habían llegado desde la actual Rusia atravesando ese territorio. Sin embargo, la teoría de la ruta costera, hoy ampliamente extendida, plantea una llegada considerablemente anterior mediante embarcaciones. El debate sobre cuándo llegaron los primeros humanos a América sigue abierto.
En cualquier caso, Graf explica que las puntas romboidales de Shég’ Xdaltth’í’ reflejan lo que ocurría en el lado occidental del puente terrestre. Esa semejanza lleva al equipo a plantear la posibilidad de una identidad cultural compartida.
Los fragmentos de obsidiana y riolita recuperados en el campamento también parecen proceder de zonas situadas al oeste del yacimiento.
«Es como Sauron. Tienen el ojo mirando hacia el oeste, ¿sabes? […] Sus recursos, al menos las piedras que buscan, están al oeste; el estilo de las puntas de proyectil también apunta al oeste. Es interesante», comentó la antropóloga, en referencia al personaje de El señor de los anillos.
Si ya conocían el territorio, ¿quiénes llegaron antes?
Los restos también sugieren que los habitantes del campamento estaban familiarizados con la región. Por ejemplo, obtenían piedra de lugares lejanos hacia el oeste y parecían organizar su estancia en función de las migraciones animales.
Según Graf, un grupo recién llegado habría dependido más de los recursos disponibles en sus inmediaciones. La elección de materiales y el aprovechamiento del entorno apuntan, en cambio, a personas que ya sabían cómo desenvolverse allí.
La pregunta resulta inevitable: si quienes ocuparon uno de los yacimientos más antiguos de Alaska no eran recién llegados a Beringia oriental, ¿quiénes los precedieron? Es una incógnita que conecta con la búsqueda de las primeras rutas humanas por el continente americano.
«Esto sugiere que tuvo que haber personas allí mucho antes», concluyó Graf. «Solo tenemos que encontrarlas».