La vida de Marius Borg Høiby, hijo de Mette-Marit, futura reina de Noruega, se ha convertido en un foco de atención mediática tras su detención el 4 de agosto. Acusado de violar a su novia, su caso ha destapado episodios de violencia, trastornos psicológicos y un historial de adicción a las drogas. La polémica crece con declaraciones de otras exparejas que afirman haber sufrido abusos.
Este joven de 27 años, conocido por su estilo desenfadado y ajeno a los deberes oficiales de la realeza, enfrenta varias investigaciones, incluyendo amenazas de muerte y violación, lo que lo llevó a una breve detención preventiva en noviembre, un hecho inédito para un miembro de la familia real.

Un año turbulento para la monarquía
El caso de Marius no es el único problema para la familia real. La boda de la princesa Märtha Louise con el chamán estadounidense Durek Verrett en agosto fue otro golpe a la imagen de la monarquía. Las controvertidas prácticas del esposo, como la venta de medallones «milagrosos», han sido calificadas de charlatanería.
A estos escándalos se suman los problemas de salud del rey Harald, de 87 años, quien ha tenido que reducir sus actividades oficiales. Esto ha generado incertidumbre sobre el futuro de la monarquía, en un contexto donde el apoyo popular ha caído del 81% en 2017 al 62% en 2024.

¿Amenaza para la monarquía?
Aunque los escándalos han afectado a figuras periféricas de la familia real, el príncipe heredero Haakon y su esposa Mette-Marit conservan su popularidad. Según los expertos, la monarquía noruega sobrevivirá mientras los problemas no dañen directamente a sus principales representantes.
«La República no es una amenaza inmediata», asegura el biógrafo Tor Bomann-Larsen. Sin embargo, este año difícil deja en evidencia que incluso las instituciones más sólidas pueden tambalearse ante crisis internas.