Los Apeninos, la cadena montañosa que recorre unos 1.200 kilómetros a lo largo de la península itálica, vienen desconcertando a los geólogos desde hace tiempo. En su borde exterior, hacia el mar Adriático, la corteza terrestre se sigue comprimiendo, como corresponde a una cordillera formada por el choque de placas tectónicas. Pero más atrás, hacia el mar Tirreno, esa misma corteza se está estirando. Zonas del terreno suben mientras otras bajan, y los terremotos registrados a cada lado de la cadena cuentan historias de tensión opuestas: compresión de un lado, extensión del otro.
La respuesta: un cierre relámpago geológico

Un equipo de geólogos liderado por Stefano Tavani, de la Universidad de Florencia, cree haber encontrado la explicación: la corteza terrestre se está «abriendo como un cierre relámpago» bajo Italia, según describieron en un estudio publicado en la revista Communications Earth & Environment. El mecanismo detrás de esa imagen se llama delaminación: la corteza inferior, más densa, se despega de la corteza superior junto con la porción de manto litosférico adherida a ella, y se hunde hacia capas más profundas del planeta.
Lo que hace especial al caso de los Apeninos es que ese proceso no ocurre de manera uniforme en toda la cadena al mismo tiempo, sino que avanza a través de un frente único, una especie de bisagra, que se va desplazando lentamente por debajo de Italia en dirección al margen adriático, de manera muy similar a como avanza el cursor de un cierre relámpago al abrirse.
Cómo lo descubrieron

Para reconstruir el fenómeno, los investigadores combinaron décadas de registros sísmicos y mediciones GPS con observaciones satelitales de radar y mapas del Moho, el límite que separa la corteza terrestre del manto. Encontraron que, a lo largo de más de 500 kilómetros de la cadena, el Moho correspondiente al lado tirreno se superpone con el Moho del lado adriático, una corteza duplicada que interpretan como la zona exacta donde la capa inferior se está despegando.
Los terremotos reforzaron esa lectura: detrás y por encima del frente de despegue, los mecanismos sísmicos indican mayormente que la corteza se está separando; por delante, indican compresión. Las mediciones satelitales GPS mostraron un patrón coherente con esa idea, con una extensión de unos 4 milímetros por año a lo largo de la cadena montañosa, parcialmente compensada por unos 2 milímetros anuales de contracción hacia su borde exterior, un comportamiento que los propios autores describen como una deformación de acordeón.
Por qué antes no alcanzaba con la explicación clásica
Durante mucho tiempo, este tipo de deformación contradictoria se explicó a través del retroceso de la placa (slab rollback): a medida que la placa que se hunde bajo los Apeninos retrocedía, la corteza situada detrás del frente montañoso se estiraba, mientras la compresión continuaba más al este. Entre hace unos 10 y 2 millones de años, unos 100 kilómetros de acortamiento en los Apeninos centrales coincidieron con una extensión similar en la región del Tirreno.
El problema es que, hace aproximadamente 2 millones de años, la fase principal de extensión que abrió el mar Tirreno se detuvo, y el acortamiento a lo largo del frente apenínico se desaceleró de forma marcada. La deformación contradictoria de la cordillera, sin embargo, continuó, lo que indicaba que otro mecanismo distinto debía estar actuando. La delaminación en curso, según el nuevo estudio, funciona como ese motor interno adicional: por delante de la bisagra migrante, la corteza inferior sigue pegada a la placa que se hunde y es arrastrada hacia abajo; a medida que la bisagra avanza y esas capas se despegan, ese peso se libera y la corteza restante puede rebotar hacia arriba, generando la extensión que se observa detrás del frente.
Qué significa este hallazgo
Los propios autores son cautos: el modelo es deliberadamente simplificado y todavía quedan preguntas abiertas sobre la estructura exacta de la placa bajo los Apeninos. Pero el hallazgo ofrece algo poco habitual en geología, según describieron los investigadores: un registro empírico, respaldado por mediciones geodésicas, de una bisagra de delaminación migrando lateralmente en tiempo real, algo que rara vez se logra documentar con este nivel de detalle mientras el proceso todavía está en marcha. Vale aclarar que se trata de una deformación extremadamente lenta, medida en milímetros por año: no hay ningún indicio de que Italia vaya a partirse de forma repentina.