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Ciencia

Científicos observan como nunca antes el momento en que el fondo del océano se abre y crea nueva corteza terrestre

Una red de instrumentos instalada en el océano Índico registró en tiempo real un episodio de expansión del fondo marino. El terreno se hundió unos cuatro metros, las placas se separaron más de un metro y alrededor de 160 millones de metros cúbicos de lava emergieron durante los días siguientes.
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Gran parte de la superficie de nuestro planeta nació mediante un proceso que ocurre casi completamente oculto bajo los océanos. Allí, en las dorsales oceánicas, las placas tectónicas se separan lentamente mientras el magma asciende desde el interior de la Tierra, se enfría y termina formando nueva corteza oceánica.

Los científicos conocen este mecanismo desde hace décadas, pero observar uno de estos episodios mientras sucede es extraordinariamente difícil. Ahora, un equipo internacional consiguió registrar con un nivel de detalle excepcional cómo una sección del fondo del océano Índico se abrió, se deformó y recibió enormes cantidades de magma.

El episodio comenzó el 26 de abril de 2024 en la dorsal del Sureste Índico, cerca de los 37 grados de latitud sur y no muy lejos de la isla de Ámsterdam. Casualmente, apenas dos meses antes los investigadores habían instalado una red de instrumentos directamente sobre la zona. Los resultados fueron publicados en julio de 2026 en Nature.

Científicos observan como nunca antes el momento en que el fondo del océano se abre y crea nueva corteza terrestre
© StudyIQ UPSC CSE – Youtube.

El fondo marino descendió cuatro metros

Los instrumentos comenzaron a detectar un intenso enjambre sísmico que avanzaba rápidamente a lo largo del valle situado en el eje de la dorsal.

Las mediciones mostraron que el fondo oceánico descendió aproximadamente cuatro metros y que ambos lados del valle se separaron horizontalmente más de un metro. Los investigadores interpretan estos movimientos como consecuencia del vaciamiento parcial de un depósito de magma situado bajo la corteza. El magma habría comenzado a introducirse en fracturas verticales conocidas como diques, propagándose a lo largo de la dorsal hasta alcanzar finalmente el lecho marino.

El movimiento fue extremadamente rápido al principio. Según los datos del estudio, el desplazamiento vertical llegó a alcanzar unos cinco centímetros por minuto inmediatamente después del episodio sísmico principal. Una semana después, la velocidad había descendido hasta alrededor de 1,2 centímetros por día.

Pero el proceso estaba lejos de haber terminado.

Durante aproximadamente 16 días, los investigadores estiman que unos 160 millones de metros cúbicos de lava fueron expulsados sobre el fondo del océano. Al entrar en contacto con el agua extremadamente fría, el material comenzó a enfriarse y solidificarse, creando nueva corteza.

Una oportunidad extraordinariamente rara

La importancia del descubrimiento reside en la cantidad de información obtenida simultáneamente.

El equipo combinó registros hidroacústicos, mediciones de presión en el fondo oceánico, distancias entre instrumentos y mapas realizados antes y después del episodio. Según los autores, se trata de la primera observación in situ de un evento de expansión en una dorsal oceánica utilizando conjuntamente estas técnicas seismogeodésicas.

Los resultados también sugieren algo importante sobre los terremotos submarinos. Buena parte del movimiento de las fallas de estas dorsales podría ocurrir lentamente y sin producir grandes terremotos, impulsado por el desplazamiento del magma. Eso ayudaría a explicar por qué estas regiones presentan menos actividad sísmica de la esperada considerando la cantidad de deformación que acumulan.

Todavía existen limitaciones. Los científicos necesitan conocer mejor la profundidad exacta de algunos terremotos y realizar mapas más detallados para determinar hasta dónde se extendieron ciertas deformaciones.

Aun así, el episodio permitió observar prácticamente en directo uno de los mecanismos fundamentales que renuevan la superficie terrestre.

No fue la Tierra entera partiéndose en dos, sino algo quizá científicamente más interesante: un fragmento del planeta abriéndose mientras los instrumentos observaban cómo nacía nuevo fondo oceánico.

Fuente: Idependent en Español.

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