La famosa “crisis de los 40” fue durante años un lugar común en la psicología y en la cultura popular. Sin embargo, esa narrativa empieza a desmoronarse. Un análisis global con datos de más de un millón de personas revela un cambio profundo: la infelicidad ya no alcanza su pico en la mediana edad, sino mucho antes. La Generación Z parece estar atravesando una etapa crítica justo al inicio de su vida adulta.
El fin de la curva de la felicidad
La idea de que la felicidad sigue una forma de U —alta en la juventud, mínima en la madurez y en recuperación en la vejez— fue aceptada durante décadas. Sin embargo, un estudio publicado en PLOS ONE, que analizó datos de 44 países, concluye que esta curva ha desaparecido.
En lugar de un valle en los 40 o 50 años, los investigadores observaron una caída progresiva del bienestar desde edades tempranas. La infelicidad ya no es un fenómeno asociado al desgaste vital, sino a una entrada en la adultez marcada por la incertidumbre.
Desde que aparecieron los smartphones en 2010, viene aumentando de manera muy preocupante la ansiedad, la depresión y el déficit de atención entre los jóvenes en EEUU. Hoy, uno de cada cinco tiene depresión y uno de cada cuatro tiene ansiedad. F: "La generación ansiosa" (J. 2024) pic.twitter.com/tPFtg36Osn
— JULIAN DE ZUBIRIA (@juliandezubiria) December 24, 2025
Estados Unidos y un dato alarmante
El caso estadounidense ilustra bien el problema. En 1993, solo el 2,9% de los jóvenes menores de 25 años afirmaban haber sufrido un mes completo de mala salud mental. En 2023, esa cifra se disparó hasta el 8%, superando claramente a los grupos de mediana edad que tradicionalmente encabezaban estas estadísticas.
Este cambio no es puntual ni anecdótico: refleja una transformación estructural en cómo las generaciones jóvenes experimentan el bienestar.
La brecha de género agrava la situación
El impacto no es homogéneo. En Reino Unido, los datos del UKHLS entre 2009 y 2023 muestran que el porcentaje de mujeres jóvenes con problemas graves de salud mental pasó del 4,4% al 12,7%.
No se trata de tristeza ocasional, sino de indicadores clínicos de ansiedad y depresión. El estudio sugiere que la llamada “crisis del cuarto de vida” ha desplazado por completo a la crisis de mediana edad, y afecta de forma especialmente intensa a las mujeres jóvenes.
🟣 Avril Rey, subdirectora del Sistema Integral de Salud de la compañía mencionó que el grupo de edad con mayor incidencia es el de 30 a 49 años, seguido por mujeres entre 20 y 29, y mayores de 60. https://t.co/4TPzMYeUcX pic.twitter.com/vxkUw4traN
— Especiales El Economista (@EspecialesEE) November 5, 2025
Precariedad, vivienda y expectativas rotas
Aunque la pandemia aceleró el deterioro, los datos indican que el problema ya estaba presente antes del COVID-19. La precariedad laboral, la dificultad para acceder a una vivienda y la sensación de no alcanzar los hitos tradicionales de la vida adulta generan una presión constante.
La incertidumbre económica se combina con expectativas sociales heredadas de generaciones anteriores, creando una brecha entre lo que se espera y lo que realmente es posible.
Tecnología, hiperconexión y soledad
La Generación Z es la primera en crecer completamente conectada, pero también una de las más solas. En España, el 69% de los jóvenes afirma haberse sentido solo en algún momento, independientemente de su actividad en redes sociales.
La dificultad para crear vínculos estables, sumada a la movilidad forzada por estudios o trabajo, refuerza el aislamiento emocional.
Un desafío urgente para la salud pública
Este cambio de paradigma plantea un reto mayúsculo para los sistemas de salud. La depresión en edades tempranas coincide con un aumento de los suicidios juveniles y exige respuestas estructurales, no solo individuales.
La crisis ya no llega a mitad de la vida. Para muchos jóvenes, empieza justo cuando se supone que todo debería comenzar.
Fuente: TheConversation.