Saltar al contenido
Ciencia

La erupción que cambió el cielo: cómo Hunga Tonga alteró la atmósfera durante años

La erupción del volcán Hunga Tonga–Hunga Haʻapai, en enero de 2022, no fue una explosión volcánica más. Su potencia, alimentada por el océano, lanzó una cantidad inédita de agua marina vaporizada hasta la estratosfera, una región situada entre 10 y 50 kilómetros de altura donde los procesos químicos influyen directamente en el clima y la capa de ozono. Tres años después, los científicos confirman que parte de ese vapor sigue allí, con efectos medibles.
Por

Tiempo de lectura 2 minutos

Comentarios (1)

Un amplio consorcio internacional —más de un centenar de investigadores— ha reunido datos satelitales, campañas de campo y observatorios terrestres para reconstruir el impacto real del evento. La conclusión es clara: Hunga Tonga incrementó el vapor de agua estratosférico global alrededor de un 10%, una alteración sin precedentes en la era de la observación moderna.

Un estallido fuera de escala

Los satélites nunca habían visto algo igual. La columna de material alcanzó alturas comparables a las del mítico Krakatoa de 1883, una de las erupciones más devastadoras de la historia. Aquella explosión enfrió el planeta cerca de 0,6 ºC durante meses. Hunga Tonga, sin embargo, fue distinta: ocurrió en el mar, lo que la volvió más explosiva y capaz de inyectar azufre y enormes volúmenes de vapor directamente en la estratosfera.

Según los autores del informe, este tipo de erupciones “ricas en agua” revelan mecanismos climáticos poco explorados. El vapor de agua es un gas de efecto invernadero, pero su efecto depende críticamente de dónde se deposita.

¿Enfriamiento o calentamiento?

Aquí está la paradoja. Aunque el vapor de agua suele calentar, el balance de Hunga Tonga fue ligeramente enfriador. La clave está en el azufre: las partículas sulfúricas reflejan la radiación solar y reducen la energía que llega a la superficie. Es el mismo principio que explica el enfriamiento tras el Mount Pinatubo en 1991, que bajó la temperatura global entre 0,25 y 0,5 ºC durante dos años.

Los científicos subrayan que si el vapor se hubiera liberado más cerca de la tropopausa (el límite inferior de la estratosfera), el resultado habría sido calentador y habría agravado los récords térmicos de 2023 y 2024. No fue así.

Lo que sí y lo que no explica

Un punto crucial del estudio es descartar hipótesis: Hunga Tonga no causó el calentamiento récord reciente. Comprender esto es vital para no confundir señales naturales con la tendencia dominante del cambio climático antropogénico.

Desde la University of Leeds, uno de los centros que codirigió el análisis, destacan que estas conclusiones ayudan a afinar los modelos climáticos y a entender mejor cómo eventos extremos puntuales pueden perturbar la atmósfera durante años sin alterar la tendencia de fondo.

En suma, Hunga Tonga no solo fue una erupción colosal: fue un experimento natural que obligó a la ciencia a mirar más alto y a repensar cómo volcanes, océanos y atmósfera se conectan en un mismo sistema.

Fuente: Meteored.

Compartir esta historia

Artículos relacionados