Finales de 1700 en la casa de un reconocido profesor de anatomía italiano. Una mujer implora por una sopa, pero no una cualquiera. Ese día, una rana ejecutada iba a “volver” brevemente a la vida. Al mismo tiempo, daban comienzo las bases de lo que sería una de las grandes historias de terror de todos los tiempos.

Volviendo a esa casa italiana de finales de la década del S.XVIII, la señora Galvani estaba muy enferma. Al parecer, llevaba más de una semana dolorida, con fiebre y no paraba de toser. El doctor le había diagnosticado el consumo de esa sopa de rana, le dijo que era justo lo que iba a recuperarla. La esposa del profesor le dijo a sus sirvientes que la prepararan en seguida.

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Unos minutos después, la señora Galvani bajó a supervisar. Al ver que uno de los empleados ya tenía una rana, le dijo que bajara al laboratorio de su marido y las dejara ya muertas junto a una de las máquinas eléctricas del profesor. Luego, la señora cogió un cuchillo y comenzó a trocear la rana, pero justo entonces una chispa salió volando de la máquina y tocó el cuchillo. Al instante, las patas de la rana se crisparon y se movieron con espasmos. “Luigi, ven rápido”, gritó la señora Galvani. “Acaba de ocurrir algo increíble”.

Image: Luigi Galvani (Wikimedia Commons)

Unos años atrás, Luigi Galvani, un profesor de anatomía italiano, descubrió que una chispa de electricidad podía mover las extremidades de una rana muerta. Galvani las estaba estudiando a propósito para entender cómo se contraían sus músculos cuando una chispa causaba movimiento en una extremidad.

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Image: Diagrama de los experimentos de Galvani (Wikimedia Commons)

Desafortunadamente, la sopa no salvó a la señora Galvani y murió en 1790. Un año después de su muerte, el profesor finalmente publicó el estudio de su experimento. De hecho, causó sensación en toda Europa, muchos creían que Galvani había descubierto el secreto oculto de la vida. Tras su investigación, otros científicos se apresuraron a repetir el experimento, pero no tardaron en aburrirse con las ranas y llamar su atención a animales más interesantes. ¿Qué pasaría si conectaras los cables a un cadáver humano?

Image: Los electrodos tocan una rana y las piernas se contraen hacia arriba (Wikimedia Commons)

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Es en este momento de la historia donde aparece el sobrino de Galvani, Giovanni Aldini, quién tomó la iniciativa y fue pionero en el arte de la reanimación de cadáveres. El hombre promovió el trabajo de su tío emprendiendo una gira por Europa en la que ofreció al público el espectáculo más extravagante que jamás hayan visto: la electrificación de un cuerpo humano.

El inicio de Frankenstein

Image: Wikimedia Commons

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Si hubiera que elegir un día de gloria en la vida de Aldini, ese fue sin duda el 17 de enero de 1803 en Londres, ante una audiencia del Royal College of Surgeons. Allí, el cuerpo de George Forster, de veintiséis años, y ejecutado por el asesinato de su esposa y su hijo, fue llevado directamente de la horca hasta Aldini y a la multitud que los esperaba. Aldini unió partes del cuerpo de Forster a los polos de una batería de 120 placas de cobre y zinc.

Pero antes de continuar con esta escena, hay que retroceder unos años. A principios de 1800 en Italia, conseguir un cadáver “fresco”, que acabara de morir, era mucho más fácil de lo que es hoy. Para encontrar sujetos para sus experimentos, Aldini simplemente se dirigió a la Piazza Maggiore y esperó a que el verdugo decapitara a su próxima víctima.

Image: Aldini (Wikimedia Commons)

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Sin embargo, el investigador pronto se dio cuenta de que la solución para encontrar sus cuerpos también presentaba un problema. Los cuerpos decapitados a menudo estaban sin sangre, y sin sangre en las venas, los impulsos eléctricos no tenían nada por lo que viajar. Su batería era totalmente inútil contra un cadáver sin cabeza.

Ocurre que mientras que en Italia ejecutaban a sus criminales por decapitación, Inglaterra todavía usaba la horca. Así fue como Aldini hizo lo que haría cualquier médico medieval que se precie: viajó a Londres y pidió que un criminal recién ahorcado fuera entregado al Royal College of Surgeons.

Image: WC

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Ahora sí, Aldini, ya con el cuerpo inerte de George Foster preparado junto a su batería, estaba listo para iniciar el experimento. Primero la cara. El investigador colocó los cables en la boca y la oreja. Los músculos de la mandíbula se estremecieron, y las facciones del asesino se retorcieron en un rictus de dolor. El ojo izquierdo se abrió como si quisiera mirar directamente a su torturador.

Aldini jugó con el cuerpo como si fuera una marioneta, moviendo los cables de una parte del cuerpo a otra, haciendo que el arco de la espalda hiciera figuras imposibles, con los brazos golpeando la mesa y los pulmones inhalando y exhalando.

Image: Wikimedia Commons

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Para el gran final, el hombre enganchó un cable en la oreja y hundió el otro en el recto. El cadáver de Forster rompió a “bailar” en una danza infernal. Según se pudo leer en los diarios de la época: “La mano derecha se alzó y se apretó, y las piernas y los muslos se pusieron en movimiento. A los espectadores les pareció que el miserable estaba a punto de ser devuelto a la vida”.

Unos días más tarde, Aldini continuó su gira por Londres con un espectáculo con la cabeza decapitada de un buey. El investigador extendió la lengua del animal fuera de su boca por medio de un gancho. Luego encendió la corriente. La lengua se retrajo tan rápido que se rompió del anzuelo, mientras simultáneamente “un potente ruido salió de la boca por la absorción de aire, asistido por violentas contorsiones de toda la cabeza y los ojos”. La ciencia (o algo así) había creado una cabeza de buey eléctrica.

Image: WC

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Aquí no quedó todo. Todavía quedaba una demostración aún más espectacular el 4 de noviembre de 1818, esta vez en Glasgow. Ese día, el químico escocés Andrew Ure conectó el cadáver del asesino ejecutado, Matthew Clydesdale, a una batería de 270 placas. El doble de poder, el doble de diversión, pensó. Cuando vinculó la médula espinal con el nervio ciático, “todos los músculos del cuerpo se agitaron de inmediato con movimientos convulsivos que se asemejaban a un violento estremecimiento por el frío”.

La conexión del nervio con el diafragma provocó “una respiración completa, el pecho se agitó y cayó, el vientre se sobresalió y volvió a colapsarse, con el diafragma relajado”. Finalmente, Ure unió los polos de la batería con un nervio expuesto en la frente y el talón: “Todos los músculos de su semblante se vieron simultáneamente envueltos en una combinación de rabia, horror, desesperación, angustia y sonrisas espantosas, que se unieron en una horrible expresión en la cara del asesino”.

Image: Odd Salon

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Ese día, algunos espectadores se desmayaron y otros huyeron de la sala de conferencias muertos de miedo. Los hombres de ciencia como Aldini y Ure confiaban en que la electricidad galvánica podría hacer mucho más que ofrecer un macabro espectáculo de marionetas. Ambos prometieron que, en las circunstancias adecuadas, podría restaurar la vida misma.

Es más, Ure escribió acerca de su experimento con el asesino explicando que “hay una probabilidad de que la vida sea restaurada. Este evento, aunque poco deseable con un asesino, y tal vez contrario a la ley, habría sido perdonable en un caso, como lo haría todos aquellos que han sido útiles para la ciencia”.

Años después, la pequeña Mary Shelley se tomó muy en serio las ideas de Aldini, sus historias las había escuchado de niña, ya que era hija de un amigo de Giovanni Aldini.

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Image: Mary Shelley

En la introducción a la edición de su obra en 1831, escribió que la idea de la novela le llegó en junio de 1816, después de oír a Lord Byron y P. Shelley hablar una serie de experimentos galvánicos y especulando sobre la posibilidad de que la electricidad pudiera devolver a la vida la materia inanimada.

Esa noche tuvo una pesadilla sobre un “estudiante pálido de artes impías, arrodillado junto a la cosa que había armado. Vi el espantoso fantasma de un hombre tendido, y luego, con el funcionamiento de un poderoso motor, muestras de signos de vida”.

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Así, de un viaje que había comenzado con una rana espasmódica, nació el clásico imperecedero de Victor Frankenstein y su estremecedor monstruo. [Wikipedia, NCBI, InsideScience, AtlasObscura]