Las discusiones en pareja suelen ser un campo minado donde cada palabra suma o resta. Cuando el orgullo toma el control, incluso los desacuerdos más pequeños pueden escalar hasta volverse irreparables. Pero ¿y si hubiera una manera de cortar esa espiral con una sola frase? Un psicólogo argentino propone a La Nación exactamente eso: un giro inesperado que desarma conflictos desde la empatía.
Una frase, una pausa, un nuevo rumbo

Vladyslav Tobolenko.
“Ayudame a entender qué me hizo actuar así”. La frase puede parecer extraña en medio del calor de una discusión, pero para el psicólogo Alberto Gallardo es una herramienta emocional poderosa. No acusa, no se defiende, no busca tener razón: simplemente abre una puerta. “Es como tirar agua al fuego en lugar de gasolina”, explica. Invita al otro a colaborar en vez de enfrentarlo, y sobre todo, obliga a uno mismo a salir del modo ataque.
En lugar de decir “me hiciste enojar” o “vos siempre hacés esto”, se propone una reflexión compartida: ¿qué hay detrás de mi reacción? ¿Qué emoción me disparó? Esta pausa puede cambiar el tono de la conversación y evitar que se descontrole.
Escuchar desde la incomodidad

Gallardo no está solo en esta visión. El psiquiatra Mark Goulston, experto en comunicación en entornos de alta tensión, sostiene que esta estrategia funciona porque redefine el centro de gravedad del conflicto: pasa de lo que el otro hizo, a cómo lo viví yo. No se trata de victimizarse, sino de hacerse cargo sin culpar.
Eso sí, ambos expertos advierten que esta fórmula no es válida en relaciones marcadas por el abuso o la violencia. Allí no hay diálogo que valga: lo prioritario es la seguridad emocional y física. Pero en vínculos donde aún existe respeto, puede ser el freno necesario para no romper lo que vale la pena conservar.
Como dice Gallardo, “no es una frase mágica, pero sí profundamente humana”. Tal vez no se trata de evitar las discusiones, sino de saber discutir sin destruir. Y a veces, todo empieza con cinco palabras.