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Ciencia

La genética humana entra en una nueva era. Un proyecto en Barcelona identifica 41.000 transcritos ignorados por los mapas oficiales y demuestra que la referencia del genoma estaba sesgada

Durante dos décadas asumimos que el genoma humano de referencia era la brújula genética de la humanidad. Pero un estudio del CRG y el Barcelona Supercomputing Center revela que ese mapa estaba incompleto: más de 41.000 transcritos ausentes, muchos específicos de poblaciones no europeas. El hallazgo redefine la medicina personalizada y obliga a reescribir cómo entendemos la diversidad humana.
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Cuando en el año 2001 se anunció el primer borrador del genoma humano, el mundo creyó haber descifrado su propio libro de instrucciones. Pero aquel mapa, construido en su mayoría con ADN de personas europeas, dejó fuera miles de piezas esenciales.

Ahora, un proyecto desarrollado en Barcelona demuestra lo profundo que era ese vacío: al analizar el transcriptoma —la parte funcional del genoma— en ocho poblaciones, los científicos han encontrado variaciones que jamás aparecieron en los catálogos oficiales.

Un mapa genético construido para unos pocos

La genética humana entra en una nueva era. Un proyecto en Barcelona identifica 41.000 transcritos ignorados por los mapas oficiales y demuestra que la referencia del genoma estaba sesgada
© AD.

El Proyecto Genoma Humano sentó las bases de la biología moderna, pero también arrastró un problema estructural: su falta de diversidad. Más del 90 % del ADN utilizado para construir el genoma de referencia procedía de personas de ascendencia europea. Durante varios años, esa ausencia se asumió como irrelevante. Sin embargo, estudios recientes mostraban pistas inquietantes: tratamientos para el asma que no funcionaban igual en poblaciones africanas, anticoagulantes ineficaces en Asia o adaptaciones metabólicas únicas en comunidades andinas.

El estudio firmado por el Centro de Regulación Genómica (CRG) y el Barcelona Supercomputing Center (BSC) aclara por qué. “Los catálogos actuales pueden carecer de genes o transcritos que existan únicamente en poblaciones no europeas”, explica Roderic Guigó, coautor principal. Y cuando un gen no aparece en el mapa, su efecto biológico se considera inexistente. La nueva investigación demuestra que esa suposición era, simplemente, falsa.

El supercomputador Marenostrum 5 revela lo que nadie había visto

La genética humana entra en una nueva era. Un proyecto en Barcelona identifica 41.000 transcritos ignorados por los mapas oficiales y demuestra que la referencia del genoma estaba sesgada
© Ciencia.gob/BSC-CNS.

A diferencia de otros proyectos centrados en el ADN, este estudio analizó el transcriptoma, es decir, las moléculas de ARN que indican qué genes están activos y cómo se expresan. Para ello, los investigadores tomaron muestras sanguíneas de 43 personas pertenecientes a ocho poblaciones: Yoruba, Luhya, Mbuti, chinos Han, indios Telugu, peruanos de Lima, judíos asquenazíes y europeos de Utah.

El reto técnico era monumental: más de 800 millones de secuencias que debían cruzarse con los mapas oficiales. Sin el poder del Marenostrum 5, el supercomputador más potente de España, el proyecto habría sido imposible. En apenas 48 horas de computación intensiva, el sistema detectó 41.000 transcritos ausentes en la referencia GENCODE. De ellos, 2.267 eran específicos de una sola población y 773 ni siquiera tenían región genómica conocida, como si pertenecieran a rincones del ADN todavía invisibles.

“Es la primera vez que vemos cuánto nos estábamos perdiendo”, señala Pau Clavell, coautor del estudio. Y no habla de simples curiosidades genéticas: muchos de estos transcritos corresponden a genes relacionados con asma, enfermedades autoinmunes o rasgos metabólicos, lo que puede explicar por qué ciertos medicamentos funcionan mejor (o peor) según la ascendencia del paciente.

El pantranscriptoma humano: una ventana a nuestra diversidad real

Si el pangenoma humano había empezado a corregir el sesgo europeo del ADN, este estudio va un paso más allá. El equipo lo llama pantranscriptoma humano, un mapa capaz de mostrar qué fragmentos del genoma importan realmente en cada célula y cómo varían entre poblaciones.

Su impacto puede ser profundo. Desde diagnósticos más precisos hasta tratamientos diseñados para ancestrías específicas, la investigación abre la puerta a una medicina personalizada que realmente contemple la diversidad global. “El pangenoma nos dice qué instrucciones existen. El pantranscriptoma nos dice cuáles se usan”, resume la Dra. Marta Melé, líder del grupo en el BSC.

El trabajo tiene limitaciones —solo 43 individuos, un único tipo celular—, pero incluso así, sus autores lo consideran apenas el principio. “Cualquier resultado aquí es la punta del iceberg”, afirma la Dra. Reese. Y si este iceberg es real, significa que la humanidad ha vivido dos décadas interpretando su genoma con un mapa incompleto.

El nuevo pantranscriptoma revela que no existe un “genoma humano estándar”, sino miles de variaciones que reflejan historias evolutivas, adaptaciones ambientales y trayectorias culturales únicas. Barcelona acaba de mostrar que la diversidad genética no es una nota al pie: es la verdadera arquitectura de lo que somos. Y comprenderla, por fin, podría cambiar la medicina (y nuestro propio reflejo científico) para siempre.

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