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Ciencia

Científicos de la UNAM lograron “escuchar” agujeros negros al convertir señales del cosmos en sonido. El resultado no solo ayuda a estudiar el universo: también cambia quién puede explorarlo

Lo que antes eran curvas de luz y datos invisibles ahora se transforma en notas, ritmos y patrones audibles. Investigadores mexicanos usaron una técnica llamada sonificación para analizar blázares y abrir la astronomía a personas con discapacidad visual.
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Durante siglos hemos mirado el universo para intentar comprenderlo. Ahora también empezamos a escucharlo. Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha dado un paso llamativo en esa dirección al transformar datos astronómicos reales en sonido. Lo que antes aparecía como gráficos, curvas de brillo y números técnicos, hoy puede convertirse en secuencias auditivas capaces de revelar patrones invisibles a simple vista.

Y hay algo todavía más importante: esta tecnología no solo sirve para investigar mejor el cosmos, también abre la puerta a una astronomía más inclusiva.

Del telescopio al oído humano

Científicos de la UNAM lograron “escuchar” agujeros negros al convertir señales del cosmos en sonido. El resultado no solo ayuda a estudiar el universo: también cambia quién puede explorarlo
© Unsplash / NASA Hubble Space Telescope.

El equipo trabajó con nueve blázares, algunos de los objetos más energéticos y extremos del universo conocido. Se trata de galaxias activas que esconden en su centro agujeros negros supermasivos capaces de lanzar enormes chorros de energía hacia el espacio.

Estos sistemas cambian de brillo con el tiempo y emiten radiación en distintas frecuencias. Normalmente, esa información se estudia mediante gráficos llamados curvas de luz, que muestran cómo varía su intensidad.

Lo que hicieron en la UNAM fue tomar esos datos y traducirlos a sonido mediante sonificación. Dicho de forma sencilla: convertir información científica en algo que el oído pueda interpretar.

Cómo se “escucha” un agujero negro

El proceso comienza con observaciones reales obtenidas por algunos de los observatorios más relevantes del mundo, entre ellos los satélites Swift y Fermi, además de bases de datos astronómicas colaborativas.

Después, un algoritmo transforma esos cambios de brillo en instrucciones MIDI, el lenguaje digital usado para producir música electrónica. Cada dato puede convertirse en una nota, una duración, una intensidad o un tono concreto.

Finalmente, esas partituras digitales fueron reproducidas mediante sintetizadores virtuales con timbres similares a campanas, generando archivos de audio que también podían analizarse en forma de ondas y espectrogramas. El resultado no es una melodía compuesta al azar. Es ciencia traducida a otro idioma sensorial.

Lo que el oído puede detectar y el ojo a veces pasa por alto

Uno de los aspectos más interesantes de la sonificación es que el cerebro humano detecta muy bien cambios de ritmo, repeticiones, anomalías y patrones sonoros. En ciertos contextos, eso puede complementar el análisis visual tradicional.

Según los investigadores, esta metodología ayudó a identificar indicios de sistemas binarios: pares de agujeros negros orbitando entre sí en el núcleo de algunos blázares. No sería la primera vez que la astronomía encuentra estructuras ocultas gracias a nuevas herramientas. La historia de la ciencia está llena de descubrimientos nacidos cuando alguien decidió mirar (o escuchar) de otra manera.

Mucho más que una curiosidad tecnológica

Científicos de la UNAM lograron “escuchar” agujeros negros al convertir señales del cosmos en sonido. El resultado no solo ayuda a estudiar el universo: también cambia quién puede explorarlo
© Unsplash / NASA Hubble Space Telescope.

La propia UNAM subraya otro valor central del proyecto: la accesibilidad. Gran parte de la divulgación científica depende de imágenes, diagramas, colores y simulaciones visuales. Eso deja fuera, en muchos casos, a personas con discapacidad visual.

La sonificación cambia ese marco. Permite explorar galaxias, nebulosas, cúmulos estelares o agujeros negros a través del sonido, generando una experiencia científica distinta, pero igualmente rica. No es solo inclusión simbólica. Es acceso real al conocimiento.

El futuro de una ciencia multisensorial

NASA y otras instituciones ya han experimentado con proyectos similares, pero en México esta aplicación sigue siendo novedosa. El uso de software libre y herramientas abiertas también refuerza la idea de una ciencia más compartida y menos cerrada.

Quizá el hallazgo más profundo no sea que podamos escuchar agujeros negros. Quizá sea entender que el universo nunca habló en silencio. Simplemente no habíamos aprendido todavía a traducirlo.

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