Durante años, las grandes corporaciones promovieron políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI), no por convicción, sino porque era rentable. Las campañas publicitarias con mensajes progresistas y el apoyo a causas sociales les aseguraban buena prensa y consumidores fieles.
Pero ahora que el clima político cambió en Estados Unidos, han decidido tirar esas iniciativas por la borda. Con la llegada de Donald Trump a la presidencia y su ofensiva contra la inclusión, varias de las empresas más influyentes del mundo han optado por seguir la corriente conservadora. ¿Por qué? Porque es lo que les conviene en términos de negocio.
Trump dicta la agenda y las empresas obedecen

Desde que regresó a la Casa Blanca, Trump no ha perdido el tiempo en su cruzada contra la diversidad. Entre sus primeras acciones estuvo eliminar programas gubernamentales de inclusión y prohibir que los empleados públicos usen sus pronombres en correos electrónicos. También restringió la participación de mujeres trans en el deporte femenino, reforzando su postura ultraconservadora.
Aunque estas medidas solo afectan directamente a las instituciones públicas, su impacto ha sido suficiente para que gigantes empresariales como Disney, Amazon y McDonald’s decidieran seguir la misma línea. No porque les importen los valores de Trump, sino porque entienden que oponerse al nuevo gobierno podría costarles caro.
Las empresas que abandonaron la inclusión en tiempo récord

Una de las primeras en plegarse al giro conservador fue Disney, que según Axios eliminó esta semana sus programas de diversidad y retiró advertencias en algunas películas sobre representaciones racistas o problemáticas.
Amazon y McDonald’s, por su parte, suspendieron iniciativas similares en sus espacios de trabajo. Y Meta, la compañía detrás de Facebook e Instagram, fue aún más lejos: levantó las restricciones contra el discurso de odio, permitiendo que los usuarios llamen «enfermos mentales» a las personas LGTBI y cuestionen la presencia de mujeres en el mundo laboral.
Para terminar de sellar su lealtad a Trump, varias de estas empresas hicieron generosas donaciones a su investidura y sus directivos ocuparon lugares de privilegio en la ceremonia.
¿Convicciones? No, solo dinero

Este giro empresarial deja en evidencia lo que muchos sospechaban: la supuesta apuesta por la diversidad nunca fue un compromiso real, sino una estrategia comercial. Mientras ser inclusivo daba buena imagen y aumentaba las ventas, las compañías se mostraban entusiastas con la equidad. Pero ahora que la tendencia política favorece lo contrario, no han tenido reparos en abandonar esas políticas.
No es que antes fueran progresistas y ahora conservadoras. Simplemente siguen la corriente que más les conviene, porque su verdadera prioridad no es la inclusión ni la justicia social, sino maximizar sus ganancias.
El costo humano de la hipocresía corporativa

Mientras las empresas juegan con su imagen pública, quienes pagan el precio de estos cambios son las comunidades vulnerables. Organizaciones de derechos civiles ya han alertado sobre el impacto que estas decisiones tendrán en mujeres, personas LGTBI y minorías raciales, que ahora están aún más expuestas a la discriminación y al odio.
Pero para las grandes corporaciones, eso es irrelevante. Si defender la diversidad les traía beneficios hace cinco años, lo hacían. Si ahora el dinero está del lado de la agenda conservadora, simplemente cambian de discurso. Así de fácil. Así de cínico.