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Ciencia

La guerra en el Congo también deja víctimas que nadie ve: 300 primates rescatados viven en rehabilitación bajo fuego y miedo. El centro de Lwiro intenta protegerlos mientras el conflicto se agrava

Mientras el conflicto armado avanza por el este de la República Democrática del Congo, unos 300 primates rehabilitados en el Centro de Lwiro sobreviven entre disparos, escasez y trauma. Son víctimas silenciosas de la guerra y de la caza furtiva que los dejó huérfanos, heridos o al borde de la muerte.
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Las guerras suelen contarse a través de cifras humanas, desplazamientos y destrucción. Pero en el este del Congo existe otra realidad menos visible: cientos de primates rescatados que viven su propio calvario en medio del fuego cruzado. En el Centro de Rehabilitación de Primates de Lwiro, chimpancés y monos recuperan heridas físicas y emocionales mientras el sonido de las balas vuelve a despertar el miedo. Para sus cuidadores, protegerlos se ha convertido en un acto de resistencia.

Un santuario rodeado por el conflicto

En el corazón del este congoleño, 300 primates sobreviven entre disparos y recuerdos de trauma. El santuario de Lwiro lucha por cuidarlos mientras la guerra avanza a su alrededor
© Unsplash – Ayush Mishra,

Lwiro nació en 2002, al término de la segunda guerra del Congo, como respuesta a la caza furtiva que dejó a muchos primates sin familia o gravemente heridos. Hoy acoge a unos 130 chimpancés y cerca de 140 monos, junto con 43 loros grises también rescatados.

Los animales habitan en recintos amplios, distribuidos en unas 12 hectáreas valladas y electrificadas para evitar fugas. El personal —unos sesenta trabajadores locales, un veterinario y la directora, Itsaso Vélez del Burgo— mantiene los cuidados esenciales pese a la precariedad. La alimentación depende en parte de cultivos realizados por mujeres de la zona, para quienes este trabajo representa una de las pocas fuentes de ingreso en medio de la guerra.

Rehabilitación en tiempos imposibles

En el corazón del este congoleño, 300 primates sobreviven entre disparos y recuerdos de trauma. El santuario de Lwiro lucha por cuidarlos mientras la guerra avanza a su alrededor
© Unsplash – Artem Beliaikin.

El objetivo del centro siempre fue reintroducir a los primates en la selva, pero la realidad lo impide. Requiere dispositivos de seguimiento, protocolos complejos y un entorno seguro. Nada de eso es posible hoy.

A la violencia externa se suma el trauma previo: muchos animales reaccionan con nerviosismo cada vez que escuchan explosiones. Para los cuidadores, la angustia es doble. Temen por los animales y por ellos mismos. Vélez del Burgo describe la ansiedad de recibir mensajes desde Congo hablando de disparos y explosiones, sin saber si el equipo está a salvo o si los animales han entrado en pánico. El presupuesto anual del centro —unos 35.000 dólares— apenas alcanza para sostener lo básico.

Víctimas sin voz en una guerra larga

Lwiro recuerda que la guerra no solo mata: también interrumpe ecosistemas, extingue especies y destruye vínculos sociales entre animales altamente inteligentes. Los primates, que sienten, recuerdan y forman lazos, cargan ahora con una violencia que no les pertenece.

Para su directora, el deseo es simple: que llegue la paz a un país “tan rico y tan pobre a la vez”, y que algún día estos animales puedan regresar al bosque. Hasta entonces, siguen esperando entre cuidados, sobresaltos y la esperanza frágil de que el mundo no los olvide.

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