Imagen: WC

Sogen Kato iba camino de batir de todos los récords de longevidad en Japón. Sin embargo, en el año 2010, cuando las autoridades acudieron a su domicilio en Tokio para felicitarlo por su 111 cumpleaños, descubrieron el secreto de su “eternidad”. Kato llevaba muerto 30 años.

Los funcionarios habían descubierto los restos momificados en su cama, usando ropa interior y pijama, y cubierto con una manta. Los análisis posteriores de los expertos concluyeron que probablemente había muerto en noviembre de 1978, a los 79 años de edad.

La siguiente pregunta parecía clara, ¿cómo pudo un cadáver esconder durante 30 años su estado mientras un país celebraba su longevidad en vida?

Al parecer, la policía ya tenía algunas sospechas desde meses anteriores al hallazgo del cuerpo. Japón es un lugar donde el culto y la veneración a los ancianos se tiene como una de sus principales virtudes. Durante gran parte del 2010 las autoridades habían intentado contactar con Kato, pero siempre se encontraban con la respuesta negativa de su familia, quién respondía a las peticiones con “no quiere ver a nadie”.

Ilustración del cuarto donde encontraron a Kato.Wi kimedia Commons

Cuando la policía encontró finalmente el cuerpo momificado sus familiares dijeron que se había “encerrado en su habitación hace más de 30 años y se convirtió en un buda viviente”.

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En realidad , y tras una larga investigación, se descubrió que su familia nunca había anunciado su muerte en un intento por preservar su registro. Sus parientes recibieron 9.5 millones de yenes en pagos de pensiones de viudedad a través de la cuenta bancaria de Kato desde que su esposa falleció seis años antes, y parte del dinero había sido retirado recientemente. Kato también había recibido un ayuda social de alto rango desde el momento en que cumplió los 70 años, dinero que la familia también usó en su beneficio.

Han pasado siete años desde que la historia de Kato saliera a la luz, desde entonces, el descubrimiento de sus restos provocó la búsqueda de otros centenarios perdidos debido a la falta de mantenimiento en los registros del país.

Adachi (Tokio), donde encontraron el cuerpo de Kato. Wikimedia Commomns

Un estudio posterior reveló que la policía no sabía si 230 mil personas de más de cien años aún vivían. Esta escandalosa cifra puso de manifiesto unos métodos anticuados para mantener los registros y alimentaron el temor de que algunas familias (como la de Kato) habían mantenido deliberadamente la muerte de parientes ancianos para reclamar sus pensiones.

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En realidad, la situación que se dio hace unos años es un síntoma de la lucha burocrática por mantener registros precisos en una de las sociedades que más rápido envejecen en el planeta: más de uno de cada cinco japoneses tiene 65 años o más.

Japón, un país maravilloso lleno de contrastes. Paradójicamente, el lugar que tiene el mayor porcentaje de esperanza de vida, hoy comienza a tener serios problemas debido a ello. [Wikipedia, BBC]