En alg√ļn momento alguien quiso ver una isla. Desde entonces, la Inaccesible, la Perdida, la Encubierta, la Encantada, la Non Trubada, San Bredan o como le decimos los canarios, la isla de San Borond√≥n, ha construido su propia leyenda. Una que cuenta el relato de la octava isla canaria, la isla que se esconde.

Para hablar de San Borondón tenemos que retroceder varios siglos en el tiempo. Exactamente hasta el siglo VI, momento en el que aparece San Brandán el Navegante, uno de los grandes monjes evangelizadores irlandeses.

Brand√°n

Escultura del monje en la isla Samphire. Wikimedia Commons

Con Brandán pasa un poco como con la Isla de San Borondón, se dicen muchas cosas de él, muchas de las cuales son difícilmente verificables. Cuando hablamos de Brandán nos referimos a un abad irlandés que llevó a cabo tareas de evangelización en las aguas del mar del Norte.

El hombre era un fiel seguidor de la tradición misionera del cristianismo irlandés y formó parte de las comunidades monásticas que se lanzaron a la mar en los llamados currach (una especie de lanchas de cuero) para predicar el Evangelio a los confines de la tierra. Entre otros parajes, los libros hablan de un monje que visitó la isla de lona, las islas Feroes, Islandia e incluso Groenlandia.

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Es as√≠ como llegamos hasta ese periplo legendario del monje con la llamada Tierra de Promisi√≥n. Cuenta el Navigatio Sancti Brandani que el monje conoci√≥ de la existencia de estas tierras gracias al relato de otro monje que ya hab√≠a visitado el lugar. Este hombre le pide a Brand√°n que encuentre a su hijo. El hombre re√ļne a otros 14 monjes, construye una currach y se lanza a la mar.

Durante siete a√Īos Brand√°n cruz√≥ los oc√©anos encontrando islas maravillosas. Finalmente y tras atravesar un mar escondido de densas nieblas, el hombre alcanz√≥ lo que llevaba tanto tiempo buscando, la isla del para√≠so terrenal.

O al menos eso fue lo que pensó.

La ruta

Celebración la Isla Pez. Wikimedia Commons

Lo cierto es que el Navigatio Sancti menciona numerosas islas, pero tradicionalmente en Europa los libros e historiadores repiten una misma isla-pez, una completamente desprovista de vegetación que aparecía y desaparecía.

En aquella isla San Brandán y el resto de monjes celebraron la Pascua. Los hombres decidieron hacer una gran fiesta y encender los fuegos, y justo en ese momento, un rugido los levantó a todos de sus sitios. La isla había despertado y se mostraba tal y como era en realidad. Los monjes estaban sobre el pez gigante Jasconius.

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La leyenda dice que fue Jasconius quién acabó guiando a Brandán hasta el paraíso: la Isla de San Borondón, que como el pez gigante aparece y desaparece, ocultándose a los ojos de quienes la buscan.

Localización de la isla

La isla de S.B. aparece en la latitud 50¬ļ norte. Wikimedia Commons

En realidad, la historia del mismo monje, sus viajes y la isla de San Borondón, se enlazan con relatos viajeros de la mitología irlandesa (los denominados immram) y con los relatos islámicos, que a su vez se enlazan con tradiciones helenísticas (por ejemplo Simbad el marino). A su vez, el mítico viaje acabó influyendo sobre otras tantas narraciones didundidas en Europa.

Igualmente, no faltaron desde el siglo XIII los cr√≠ticos que calificaban los viajes de San Brand√°n como un delirio ap√≥crifo totalmente in√ļtil para la historia y la geograf√≠a. De hecho, la identidad de las islas visitadas por San Brand√°n ha sido motivo de controversias por parte de quienes sostienen la existencia de una base real subyacente en el relato legendario, frente al viaje simb√≥lico en el que Brand√°n viaja en c√≠rculo durante siete a√Īos, pasando en cada uno de ellos por las mismas tres islas antes de alcanzar el s√©ptimo a√Īo el Infierno y el Para√≠so en el mismo centro del c√≠rculo.

Mapa atribuido a Toscanelli, donde la isla de San Brand√°n aparece como una gran isla en medio del Atl√°ntico. Wikimedia Commons

Sea como fuere, la localizaci√≥n de la isla de San Borond√≥n ya es de por s√≠ muy imprecisa. Su posici√≥n en la cartograf√≠a var√≠a seg√ļn los planisferios medievales, aunque obviamente muchos sin pretensiones cartogr√°ficas. Estos la sit√ļan en el mar que rodea los continentes en el c√≠rculo exterior al orbe habitado.

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De esta forma, el mapamundi de Hereford (cerca de 1300) se refería en plural a las islas de San Brandán como las Islas Afortunadas. Más próximo en el tiempo, el mapamundi de Ebstorf aludía a un Isla Perdida descubierta por el monje que nadie ha sido capaz de localizar.

En el planisferio de Andrea Bianco (1448), la isla de San Brand√°n se sit√ļa pr√≥xima a las Azores, con Toscanelli (1474) al sudoeste de Madeira y con Martin Behaim en el globo terr√°queo construido en N√ļremberg, en medio del Atl√°ntico. Finalmente, con Leonardo Torriani llegaba la proximidad de la isla a las Canarias.

Llegados al siglo XVI, tanto para el atlas de Abraham Ortelius como el de Gerardo Mercator, la isla de San Brand√°n aparece invariablemente por encima del paralelo 50¬ļ norte, en medio del Atl√°ntico. Como vemos pues, un aut√©ntico caos.

La octava isla canaria

Mapa del norte de √Āfrica de 1707 seg√ļn Guillermo Delisle, ampli√°ndolo se aprecia la isla algo al oeste de Canarias. Wikimedia Commons

Si nos ce√Īimos a la leyenda en Espa√Īa, el Tratado de Alca√ßovas, suscrito entre Espa√Īa y Portugal en 1479 con el fin de repartirse territorialmente el Atl√°ntico que faltaba por navegar, especificaba claramente que San Borond√≥n pertenec√≠a al Archipi√©lago Canario.

Entonces sí, tenemos que hablar de Leonardo Torriani de nuevo. El hombre era el ingeniero encargado por Felipe II para fortificar las Islas Canarias a finales del siglo XVI. Torriani describe sus dimensiones y localización aportando como pruebas de su existencia los avistamientos de algunos marinos.

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Su localizaci√≥n, seg√ļn Torriani, estar√≠a al oeste del archipi√©lago, a 550 kil√≥metros en direcci√≥n oeste-noroeste de la isla de El Hierro. Una isla de poco menos de 500 kil√≥metros de largo y 155 kil√≥metros de ancho.

Hay relatos muy antiguos que narran la aparici√≥n de la isla, de la visi√≥n por muchos testigos y de su posterior desaparici√≥n. Otros atribuyen la extra√Īa aparici√≥n a alguna acumulaci√≥n de nubes en el horizonte o a un espejismo.

Sea como fuere, en Canarias llegó a adquirir tal fuerza la leyenda que durante los siglos XVI, XVII y XVIII se llegaron a organizar expediciones para intentar encontrarla y conquistarla. Incluso el diario ABC llegó a llevar a portada de su periódico en 1953 y 1958 el supuesto avistamiento de la isla que desaparece.

Un leyenda que, como la gran mayoría, lo seguirá siendo hasta el día que alguien la encuentre. Algo ciertamente difícil, dado que la isla no se deja ver.