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La misteriosa nube radioactiva que recorrió Europa en 2017 se originó en una planta nuclear rusa

Uno de los edificios de Mayak. Wikimedia Commons

El pasado mes de octubre de 2017, una nube cargada con partículas de un isótopo radioactivo llamado Rutenio-106 activó los sistemas de alerta en varios países europeos. Aunque no suponía un peligro para la salud, su origen era un misterio. Un equipo de científicos cree haber resuelto ese misterio.

Investigadores del Instituto Francés para la Radioprotección y la Seguridad Nuclear (IRSN) han pasado los últimos meses estudiando el movimiento de la nube radioactiva y cruzando los datos con modelos climatológicos. La simulación resultante ha aislado el origen de la fuga radioactiva con una precisión de menos de 600km. ¿El origen más probable? La planta de producción de isótopos nucleares de Mayak, en los Urales.

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Vista por satélite del lago Karachay. Wikimedia Commons

Otra vez Mayak

Mayak tiene varios reactores nucleares en funcionamiento, pero no es una central nuclear. Se trata de un vasto conjunto de laboratorios de investigación y producción de isótopos radioactivos para su uso en centrales nucleares, laboratorios científicos, y armamento.

El lugar comenzó a operar en secreto poco después de la Segunda Guerra Mundial bajo el nombre de Chelyabinsk 40 o City 40, y tiene una historia muy siniestra. En 1957, Mayak fue el punto de origen de uno de los accidentes nucleares más graves ocurridos en la antigua Unión Soviética, el desastre de Kyshtym.

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La fuga de Rutenio-106 del pasado mes de octubre es apenas un pálido reflejo de aquel desastre. La densidad de partículas no era suficiente como para suponer un riesgo para la salud, y el rutenio no es de los isótopos más peligrosos, pero el hecho de que se haya originado en el mismo punto es inquietante.

La hipótesis de los investigadores franceses del IRSN ha sido avalada por sus colegas alemanes, que han triangulado el origen de la contaminación al mismo punto. El departamento de energía nuclear del gobierno ruso (Rosatom) niega vehementemente las acusaciones. El pasado mes de enero se reunió una comisión del Instituto de Seguridad Nuclear o IBRAE (parte de la Academia Rusa de Ciencias) para hacer públicas las conclusiones de una investigación sobre el supuesto incidente, pero en esas conclusiones no se ponen de acuerdo sobre el origen de la contaminación.

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Ozyorsk, la ciudad más próxima a Mayak. Wikimedia Commons

Un error fabricando combustible nuclear

¿Cómo ha podido liberarse Rutenio-106 a la atmósfera? La naturaleza exacta del accidente solo puede especularse, pero los datos de que disponemos permiten reconstruir un escenario probable, y ese escenario apunta a un error humano durante la fabricación de combustible nuclear.

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Los investigadores franceses creen que el accidente se produjo intentando fabricar una cápsula de Cerio-144 que iba destinada al Laboratorio de Física de Partículas de Gran Sasso (también llamado SOX), en Italia. Los investigadores de Gran Sasso usan estas cápsulas para los detectores de su programa de física de partículas. Es una pieza fundamental en la búsqueda de una partícula hipotética llamada neutrino esteril.

Borexino, uno de los detectores del laboratorio de física de partículas en Gran Sasso. Wikimedia Commons
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El físico del SOX Marco Pallavicini explicó a finales de 2016 que la instalación había firmado un contrato con Mayak para la producción de la cápsula, cuya llegada estaba prevista para comienzos de este mismo año. En diciembre de 2017, Pallavicini fue informado de que la cápsula no llegaría a tiempo y el experimento de Gran Sasso tuvo que posponerse indefinidamente. Desde Rusia no informaron de ningún incidente relacionado con la cápsula pese a que la agencia encargada de la seguridad nuclear en el país inspeccionó Mayak en noviembre.

El director de salud del IRSN, Jean-Christophe Gariel, explica que lo más probable es que el Cerio sufriera un sobrecalentamiento durante el proceso de separación del combustible nuclear. Ese exceso de temperatura provocó la liberación de óxido de rutenio en forma de gas que atravesó los filtros de contención y se solidificó en forma de pequeñas partículas radioactivas en la atmósfera.

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El director del IBRAE ruso, Leonid Bolshov, descarta la hipótesis de los investigadores franceses y niega que hubiera calentamiento del Cerio. Bolshov achaca la contaminación a algún raro fenómeno meteorológico aún sin identificar. No obstante, otros investigadores alemanes y británicos creen que la hipótesis de Gariel es la más probable. La comisión científica encargada de investigar el caso en Rusia se vuelve a reunir en abril, y se rumorea que muchos de sus miembros están de acuerdo con el escenario dibujado por el IRSN.

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¿Por qué Rusia se empeña en negar el incidente? La posible respuesta la da Frank von Hippel, de la Universidad de Princeton. Aunque la nube que pasó por Grecia, Italia, Suiza y llegó hasta Noruega era inofensiva, los cálculos sugieren que las poblaciones cercanas a Mayak tuvieron que sufrir una dosis radioactiva mucho más significativa. [vía Sciencemag, The Guardian]

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About the author

Carlos Zahumenszky

Editor en Gizmodo, fotógrafo y guardián de la gran biblioteca de artículos. A veces llevo una espada.

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