Las primeras estrellas surgieron en un universo oscuro y joven, poco después del Big Bang. Sin embargo, el proceso exacto que dio origen a aquellas gigantes primigenias sigue siendo un enigma para la ciencia. Un descubrimiento reciente sobre una molécula clave promete arrojar nueva luz sobre este capítulo desconocido de la historia cósmica.
La huella de las primeras luces
Hoy sabemos que las estrellas nacen de nubes de polvo y gas que colapsan bajo la fuerza de la gravedad. Las más antiguas conocidas se formaron apenas cientos de millones de años después del Big Bang, hace casi 14.000 millones de años. Una de ellas, hallada en nuestra galaxia y situada a 6.000 años luz, tiene 13.600 millones de años y una masa 60 veces mayor que la del Sol.
Su composición incluye hidrógeno, carbono, magnesio y calcio, elementos que tuvieron que ser creados por estrellas aún más antiguas y pobres en metales. Esto indica que existieron generaciones anteriores de estrellas que la ciencia todavía no ha podido observar directamente.

El papel inesperado del hidruro de helio
El punto de inflexión lo ha marcado un equipo del Instituto Max Planck de Física Nuclear, en Alemania, que ha estudiado al hidruro de helio (HeH⁺), considerado la molécula más antigua del cosmos. Formada por un átomo de helio y un protón, apareció poco después del Big Bang y fue esencial para iniciar los primeros enlaces químicos.
Su importancia radica en que facilitó la creación del hidrógeno molecular (H₂), el combustible de las estrellas. Para investigar su comportamiento, los científicos recrearon las condiciones del universo primigenio mediante un anillo de almacenamiento criogénico, capaz de mantener iones a temperaturas extremadamente bajas y en un vacío casi perfecto.
Un hallazgo que cambia las reglas

Durante el experimento, descubrieron que la reacción entre el hidruro de helio y el deuterio no se ralentizaba con el enfriamiento, como se esperaba, sino que se mantenía constante. Este comportamiento sugiere que el HeH⁺ tuvo un papel mucho más activo en el enfriamiento del gas primordial, un paso clave para que las nubes colapsaran y se formaran las primeras estrellas.
Este hallazgo obliga a replantear los modelos teóricos actuales y podría acercarnos a comprender cómo surgieron las primeras estructuras luminosas del universo. Lo que comenzó con una molécula diminuta podría convertirse en la clave para resolver uno de los mayores misterios de la astrofísica.
Fuente: Xataka.