Tomar una taza de café es una de las actividades más habituales en la Tierra. Sin embargo, en el espacio, algo tan sencillo puede convertirse en un verdadero desafío científico.
En condiciones de microgravedad, los líquidos no caen hacia el fondo de los recipientes como lo hacen normalmente. Por eso, los astronautas suelen beber utilizando bolsas cerradas con pajitas, evitando que las gotas floten libremente por la cabina.
Pero el astronauta de la NASA Donald R. Pettit encontró una solución ingeniosa: una taza especialmente diseñada para aprovechar la tensión superficial y permitir beber directamente desde un recipiente abierto.
Su invento terminó evolucionando hasta una versión de porcelana, mientras que el prototipo original pasó a formar parte de la colección del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian.

Una taza espacial creada con plástico y cinta adhesiva
La historia comenzó en noviembre de 2008, durante la misión STS-126, cuando Pettit se encontraba a bordo de la Estación Espacial Internacional. El astronauta quería disfrutar de una bebida caliente de una manera más parecida a como lo hacía en la Tierra.
Para conseguirlo, construyó un recipiente improvisado utilizando una lámina de plástico transparente y cinta Kapton, un material resistente a las temperaturas elevadas. Aunque el prototipo parecía rudimentario, su diseño aprovechaba principios físicos capaces de controlar el movimiento del líquido sin depender de la gravedad.
El experimento funcionó y abrió el camino hacia nuevos modelos.
En 2012, versiones fabricadas mediante impresión 3D viajaron al espacio, y diseños derivados se han utilizado posteriormente en misiones espaciales.
Cómo funciona una taza de café sin gravedad
La clave del invento está en su forma.
En lugar de tener paredes completamente redondeadas, la taza incorpora un canal estrecho que asciende desde el fondo hasta el borde.
Este conducto aprovecha las fuerzas capilares, un fenómeno que permite que los líquidos se desplacen por espacios reducidos debido a la tensión superficial y su interacción con las paredes del recipiente. Cuando el astronauta acerca los labios al borde, el líquido llega hasta su boca sin necesidad de inclinar la taza como ocurriría en la Tierra.
Cada sorbo modifica el equilibrio de las fuerzas capilares, provocando que una nueva cantidad de bebida ascienda desde el fondo. El proceso continúa hasta consumir prácticamente todo el contenido.

Del espacio al Smithsonian: una pieza de ingeniería convertida en historia
Después de su primer experimento, Pettit continuó perfeccionando el diseño y elaboró versiones de porcelana mediante técnicas de fabricación artesanal.
Aunque estas piezas se parecen a una taza convencional, su geometría responde a las necesidades específicas de los líquidos en microgravedad. En 2023, el astronauta donó al Smithsonian su prototipo original, construido con plástico y cinta durante la misión de 2008.
La institución lo incorporó a su colección de objetos relacionados con la alimentación y la vida cotidiana en el espacio.
Una pequeña innovación con aplicaciones científicas
Más allá de permitir que los astronautas disfruten del café, este diseño también representa un avance en la comprensión del comportamiento de los líquidos en microgravedad.
Los mismos principios pueden utilizarse para desarrollar sistemas capaces de controlar fluidos en naves espaciales, administrar medicamentos o mejorar determinados dispositivos tecnológicos. La historia demuestra que algunas innovaciones espaciales no nacen de grandes proyectos, sino de necesidades cotidianas.
En este caso, el simple deseo de tomar café sin utilizar una bolsa terminó convirtiéndose en una solución de ingeniería que hoy forma parte de la historia de la exploración espacial.