La posibilidad de que los seres humanos lleguen a Marte representa uno de los mayores desafíos de la exploración espacial. Sin embargo, además de desarrollar cohetes y sistemas de supervivencia, los científicos deben resolver un problema fundamental: cómo proteger el cuerpo humano de las condiciones extremas del espacio.
Durante décadas, uno de los principales riesgos asociados con la radiación cósmica ha sido el desarrollo de cáncer. Ahora, una nueva investigación advierte que también podría causar daños importantes en el corazón.
El estudio, publicado el 30 de septiembre de 2026 en la revista científica PLOS One, identificó alteraciones cardiovasculares que pueden manifestarse mucho tiempo después de la exposición a la radiación.
Un experimento revela cómo la radiación espacial afecta al corazón
Investigadores del Medical College of Wisconsin, en Estados Unidos, realizaron experimentos con ratas para estudiar los efectos de dos condiciones características de los vuelos espaciales: la radiación cósmica y la microgravedad.
Para reproducir estos factores, utilizaron un sistema de simulación de radiación espacial y un procedimiento que reduce la carga sobre las extremidades posteriores de los animales, imitando determinados efectos de la ausencia de gravedad.
Los resultados mostraron que la exposición a la radiación provocó fibrosis perivascular cardíaca, una acumulación de tejido fibroso alrededor de los vasos sanguíneos del corazón.
Esta alteración puede aumentar la rigidez de los tejidos y constituye una posible señal temprana de enfermedad cardiovascular.

El daño podría aparecer casi un año después del viaje
Uno de los descubrimientos más preocupantes fue el tiempo que tardaron en manifestarse las lesiones.
En un experimento de seguimiento, los investigadores administraron una dosis de radiación de 0,75 gray, considerada relevante para las condiciones de una misión humana a Marte.
Después de 360 días, observaron que los animales expuestos presentaban aproximadamente el doble de tejido fibroso alrededor de los vasos cardíacos que aquellos que no habían recibido radiación.
El hallazgo sugiere que algunos efectos cardiovasculares pueden desarrollarse progresivamente durante meses, incluso después de finalizar la exposición. Esto plantea un desafío adicional para las futuras misiones espaciales, ya que los astronautas podrían experimentar consecuencias médicas mucho después de regresar a la Tierra.
La falta de gravedad también afecta al sistema inmunitario
La investigación identificó alteraciones relacionadas con la microgravedad simulada.
Los animales sometidos a estas condiciones presentaron cambios en determinadas células inmunitarias y una disminución de varias citocinas, proteínas que participan en la regulación de la respuesta inmunológica.
Además, los científicos observaron variantes genéticas asociadas con la exposición a dosis elevadas de radiación.
Sin embargo, combinar radiación y microgravedad no siempre produjo efectos más graves que cada factor por separado.
MCW researchers discovered that space radiation can damage the heart after exposure – a finding that could help inform future trips to space. The findings may also have implications for cancer patients with increased radiation exposure through treatment. https://t.co/hemx4piUoI pic.twitter.com/vsDfZv7P0j
— Medical College of Wisconsin (@MedicalCollege) October 1, 2026
Qué significa este descubrimiento para las futuras misiones a Marte
Aunque los resultados generan preocupación, los investigadores advierten que todavía no permiten establecer directamente el riesgo de infartos en astronautas humanos.
El experimento se realizó con animales y mediante condiciones simuladas que no reproducen completamente la exposición prolongada durante un viaje interplanetario. No obstante, los hallazgos demuestran la necesidad de estudiar los riesgos cardiovasculares junto con los efectos cancerígenos de la radiación.
Para enviar seres humanos a Marte de manera segura, las agencias espaciales deberán perfeccionar los sistemas de protección, ampliar el seguimiento médico y comprender cómo evolucionan estas alteraciones durante años.
El desafío ya no consiste únicamente en conseguir que los astronautas lleguen al planeta rojo, sino también en garantizar que puedan regresar sin sufrir consecuencias graves para su salud.