España vuelve a enfrentarse a temperaturas muy superiores a las habituales para esta época del año. El responsable no es simplemente una masa de aire caliente que llega desde el Sáhara, sino una configuración atmosférica más compleja conocida popularmente como “cresta africana”.
En meteorología, una cresta o dorsal anticiclónica es una prolongación hacia latitudes más altas de una zona con valores elevados de geopotencial en niveles medios y altos de la atmósfera.
Cuando esta dorsal subtropical se extiende desde el norte de África hacia la península ibérica, puede transportar una masa de aire excepcionalmente cálida y crear condiciones muy favorables para que las temperaturas aumenten rápidamente.
El calor no llega simplemente desde África
Aunque el nombre pueda sugerirlo, la cresta africana no funciona como una enorme bolsa de aire caliente que cruza el Mediterráneo intacta. El aumento de temperatura depende de varios procesos que ocurren al mismo tiempo.
Uno de los más importantes es la subsidencia, es decir, el descenso lento del aire desde niveles superiores de la atmósfera. A medida que baja, encuentra una presión mayor y se comprime, aumentando su temperatura mediante un proceso conocido como calentamiento adiabático.
Es un fenómeno comparable, a otra escala, con lo que ocurre cuando una bomba de bicicleta se calienta al comprimir el aire de su interior.
A esto se suma la estabilidad atmosférica asociada a la dorsal. Con menos nubes y menor desarrollo de tormentas, la radiación solar alcanza el suelo durante muchas horas, calentando la superficie y las capas inferiores de la atmósfera.
Por eso, el calor que finalmente registra un termómetro es el resultado de una combinación de transporte de aire cálido, movimientos verticales, radiación solar y condiciones locales.
España vuelve a registrar temperaturas propias del verano
El episodio llega después de un verano especialmente extremo. Según AEMET, 2026 fue el verano más cálido registrado en España desde que comenzó la serie histórica en 1961, con una temperatura media de 24,5 °C.
En la Península y Baleares se acumularon además 61 días bajo condiciones de ola de calor, superando ampliamente el récord anterior de 41 días establecido en 2022.
Septiembre tampoco supuso una ruptura inmediata con esas condiciones. Tras algunos descensos temporales, la dorsal subtropical vuelve ahora a ganar terreno desde el norte de África, favoreciendo nuevamente temperaturas muy elevadas en distintas zonas.
Sin embargo, no basta con observar el valor máximo del termómetro. También importa la anomalía térmica, es decir, cuánto se aleja una temperatura de lo normal para ese lugar y momento del año.
Un registro de 35 °C puede ser habitual en Córdoba durante julio y resultar mucho más excepcional en septiembre.
Mucho calor no siempre significa ola de calor
Tampoco cualquier episodio con temperaturas cercanas a los 38 °C puede clasificarse automáticamente como una ola de calor.
Para utilizar ese término deben tenerse en cuenta factores como la intensidad, duración, extensión territorial y los valores históricos de cada zona. Un pico puntual de calor no equivale necesariamente a varios días consecutivos con temperaturas excepcionalmente elevadas en una amplia parte del territorio.
¿Tiene relación con el cambio climático?
Las dorsales subtropicales son fenómenos naturales que existían mucho antes del actual calentamiento global. Por eso, una cresta africana concreta no puede atribuirse directamente al cambio climático sin un estudio específico.
Sin embargo, estos fenómenos se producen ahora sobre un planeta más cálido. Eso significa que, cuando aparece una configuración atmosférica favorable al calor extremo, las temperaturas pueden partir de niveles más elevados que décadas atrás.
La cresta africana no es, por tanto, una enorme ola ardiente que avanza desde el desierto. Es una estructura atmosférica situada a varios kilómetros de altura que modifica la circulación del aire, favorece su calentamiento y crea condiciones ideales para que los termómetros vuelvan a dispararse.