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Ciencia

La NASA descubrió un peligro inesperado para sus astronautas en la Luna. Ahora ofrece 150.000 dólares para evitar que una simple chispa termine en desastre

Caminar sobre la Luna puede convertir un traje espacial en una fuente de electricidad estática capaz de provocar descargas peligrosas. La NASA lanzó un concurso de 150.000 dólares para encontrar cómo evitarlo.
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Caminar sobre la Luna podría esconder un peligro que no tiene nada que ver con los meteoritos, la radiación cósmica o la falta de oxígeno. Cada paso de un astronauta sobre el polvo lunar puede generar electricidad estática y acumular carga en su traje espacial. Después de varias horas explorando la superficie, regresar al módulo de aterrizaje podría convertirse en un momento especialmente delicado: una diferencia de potencial eléctrico podría producir una descarga capaz de dañar equipos esenciales.

La NASA considera el problema suficientemente importante como para ofrecer hasta 150.000 dólares en premios a quienes encuentren una solución. El desafío, llamado Lunar Grounding Challenge, busca impedir que los astronautas se conviertan en acumuladores de alto voltaje durante las futuras expediciones al polo sur lunar.

El peligro comienza con algo tan sencillo como caminar

La NASA descubrió un peligro inesperado para sus astronautas en la Luna. Ahora ofrece 150.000 dólares para evitar que una simple chispa termine en desastre
Buzz Aldrin camina cerca del módulo lunar Eagle durante la misión Apolo 11, en julio de 1969. El contacto entre un astronauta y un vehículo con diferente potencial eléctrico es precisamente la situación que la NASA busca controlar en futuras expediciones. © NASA / Johnson Space Center.

En la Tierra, una persona puede experimentar una pequeña descarga después de caminar sobre una alfombra y tocar un objeto metálico. En la Luna existe un mecanismo parecido, pero con complicaciones mucho mayores. Según explica la NASA en la presentación oficial del concurso, los trajes espaciales pueden acumular electricidad mediante dos procesos.

El primero es la triboelectricidad, generada por el contacto y la separación de materiales. La interacción de las botas con el regolito lunar, el roce del polvo contra el traje y la fricción entre sus componentes pueden contribuir a esa acumulación. El segundo proceso está relacionado con el plasma espacial, formado por partículas eléctricamente cargadas. Su interacción con los materiales puede modificar el potencial eléctrico del traje.

La situación se complica en las regiones permanentemente sombreadas del polo sur lunar, uno de los grandes objetivos de las futuras misiones Artemis. Cuando una superficie recibe luz solar, la radiación puede liberar electrones y alterar su carga eléctrica. En la oscuridad, ese mecanismo desaparece, lo que favorece condiciones en las que el traje puede alcanzar un potencial muy negativo.

Un astronauta cargado negativamente frente a una nave cargada positivamente

La NASA descubrió un peligro inesperado para sus astronautas en la Luna. Ahora ofrece 150.000 dólares para evitar que una simple chispa termine en desastre
El astronauta David Scott utiliza un taladro sobre la superficie lunar durante la misión Apolo 15, en agosto de 1971. El contacto entre las botas, el traje y el polvo es uno de los mecanismos capaces de generar electricidad estática. © NASA.

El escenario que preocupa a los ingenieros ocurre al finalizar una caminata espacial. Un astronauta que ha atravesado zonas oscuras podría regresar con su traje cargado negativamente. Mientras tanto, el módulo lunar, expuesto a la luz solar, podría mantener un potencial ligeramente positivo.

Cuando ambos entran en contacto, esa diferencia puede provocar una descarga electrostática repentina. La NASA advierte que el fenómeno podría deteriorar capas protectoras del traje, dañar componentes electrónicos o producir una descarga peligrosa para la tripulación. También preocupa su posible interacción con entornos enriquecidos con oxígeno.

Eso no significa que los astronautas vayan a incendiar automáticamente una nave al regresar, ni que se haya documentado un accidente de este tipo durante las misiones Apolo. Se trata de un riesgo técnico que debe prevenirse antes de realizar operaciones más prolongadas y frecuentes, especialmente en regiones del satélite donde todavía no han trabajado astronautas.

La ausencia de una atmósfera densa tampoco elimina la posibilidad de una descarga: el fenómeno puede manifestarse en condiciones de vacío, dependiendo de los materiales, las distancias y los potenciales eléctricos involucrados.

La solución debe funcionar en condiciones extremas y sin complicar el traje espacial

El Lunar Grounding Challenge comenzó el 5 de octubre de 2026 y permanecerá abierto hasta el 15 de enero de 2027. La agencia busca propuestas capaces de neutralizar de manera segura la carga acumulada antes de que los astronautas interactúen directamente con el módulo de aterrizaje.

Las soluciones deberán adaptarse a las exigencias de una misión lunar: poco peso, dimensiones reducidas, consumo energético limitado y resistencia a múltiples caminatas espaciales. No basta con conectar un cable al suelo. A diferencia de las instalaciones terrestres, la superficie lunar no ofrece una referencia eléctrica equivalente a una toma de tierra convencional.

El sistema deberá controlar la diferencia de potencial sin generar justamente la chispa que intenta evitar. Las futuras misiones Artemis pretenden ampliar la presencia humana en la Luna y explorar regiones donde podrían existir depósitos de hielo de agua. Pero permanecer más tiempo sobre la superficie también significa enfrentarse a problemas que las breves expediciones Apolo no tuvieron que resolver a esa escala.

El concurso demuestra que, para regresar y trabajar de manera sostenida en la Luna, no alcanza con desarrollar cohetes más potentes o mejores módulos espaciales. A veces, uno de los problemas más importantes puede comenzar con un simple paso sobre el polvo lunar.

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