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Ciencia

El astronauta Bruce McCandless se soltó del Challenger y comenzó a alejarse sin un solo cable. A casi 100 metros de la nave, se convirtió en el primer «satélite humano» de la historia

Solo llevaba una mochila impulsada por nitrógeno para controlar su movimiento y regresar. La histórica prueba demostró que un astronauta podía volar libremente alrededor de la Tierra, pero la tecnología tuvo una vida sorprendentemente corta.
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Bruce McCandless salió de la bodega del transbordador Challenger y dejó atrás el último punto que lo conectaba físicamente con la nave.

No había una cuerda de seguridad preparada para detenerlo. Tampoco un brazo robótico que lo sujetara. Alrededor solo quedaban el vacío, la Tierra y una mochila blanca que nadie había utilizado antes en una misión real.

Entonces comenzó a alejarse.

Era el 7 de febrero de 1984 y el astronauta participaba en la misión STS-41B. Mientras avanzaba, intentó relajar a su familia y a los controladores de Houston con una frase inspirada en Neil Armstrong: aquello podía haber sido un pequeño paso para Neil, pero era “un salto enorme” para él.

McCandless terminó situándose a unos 98 metros del Challenger. Nunca un ser humano había realizado una caminata espacial completamente separado de su nave. El Smithsonian lo describe como el primer “satélite humano”, una persona volando de manera autónoma en órbita.

La única forma de regresar estaba colocada sobre su espalda

El astronauta Bruce McCandless se soltó del Challenger y comenzó a alejarse sin un solo cable. A casi 100 metros de la nave, se convirtió en el primer «satélite humano» de la historia
© NASA.

La mochila se llamaba Unidad de Maniobra Tripulada, o MMU por sus siglas en inglés. Había sido desarrollada para permitir que los astronautas se alejaran del transbordador, alcanzaran satélites y trabajaran en lugares inaccesibles para una persona atada mediante cables.

El dispositivo incorporaba 24 pequeños propulsores alimentados con nitrógeno gaseoso. McCandless los controlaba mediante dos mandos situados en los reposabrazos y podía desplazarse hacia delante, retroceder, ascender, descender o girar en cualquier dirección.

No necesitaba acelerar demasiado. El astronauta y el Challenger ya recorrían juntos la órbita terrestre a unos 28.000 kilómetros por hora. Bastaba con modificar ligeramente su velocidad relativa para abrir la distancia entre ambos.

La NASA había estudiado sistemas semejantes durante décadas, pero los diseños anteriores eran difíciles de controlar o demasiado limitados. La MMU representaba finalmente un pequeño vehículo espacial individual capaz de moverse en seis direcciones.

El vuelo tampoco fue una improvisación suicida. La mochila contaba con sistemas redundantes, los astronautas habían realizado extensos entrenamientos y el transbordador podía maniobrar para intentar recuperarlos si aparecía un problema grave.

La fotografía ocultó el miedo que existía dentro de la NASA

El astronauta Bruce McCandless se soltó del Challenger y comenzó a alejarse sin un solo cable. A casi 100 metros de la nave, se convirtió en el primer «satélite humano» de la historia
© NASA.

Mientras McCandless flotaba sobre la Tierra, el piloto Robert “Hoot” Gibson tomó una de las imágenes más famosas de la historia espacial. El visor dorado impedía reconocer el rostro del astronauta y su cuerpo aparecía completamente aislado contra el planeta.

McCandless explicaría después que ese anonimato permitía que cualquier persona imaginara que ocupaba su lugar.

La serenidad de la fotografía no muestra la preocupación existente en el control de la misión. Hasta entonces, los astronautas siempre habían permanecido sujetos durante sus caminatas espaciales. Un error de propulsión o de orientación podía dejar a McCandless girando sin control o alejándose en una trayectoria difícil de corregir.

La prueba funcionó. Robert Stewart repitió el vuelo durante la misma misión y la MMU regresó al espacio en otras operaciones de 1984. Su demostración más espectacular llegó cuando los astronautas utilizaron estas mochilas para capturar los satélites de comunicaciones Westar VI y Palapa B2 y devolverlos a la bodega del Discovery.

La NASA abandonó la mochila después de solo tres misiones

Pese al éxito, las MMU únicamente volaron en tres misiones del transbordador durante 1984. Después del desastre del Challenger, ocurrido en 1986, la NASA revisó los riesgos del programa y decidió que seguir utilizando aquellos vehículos exigiría modificaciones costosas.

Además, muchas de las tareas previstas para la mochila podían resolverse moviendo el propio transbordador, empleando su brazo robótico o realizando caminatas convencionales con cables. La retirada de la NASA de las operaciones comerciales con satélites eliminó otra de sus principales utilidades.

La idea sobrevivió de una forma mucho más pequeña. En 1994, la misión STS-64 probó SAFER, una unidad diseñada para rescatar a un astronauta que pierda accidentalmente su cable. Actualmente se utiliza como sistema de emergencia durante las caminatas espaciales de la Estación Espacial Internacional, no como un vehículo para volar libremente.

La MMU terminó convertida en una pieza de museo. Su gran legado no fue transformar el trabajo orbital, sino producir un instante irrepetible: un hombre separado de cualquier nave, orbitando sobre la Tierra y confiando su regreso a 24 pequeños chorros de nitrógeno.

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