La humanidad lleva décadas imaginando el momento en que los primeros astronautas pisen Marte. Las agencias espaciales investigan nuevas naves, sistemas de propulsión y tecnologías capaces de mantener con vida a una tripulación durante un viaje interplanetario. Sin embargo, hay un problema que ningún cohete más potente puede resolver por sí solo: el cuerpo humano.
Sophie Adenot acaba de comprobarlo personalmente. La astronauta francesa de la Agencia Espacial Europea (ESA) regresó el 8 de octubre después de pasar 237 días, casi ocho meses, en la Estación Espacial Internacional. Y aunque su misión fue un éxito, la experiencia posterior al amerizaje la llevó a lanzar una advertencia contundente.
«No estamos preparados para ir a Marte», afirmó durante una conferencia de prensa celebrada el 13 de octubre. La frase no surgió de una simulación ni de una hipótesis científica, sino de las dificultades físicas que experimentó inmediatamente después de regresar a la gravedad terrestre.
Ocho meses en órbita fueron suficientes para descubrir el problema

Adenot formó parte de la misión Crew-12 junto con Jessica Meir, Jack Hathaway y Andrey Fedyaev. Durante su estancia en la estación orbital participó en investigaciones científicas, actividades de mantenimiento y caminatas espaciales. Según confirmó la Agencia Espacial Europea en su comunicado oficial sobre el regreso de Crew-12, la astronauta volvió a la Tierra el 8 de octubre y comenzó un proceso de rehabilitación para recuperar su adaptación a la gravedad.
El regreso resultó especialmente difícil. Adenot describió una intensa sensación de debilidad y episodios de vómitos, síntomas que pueden aparecer cuando el organismo intenta volver a funcionar bajo la gravedad terrestre. Según relató, su primera reacción después de salir de la cápsula fue pedir que la enviaran nuevamente al espacio, porque allí se encontraba mejor.
La segunda fue advertir que una misión a Marte, con la tecnología disponible, podría enfrentar dificultades mucho mayores. El problema es que un viaje hacia el planeta rojo puede durar entre seis y nueve meses, aproximadamente el mismo tiempo que Adenot permaneció en órbita. Pero los astronautas no llegarían a un laboratorio preparado para su recuperación: tendrían que aterrizar, operar sistemas complejos y comenzar a trabajar en un ambiente hostil.
Marte podría exigirle al cuerpo humano algo para lo que todavía no está preparado

La ingravidez prolongada altera numerosos sistemas del organismo. Los músculos pierden fuerza, los huesos disminuyen su densidad y los mecanismos responsables del equilibrio deben adaptarse a la ausencia de peso. La NASA explica en su programa de investigación sobre los efectos de la gravedad que estas transiciones pueden afectar la coordinación, la orientación espacial y la capacidad de desplazamiento. Incluso levantarse o caminar puede convertirse en una tarea complicada después de un vuelo prolongado.
En la Estación Espacial Internacional, los astronautas cuentan con equipos de ejercicio, instalaciones médicas y la posibilidad de regresar relativamente rápido a la Tierra. Una tripulación rumbo a Marte tendría mucho menos espacio y estaría mucho más lejos de cualquier asistencia. Además, enfrentaría otro desafío: la exposición a la radiación cósmica fuera de la protección del campo magnético terrestre.
Como advierte la NASA en su análisis de los riesgos de radiación espacial, las partículas de alta energía pueden incrementar el riesgo de cáncer y provocar daños en distintos tejidos, incluidos los del sistema nervioso. Por eso, una misión marciana no consiste únicamente en sobrevivir al trayecto. También exige que los astronautas lleguen en condiciones de trabajar.
La solución podría obligarnos a cambiar por completo las naves espaciales

Para Adenot, superar estas limitaciones requerirá avances tecnológicos importantes. Entre las posibilidades mencionó acortar los tiempos de viaje y desarrollar sistemas de gravedad artificial. Una nave que girase sobre su propio eje, o que utilizara una estructura rotatoria, podría generar una aceleración semejante a la gravedad mediante la rotación. Sin embargo, todavía no existe un sistema de estas características validado para transportar seres humanos durante una misión interplanetaria.
La ESA ya investiga cómo reducir el deterioro físico durante las misiones prolongadas, mientras la NASA estudia los cinco grandes peligros de los vuelos espaciales tripulados, desde el aislamiento hasta la radiación y los cambios gravitatorios. La advertencia de Adenot no significa que viajar a Marte sea imposible ni que las futuras misiones estén condenadas al fracaso. Refleja las limitaciones que todavía deben resolverse para hacerlas suficientemente seguras.
La paradoja es que cada misión espacial demuestra cuánto hemos avanzado, pero también expone todo lo que nos falta aprender. Después de 237 días orbitando la Tierra, Adenot regresó con una certeza: llegar a Marte será un logro extraordinario, aunque hacerlo sin poner en peligro la capacidad física de sus exploradores será un desafío todavía mayor.