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Ciencia

No son solo alimento: las funciones secretas de los insectos que sostienen los ecosistemas

Unas criaturas diminutas, durante millones de años, construyeron una red invisible que sostiene a animales, plantas y ecosistemas. Ahora esa red comienza a romperse.
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Hay criaturas que pasan prácticamente desapercibidas. Caminan por el suelo, vuelan entre las plantas, excavan bajo tierra o aparecen durante unos segundos sobre una ventana. Para muchas personas son apenas una molestia, una fuente de miedo o, en el mejor de los casos, una parte más del paisaje. Sin embargo, detrás de ese mundo diminuto existe una infraestructura biológica mucho más importante de lo que imaginábamos.

Los insectos llevan cientos de millones de años participando en la construcción y el mantenimiento de los ecosistemas. Alimentan a otros animales, transportan polen, reciclan nutrientes, modifican el suelo y hasta proporcionan refugio, protección o recursos medicinales a otras especies.

Y cuanto más los estudian los científicos, más funciones inesperadas aparecen. El problema es que, mientras empezamos a comprender su verdadera importancia, también estamos observando cómo sus poblaciones disminuyen.

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© Dmytro Koplyk – Pexels

Una diversidad que todavía no conocemos

Los insectos aparecieron en la Tierra hace aproximadamente 480 millones de años, mucho antes que los seres humanos. Desde entonces se diversificaron hasta convertirse en uno de los grupos animales más numerosos y variados del planeta. La ciencia ya ha descrito más de 1,1 millones de especies. Pero esa cifra podría representar apenas una pequeña fracción de las que existen realmente.

Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences elevó las estimaciones hasta situarlas entre 14 y 20 millones de especies, aunque algunos cálculos contemplan incluso cifras cercanas a los 30 millones. Eso significa que la mayoría de los insectos que habitan el planeta todavía son desconocidos para la ciencia. Pero existe otra cuestión igual de sorprendente: tampoco conocemos por completo todo lo que hacen.

Un nuevo trabajo internacional, liderado por investigadores de la Universidad de Binghamton y publicado en Nature Reviews Biodiversity, recopiló décadas de investigaciones para analizar las funciones que desempeñan estos animales en los ecosistemas. La conclusión es contundente: considerarlos simplemente como alimento para aves, murciélagos, reptiles o anfibios es quedarse muy lejos de la realidad. Los insectos también construyen, protegen, limpian, fertilizan, transportan y transforman.

Cuando un insecto se convierte en refugio, medicina o defensa

Algunos de los ejemplos recopilados por los investigadores parecen sacados de una historia de ciencia ficción. Se ha observado que determinados chimpancés utilizan insectos sobre sus heridas, en un comportamiento que podría estar relacionado con la limpieza o protección de las lesiones. En otras especies, la relación es todavía más peculiar.

Algunas aves utilizan insectos como señuelo para atraer peces y conseguir alimento. Los perezosos, por su parte, mantienen una relación compleja con las polillas que viven en su pelaje y que están vinculadas al crecimiento de algas sobre el animal. En otros casos, los insectos funcionan como auténticos arquitectos.

Numerosas aves y reptiles aprovechan termiteros para depositar sus huevos, ya que estas estructuras pueden ofrecer condiciones de temperatura y humedad más estables que el ambiente exterior. Algunas ranas que viven en regiones desérticas también buscan refugio dentro de hormigueros para escapar de la extrema sequedad. La relación puede llegar incluso a convertirse en un sistema de defensa.

Más de 200 especies de aves utilizan hormigas trituradas durante su acicalamiento. Otras incorporan seda de arañas e insectos a sus nidos. Algunas construyen sus refugios cerca de colonias de avispas, aprovechando la presencia de estos insectos agresivos como protección frente a posibles depredadores. En estos casos, los insectos dejan de ser simplemente una fuente de alimento. Se convierten en herramientas, viviendas, aliados y elementos esenciales para la supervivencia.

Los ingenieros invisibles de los ecosistemas

La influencia de los insectos también puede observarse a una escala mucho mayor. Hormigas y termitas excavan túneles, remueven el suelo y favorecen su aireación. Otros insectos participan en la descomposición de materia orgánica y aceleran el reciclaje de nutrientes. Algunos dispersan semillas y otros mantienen bajo control las poblaciones de organismos que podrían convertirse en plagas.

Después están los polinizadores. Abejas, mariposas, escarabajos, moscas y muchos otros insectos permiten que numerosas plantas puedan reproducirse. Algunas de esas plantas son fundamentales para los ecosistemas y otras forman parte directa de nuestra alimentación. Por eso la desaparición de insectos no implicaría únicamente perder animales pequeños que rara vez vemos. Significaría alterar procesos que ocurren constantemente a nuestro alrededor. El problema adquiere otra dimensión cuando se observa la tendencia de sus poblaciones.

Los investigadores señalan que los insectos están disminuyendo aproximadamente entre un 1 % y un 2 % cada año. Una reducción anual puede parecer pequeña cuando se observa de forma aislada, pero acumulada durante décadas puede transformar por completo un ecosistema.
Y ahí aparece la verdadera preocupación.

Si desaparecen ellos, el problema no termina con ellos

La red internacional Status of Insects reúne a ecólogos, entomólogos y especialistas en datos para comprender mejor la magnitud de este declive y buscar estrategias de conservación. Para los científicos, proteger a los insectos no es una cuestión secundaria dentro de la conservación de la biodiversidad. Es una pieza fundamental.

La razón es sencilla: muchos vertebrados dependen de ellos directa o indirectamente. Si disminuye la cantidad de insectos disponibles, las consecuencias pueden trasladarse a aves, anfibios, reptiles, mamíferos y finalmente a las plantas y ecosistemas que dependen de todos ellos.
La paradoja es difícil de ignorar. Mientras descubrimos que podrían existir decenas de millones de especies de insectos y que muchas realizan funciones que todavía no comprendemos, sus poblaciones están descendiendo.

Todavía desconocemos buena parte de esa maquinaria biológica. Pero ya sabemos suficiente para entender algo esencial: los insectos no ocupan un lugar secundario en la naturaleza. Son parte de la estructura que permite que el resto funcione. Y si esa estructura comienza a desaparecer, las consecuencias podrían alcanzar mucho más lejos de lo que imaginamos.

 

[Fuente: ABC]

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