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Ciencia

La NASA pesó el agua del planeta desde el espacio y encontró una sorpresa: en algunas regiones, los cultivos están llenando los acuíferos

En 40 regiones, la actividad humana pesa más que el clima. La mayoría pierde agua por el riego, pero en Brasil y en África ocurre lo contrario
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No se puede ver el agua que hay bajo tierra, pero sí se puede pesar. Desde 2002, dos parejas de satélites de la NASA miden pequeñísimas variaciones en el campo gravitatorio de la Tierra. Cuando una región pierde o gana agua, ya sea en acuíferos, suelos, lagos o glaciares, su masa cambia, y esos satélites lo detectan.

Un nuevo estudio usó más de dos décadas de esos datos para responder una pregunta clave: ¿cuánto de lo que cambia en las reservas de agua dulce del planeta se debe al clima y cuánto a lo que hacemos los humanos? La respuesta incluye algunas sorpresas.

Un mapa con mucha más resolución

Planeta Tierra
© Carl Wang – Unsplash

El trabajo, publicado en la revista PNAS por investigadores del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA y de la Universidad de Maryland, analizó los datos de las misiones GRACE y GRACE-FO entre abril de 2002 y noviembre de 2025.

Con un nuevo método de procesamiento, el equipo obtuvo mapas con una resolución entre 5 y 10 veces mayor que la de estudios anteriores. Antes, los cambios solo podían detectarse con fiabilidad en zonas de unos 150.000 kilómetros cuadrados o más. Ahora es posible ver lo que ocurre en regiones mucho más pequeñas y vincularlo con actividades concretas.

Donde el riego vacía los acuíferos

Los investigadores identificaron 40 regiones fuera de los polos donde los cambios en el almacenamiento de agua están estrechamente ligados a la actividad humana. En cuatro de ellas, un factor humano explica mejor la tendencia que cualquier variable climática. «Una variable antropogénica mostró una relación más estrecha con las tendencias de almacenamiento», explicó Mary Michael O’Neill, hidróloga de la NASA y autora principal.

Los casos más claros de pérdida están en zonas agrícolas que dependen del bombeo de agua subterránea: el Valle Central de California, las Grandes Llanuras del sur de Estados Unidos, el estado mexicano de Chihuahua y el norte de India. Allí, las sequías aumentaron la dependencia del riego con agua de pozo. En el norte de India, la caída resultó más pronunciada de lo que estimaban trabajos previos.

El caso del Himalaya es revelador. Aunque el retroceso de los glaciares suele llevarse toda la atención, según el estudio explica solo alrededor del 15% de la pérdida de agua de esa región. El resto se atribuye sobre todo a la extracción de agua subterránea.

Cuando los cultivos suman agua

Africa
© Por NASA – NASA, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=113378

Lo inesperado apareció en el otro extremo. En algunas zonas, la actividad humana está aumentando las reservas de agua. En el África subsahariana, donde la sabana fue reemplazada por cultivos de mijo de secano, los niveles freáticos subieron pese a que llovió menos de lo normal.

Algo parecido ocurre en Maranhão, en el norte de Brasil, donde la expansión de la soja sobre bosques y matorrales probablemente aumentó la recarga de los acuíferos poco profundos. Los investigadores creen que influyen el uso de agua de esos cultivos y las prácticas locales de manejo del suelo. Eso no significa que la deforestación sea positiva, pero muestra lo profundamente que el uso del suelo altera el ciclo del agua.

Los embalses y canales también dejan su huella. La represa de Boguchany, sobre el río Angará, en Rusia, mostró la mayor tendencia de aumento en el norte de Asia, y el canal de Karakum, en Turkmenistán, que desvía agua para riego, filtra parte de ella hacia el subsuelo.

Un balance negativo

A pesar de esos casos, el panorama general es preocupante. Según el estudio, en todos los continentes fuera de los polos, excepto Australia, las pérdidas superaron a las ganancias. Además, las estimaciones anteriores de cuánta agua se pierde por el bombeo subterráneo eran, en promedio, un 45% más bajas que las nuevas cifras.

Para los autores, conocer con precisión dónde y por qué cambia el agua es clave para gestionarla mejor. Los acuíferos tardan décadas o siglos en recargarse, y en muchas de las regiones agrícolas más importantes del mundo se están vaciando más rápido de lo que se creía.

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