Desde noviembre de 2000, la humanidad nunca ha dejado de tener presencia en la órbita terrestre baja gracias a la Estación Espacial Internacional. Sin embargo, un cambio de rumbo en los planes de la NASA sugiere que esa continuidad podría llegar a su fin. La agencia espacial estadounidense ha redefinido los lineamientos de su programa para estaciones espaciales comerciales, priorizando la flexibilidad sobre la permanencia.
Un cambio estratégico en el programa CLD

El programa Commercial Low Earth Orbit Destination (CLD) nació con la idea de garantizar estaciones comerciales certificadas para albergar astronautas de la NASA. Pero el nuevo memorando interno transforma ese modelo: ya no habrá contratos de precio fijo, sino acuerdos bajo la Space Act, más ágiles y menos restrictivos.
Con este giro, la NASA busca acelerar el desarrollo de proyectos aún inmaduros y reducir riesgos financieros. Se adjudicarán al menos dos acuerdos financiados que acompañen a las empresas hasta la fase crítica de diseño y posteriores demostraciones en vuelo, aunque sin exigir de inmediato la certificación para astronautas de la agencia.
Estaciones espaciales comerciales en competencia

Actualmente, tres actores lideran la carrera. Axiom Space desarrolla módulos que primero se acoplarán a la ISS antes de transformarse en estación independiente. Blue Origin y Starlab Space, en tanto, avanzan en conceptos preliminares con apoyo técnico y financiamiento de la NASA. Otros convenios, aunque sin fondos directos, permiten a la agencia aportar asesoría en ingeniería y operaciones.
Según Dylan Taylor, CEO de Voyager Technologies, el programa mantiene un presupuesto “sólido” y en crecimiento. La convocatoria para la nueva Fase 2 debería publicarse antes de fin de año, con selección de adjudicatarios en 2026.
Fin de la continuidad en órbita baja
La modificación más simbólica es la eliminación de la exigencia de presencia humana permanente. Hasta ahora, las estaciones debían alojar cuatro personas durante seis meses de manera continua. Con el nuevo enfoque, bastará con capacidad para una tripulación de un mes, abriendo la puerta a estancias intermitentes.
Este cambio rompe con la política que desde el 2000 aseguraba ocupación constante en la ISS y que aspiraba a extenderse a las futuras estaciones privadas. El documento advierte, además, que la estrategia original implicaba un riesgo financiero de hasta 4.000 millones de dólares.
Con acuerdos más flexibles y un horizonte presupuestario incierto, la NASA prioriza evitar un vacío de acceso humano a la órbita baja. Sin embargo, el precio podría ser el fin de una continuidad que se había convertido en símbolo de la presencia ininterrumpida de la humanidad en el espacio.