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Ciencia

La ola que cruzó el Pacífico y la vio el espacio: así captó la NASA un tsunami en tiempo casi real

Un terremoto de magnitud 8,8 frente a la península de Kamchatka, en Rusia, desencadenó en julio de 2025 un tsunami de alcance oceánico. No fue el mayor sismo jamás registrado, pero sí el primero observado con un nivel de detalle sin precedentes desde el espacio. El protagonista: NASA y su satélite SWOT, capaz de medir variaciones de apenas centímetros en la superficie del mar.
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Una ruptura profunda, una señal clara

El evento ocurrió en la activa zona de subducción Kuriles-Kamchatka, donde la placa del Pacífico se introduce bajo la de América del Norte. La ruptura se extendió unos 400 kilómetros y elevó el fondo marino hasta cuatro metros en su sector central. A diferencia del devastador terremoto de 1952, el deslizamiento de 2025 fue más profundo y no alcanzó la fosa oceánica, lo que explica un tsunami menos destructivo pese a la gran magnitud.

El valor de ver lo “invisible”

Durante su órbita, SWOT atravesó la región afectada y registró el paso de la onda en una franja de 120 km de ancho. En apenas cuatro minutos, el radar detectó ondulaciones milimétricas que coincidían con la propagación del tsunami. Por primera vez, la ciencia pudo seguir cómo una ola gigante se dispersa, se deforma y genera frentes secundarios en mar abierto.

Estas observaciones se contrastaron con los datos del sistema DART, una red de boyas que mide cambios de presión en el fondo oceánico, y con los modelos iniciales del USGS. El resultado fue revelador: los modelos tradicionales no encajaban del todo. Al combinar mediciones satelitales y boyas, los investigadores obtuvieron un modelo “híbrido” que ajusta mejor la fuente sísmica y la forma real de la onda.

Dispersión: la pieza que faltaba

Uno de los hallazgos clave fue la importancia de la dispersión. El frente principal del tsunami vino acompañado de trenes de ondas secundarias que los modelos clásicos no reproducían bien. Al incorporar ecuaciones más complejas (tipo Boussinesq), las simulaciones se acercaron a lo observado por SWOT, pero aún queda margen de mejora. La interacción entre la ola y la topografía submarina añade una complejidad que exige mayor resolución espacial y temporal.

Qué cambia a partir de ahora

SWOT no envía datos en tiempo real —la latencia actual es de varios días—, por lo que no sustituye a los sistemas de alerta. Pero su impacto es enorme para el análisis posterior y la mejora de modelos. La lección es clara: no basta con la magnitud del terremoto; importa dónde se produce el deslizamiento y cómo se reparte a lo largo de la falla. Un sismo algo menor, si rompe cerca de la fosa, puede generar tsunamis mucho más peligrosos.

La observación directa desde el espacio abre una nueva era para entender los tsunamis. Verlos nacer, viajar y dispersarse en el océano no solo reescribe parte de lo que creíamos sobre estos fenómenos: también afina la prevención y, a largo plazo, puede salvar vidas.

Fuente: Xataka.

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