Durante siglos, se asumió que la historia del gato doméstico estaba bastante clara. Sin embargo, la aparición de ADN antiguo ha cambiado la conversación. Investigaciones recientes demuestran que nuestros felinos tienen una trayectoria mucho más compleja, llena de migraciones, especies que convivieron sin domesticarse y contactos humanos que se remontan a civilizaciones y rutas comerciales milenarias. El retrato tradicional comienza a desdibujarse mientras surge un relato mucho más fascinante.
El origen que no era el que imaginábamos
La teoría clásica situaba el inicio de la convivencia entre humanos y gatos hace unos 9.500 años, en el Levante, coincidiendo con el surgimiento de la agricultura. Los graneros atrajeron roedores y, a su vez, a los gatos monteses, creando una relación beneficiosa para ambos. De hecho, los restos felinos más antiguos conocidos provienen de un entierro en Chipre de aquella época.
Pero los análisis genéticos más recientes han dado un giro radical a esta narrativa. Un estudio publicado en Science, basado en 87 genomas antiguos y modernos, revela que el gato doméstico moderno (Felis catus) no se originó en el Levante, sino en el norte de África. Allí, sus ancestros estaban estrechamente vinculados al gato montés africano, Felis lybica lybica.
Según los investigadores, estos felinos establecieron la base genética del gato doméstico actual y se expandieron por Europa impulsados por la influencia del Imperio romano hace unos 2.000 años.
Viajes inesperados y felinos que convivieron sin domesticarse
Otra investigación complementaria, publicada en Cell Genomics, analizó el ADN de 22 huesos recuperados en China a lo largo de 5.000 años. El resultado sorprendió a los científicos: los gatos domésticos llegaron a China hacia el año 730 d.C., probablemente a través de la Ruta de la Seda. Antes de esa fecha, otra especie totalmente distinta convivió con los humanos.
Se trata del Prionailurus bengalensis, conocido como gato leopardo. Sus restos, encontrados previamente en yacimientos chinos, fueron confirmados en este nuevo análisis. Este felino asiático, pequeño y esquivo, mantuvo una relación “comensal” con los humanos: cazaba roedores en los asentamientos y encontraba alimento abundante, pero nunca llegó a domesticarse plenamente.
Shu-jin Luo, uno de los autores principales, explica que los gatos leopardos coexistieron con humanos durante más de 3.500 años, aunque sin mostrar los rasgos conductuales que caracterizan la domesticación. A diferencia de los gatos domésticos, eran depredadores oportunistas y conocidos por atacar aves de corral, lo que dificultaba una convivencia estable.

Desaparición de un vecino incómodo
La relación entre humanos y gatos leopardos terminó con el tiempo. Su presencia se volvió menos tolerada a medida que la cría de aves pasó de sistemas abiertos a jaulas más controladas. Además, los cambios ambientales entre la caída de la dinastía Han y el ascenso de la dinastía Tang (un periodo frío y seco) redujeron la disponibilidad de recursos para esta especie.
Aunque desaparecieron de los asentamientos humanos, no se extinguieron. Simplemente regresaron a los bosques, donde aún viven como vecinos discretos y difícilmente visibles.
Según William Taylor, arqueólogo que estudia la domesticación animal, las transformaciones agrícolas generaron nuevas dinámicas con muchas especies. El estudio del ADN antiguo permite seguir estas interacciones y entender cómo las rutas comerciales conectaron culturas, animales y prácticas a gran escala.
La huella de Egipto y la expansión global
Que el linaje del gato doméstico provenga del norte de África no sorprende del todo a los especialistas. En el antiguo Egipto, los gatos eran figuras prominentes: se los representaba con joyas, formando parte de las familias o apareciendo como símbolos sagrados en templos y tumbas.
Aun así, los nuevos datos indican que el proceso de domesticación no necesariamente ocurrió solo allí. Algunos felinos pudieron convivir con humanos en otras regiones sin haber sido domesticados por completo.
Los yacimientos europeos anteriores al 200 a.C. muestran restos de Felis silvestris, el gato montés europeo, cuyos esqueletos se confunden fácilmente con los de gatos domésticos. Esto sugiere que estos animales también habitaron cerca de humanos sin integrarse completamente en sus hogares.
Una historia aún llena de incógnitas
Aunque los estudios recientes reescriben buena parte de lo que creíamos, la historia no está cerrada. La falta de muestras arqueológicas en regiones clave como el norte de África o el suroeste asiático deja preguntas abiertas sobre cómo y dónde comenzó realmente la domesticación.
Jonathan Losos, biólogo especializado en felinos, recuerda que los gatos “siempre fueron como esfinges: revelan sus secretos lentamente”. Hace falta más ADN antiguo para completar el rompecabezas de su origen.
Pero algo ya es claro: la historia de los gatos es mucho más compleja, cambiante y sorprendente de lo que imaginamos. Un relato que atraviesa continentes, imperios, rutas comerciales y miles de años… y que sigue evolucionando cada vez que descubrimos un nuevo fragmento.
[Fuente: CNN Español]