Desde los faraones hasta los laboratorios actuales, el ser humano ha buscado alargar su existencia. Entre la obsesión por la inmortalidad y las realidades médicas de nuestro tiempo, científicos como Manel Esteller —catedrático de Genética de la Universidad de Barcelona— ponen matices: no viviremos para siempre, pero vivir 150 años podría dejar de sonar a quimera.
Entre el mito de la inmortalidad y los límites biológicos

El debate se reavivó tras unas declaraciones del presidente ruso Vladímir Putin a Xi Jinping, en las que defendía la idea de “rejuvenecer” a través de trasplantes continuos de órganos. Esteller reconoce que los trasplantes mejoran calidad y longevidad, pero advierte: reconstruir un cuerpo pieza a pieza no es viable. El gran obstáculo es el cerebro, órgano que define la identidad y que, como todos, envejece.
El récord humano, aún en manos de Jeanne Calment con 122 años, marca lo que parece un límite natural. “Nuestras células no pueden resistir más de 120 años”, explica Esteller, aunque añade que la biomedicina podría desafiar poco a poco esa barrera.
La clave: no solo vivir más, sino mejor

El genetista recuerda que la pregunta crucial no es llegar a los 150, sino en qué estado. A los 50 aparecen las primeras señales del envejecimiento; a los 65, el deterioro se acelera; y a los 70, el declive se hace evidente. Prolongar la vida sin atender a estas etapas sería extender la fragilidad, no la vitalidad. Por eso, las investigaciones se enfocan en ralentizar el desgaste celular y mejorar el metabolismo.
Ensayos en perros y el salto a los humanos
En Estados Unidos, más de 1.300 perros participan en un ensayo clínico pionero: una pastilla diaria que mejora su metabolismo y aumenta la esperanza de vida hasta un 30 %. La idea es trasladar después esa estrategia a humanos. Si funciona, podría abrir la puerta a tratamientos capaces de extender décadas la vida útil de nuestros órganos.
Esteller es cauto: la ciencia no está cerca de la inmortalidad, pero tampoco podemos descartar que, a largo plazo, vivir 150 años sea algo más que una fantasía. El verdadero reto no será alcanzar esa edad, sino hacerlo con un cuerpo y una mente capaces de sostenerla.