Ni nadan como peces, ni migran como aves, pero las ofiuras —estrechas parientes de las estrellas de mar— lograron colonizar los fondos oceánicos de todo el planeta. Invisibles para la mayoría y olvidadas en lo profundo, estas criaturas frágiles han tejido una red de conexiones evolutivas entre océanos. Un nuevo estudio reconstruye su historia a partir del ADN y plantea una nueva urgencia: proteger el último refugio silencioso del mundo.
Estrellas frágiles que cruzan los océanos sin moverse

Con cuerpos pequeños, brazos largos y una historia que se remonta más de 480 millones de años, las ofiuras habitan los fondos marinos más extremos. Aunque parecen inmóviles, su verdadera capacidad de movimiento se encuentra en sus larvas: microscópicas, resistentes y capaces de flotar durante semanas. Impulsadas por corrientes oceánicas profundas, pueden viajar miles de kilómetros, conectando ecosistemas de Islandia a Tasmania sin tocar tierra firme. Un equipo de más de 50 investigadores analizó el ADN de 2.600 ejemplares recolectados durante décadas y conservados en 48 museos. El resultado es un mapa genético sin precedentes que revela conexiones evolutivas entre especies separadas por continentes.
ADN en el abismo: una historia de migración silenciosa
El análisis genético mostró que especies del Atlántico Norte comparten vínculos con otras del sur de Australia, y que poblaciones de Nueva Zelanda están relacionadas con habitantes del Ártico. Esta dispersión asombrosa no significa uniformidad: los científicos también detectaron una enorme diversidad provocada por cambios climáticos, barreras geográficas y extinciones pasadas. “Las profundidades marinas no son un desierto aislado. Son una autopista global para la biodiversidad”, explicó Tim O’Hara, autor principal del estudio y curador del Instituto de Investigación de los Museos Victoria en Australia. Su trabajo, publicado en Nature, no solo resuelve un enigma evolutivo: redefine nuestra idea de cómo se estructura la vida en lo más profundo del planeta.
Fragilidad conectada: lo que está en juego
Las ofiuras no son solo una curiosidad científica. Al conectar los ecosistemas abisales, actúan como indicadores clave de salud ambiental. Pero esa red silenciosa ahora está amenazada. La minería submarina, la pesca de arrastre profunda y el cambio climático erosionan hábitats que tardaron milenios en formarse. “Comprender cómo se mueve la vida en estos entornos nos permite anticipar cómo protegerla”, dice O’Hara. Lo que antes creíamos remoto y aislado, hoy sabemos que está profundamente conectado. Y también, profundamente frágil.