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Ciencia

Un rojo en la oscuridad: Lo que vieron los científicos bajo el hielo antártico dejó al mundo sin palabras

Un equipo internacional logró filmar por primera vez a una criatura tan misteriosa como esquiva: el calamar gonado antártico. El hallazgo ocurrió en Navidad, a más de 2.000 metros de profundidad, y muestra una especie jamás captada viva en su entorno natural. Las imágenes revelan secretos que podrían cambiar lo que creemos saber sobre la vida en el océano profundo.
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La Antártida vuelve a estremecer a la comunidad científica, pero no por sus hielos ni por el cambio climático. Esta vez, el asombro llega desde las profundidades abisales: una expedición logró grabar a un ser que durante décadas fue apenas una sospecha biológica. Una mancha de sangre flotando en la nada. Un encuentro que puede reescribir lo que sabemos del fondo del mar.

Una criatura que solo existía en fragmentos

Un rojo en la oscuridad: lo que vieron los científicos bajo el hielo antártico dejó al mundo sin palabras
© ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute.

El protagonista del descubrimiento es el Gonatus antarcticus, un calamar que hasta ahora solo se conocía por partes halladas en redes de arrastre o dentro de estómagos de depredadores. Jamás se lo había observado vivo, y mucho menos en su hábitat natural: la zona batial del océano Antártico, donde la oscuridad es total y la presión, extrema.

El momento clave llegó el 25 de diciembre de 2024, a bordo del buque de investigación R/V Falkor. Usando un vehículo operado a distancia (ROV), los investigadores captaron imágenes de una figura rojiza de casi un metro de largo, suspendida en un silencio abismal a 2.152 metros de profundidad. El calamar parecía desplazarse sin esfuerzo, como una aparición viva de otro mundo.

Las imágenes fueron enviadas a Kat Bolstad, experta en cefalópodos de la Universidad Tecnológica de Auckland, quien confirmó su identidad: era el primer registro en video del escurridizo Gonatus antarcticus.

Superviviente de la zona de medianoche

Un rojo en la oscuridad: lo que vieron los científicos bajo el hielo antártico dejó al mundo sin palabras
© ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute.

Habitar la zona batial no es poca cosa. Esta franja submarina, entre los 1.000 y los 4.000 metros de profundidad, es tan ajena al ser humano como la superficie de la Luna. Allí no penetra la luz solar, y cada ser vivo ha tenido que desarrollar mecanismos extremos para adaptarse.

Durante el breve encuentro, el calamar liberó una nube de tinta verdosa, quizá confundido por el brillo artificial del ROV. Fue un reflejo defensivo que confirmó su sensibilidad a la intrusión. Gracias a la tecnología láser del vehículo, los científicos pudieron estimar su tamaño y notar uno de sus rasgos más llamativos: los grandes ganchos situados al final de sus dos tentáculos principales.

Según el ecólogo marino Alex Hayward, estos ganchos podrían ser esenciales para capturar presas en un ambiente donde cada movimiento cuenta. “En la oscuridad total, atrapar o ser atrapado puede depender de milésimas de segundo”, explicó.

Un aviso del océano: aún no lo hemos visto todo

El descubrimiento del calamar gonado antártico es más que un hito visual. Es una advertencia: los océanos profundos siguen guardando secretos que no imaginamos. La mayoría del fondo marino permanece inexplorado, incluso con todos los avances en vehículos autónomos y sensores.

Este hallazgo renueva el impulso por seguir investigando. Porque si una criatura de sangre roja pudo vivir tanto tiempo en el anonimato, ¿cuántas otras esperan aún ser vistas?

Y quizás, como en este caso, no hagan ruido. Solo floten, rojas e invisibles, en la noche eterna del mar.

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