Saltar al contenido
Ciencia

La tecnología ha empezado a descifrar cómo pensaban quienes levantaron los megalitos. Los datos revelan que no marcaban el territorio al azar, sino siguiendo una lógica del paisaje

Un estudio con LiDAR y análisis espacial muestra que los túmulos de la frontera entre España y Portugal responden a decisiones repetidas en el tiempo. No buscaban ver más, sino ocupar lugares con significado dentro del relieve.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Durante siglos, los megalitos de la frontera entre España y Portugal se han observado como restos silenciosos de un pasado difícil de interpretar. Estaban ahí, visibles, pero desconectados. Como si cada túmulo fuera una decisión aislada, sin relación con el resto.

Lo que acaba de cambiar no es el paisaje. Es nuestra forma de leerlo.

El momento en que el terreno empieza a tener sentido

La tecnología ha empezado a descifrar cómo pensaban quienes levantaron los megalitos. Los datos revelan que no marcaban el territorio al azar, sino siguiendo una lógica del paisaje
© Malopez 21 / Wikimedia.

Un estudio reciente en la Serra do Laboreiro, publicado en Journal of Archaeological Science: Reports, ha utilizado tecnología LiDAR y análisis espacial para hacer algo bastante inusual: reconstruir las decisiones que tomaron comunidades de hace miles de años sin necesidad de excavar. Y lo que aparece no es aleatorio.

A partir de cientos de posibles yacimientos, los investigadores lograron identificar con precisión casi 180 monumentos y analizar su relación con el entorno. No solo dónde están, sino por qué están ahí. Porque esa es la clave.

No elegían cualquier sitio, repetían una idea

El patrón más claro no tiene que ver con lo que veían… sino con dónde se posicionaban. Los túmulos se concentran en un rango muy concreto de altura, entre los 800 y los 1.200 metros. Pero no es solo cuestión de altitud. Es la repetición sistemática de un tipo de lugar: zonas elevadas, crestas marcadas, superficies estables en altura. Es como si esas comunidades compartieran una misma “intuición espacial”.

Una forma de reconocer qué lugares importaban.

El paisaje como referencia, no como fondo

Otro elemento que aparece con fuerza es la relación con las rocas. Los monumentos tienden a situarse cerca de afloramientos rocosos, puntos que destacan en el terreno y que probablemente funcionaban como referencias naturales. No solo prácticas, sino también simbólicas. Esto cambia la forma de entenderlos.

Los túmulos no están simplemente en el paisaje. Están alineados con él. Aprovechan sus formas, sus límites, sus puntos fuertes. Como si el territorio ya tuviera significado antes de que se construyera nada.

Lo más sorprendente: no buscaban ver más lejos

Hay un detalle que rompe bastante con la intuición moderna. No hay evidencia clara de que eligieran estos lugares para tener mayor visibilidad. No se trata de dominar el territorio desde lo alto, como podríamos imaginar. En cambio, lo que sí aparece es una relación con el horizonte.

Con las líneas del relieve. Con cómo el terreno se recorta frente al cielo. Esto sugiere algo distinto: no buscaban controlar el espacio, sino encajar en él.

Un paisaje que se construye generación tras generación

La tecnología ha empezado a descifrar cómo pensaban quienes levantaron los megalitos. Los datos revelan que no marcaban el territorio al azar, sino siguiendo una lógica del paisaje
© Ken Geiger.

El estudio también detecta un patrón temporal. Los nuevos túmulos no se levantaban en cualquier parte, sino cerca de otros ya existentes. Un proceso que los investigadores llaman “satelitización”. Pero más allá del término técnico, la idea es bastante humana.

Los lugares importantes se reutilizan. Se refuerzan. Se mantienen vivos. Eso convierte el paisaje en algo acumulativo, casi narrativo. No es una suma de puntos, sino una historia que se construye con cada generación.

Lo que la tecnología está revelando de nosotros mismos

Este tipo de análisis no solo aporta datos arqueológicos. También abre una ventana a algo más difícil de captar: la forma en que las personas pensaban el espacio. No como un mapa vacío, sino como un sistema de referencias, significados y decisiones compartidas.

Durante mucho tiempo, los megalitos parecían piezas sueltas. Ahora empiezan a verse como parte de una lógica. Y esa lógica, en el fondo, no está tan lejos de la nuestra: elegir dónde estar, qué lugares importan y cómo dejar una marca que otros puedan reconocer mucho después.

Compartir esta historia

Artículos relacionados