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Ciencia

La temperatura de la arena decide el sexo de una cría de tortuga marina antes de que nazca: 29 grados es la frontera exacta entre macho y hembra

Una tortuga marina no tiene cromosomas sexuales como los tenemos nosotros. Su sexo se define semanas después de la puesta, adentro del nido, según cuánto calor haya acumulado la arena que la rodea. Es uno de los mecanismos biológicos más sensibles al clima que existen, y en la costa caribeña de Costa Rica, donde cada temporada miles de hembras salen del mar para desovar, esa sensibilidad se estudia de cerca desde hace más de setenta años
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El mecanismo se llama determinación sexual dependiente de la temperatura (TSD, por sus siglas en inglés), y es común a todas las especies de tortuga marina. Según recopila la guía especializada Costa Rica Guide, si la temperatura dentro del nido se mantiene por debajo de los 27 grados Celsius durante el período crítico de incubación, todas las crías nacen machos; si supera los 30 grados, nacen todas hembras; y en el rango intermedio, la nidada produce una mezcla de ambos sexos. La revisión científica más reciente sobre el tema, centrada en tortugas baula, ubica el punto de equilibrio exacto (la temperatura que produce igual cantidad de machos y hembras) cerca de los 29 grados.

Ese único parámetro térmico tiene consecuencias que van mucho más allá de una sola nidada. Con el aumento global de las temperaturas, distintas poblaciones de tortuga marina en el mundo ya muestran una feminización progresiva de sus crías, un desbalance que, sostenido durante suficientes generaciones, puede comprometer la capacidad reproductiva futura de una población entera.

Tortuguero, la playa que puso a las tortugas en el mapa de la ciencia

Parque Nacional Tortuguero
© Victor Grecu – Shutterstock

A pocos kilómetros de Playa Tres, en Barra de Parismina, se extiende el Parque Nacional Tortuguero, hogar de la colonia de anidación de tortuga verde más grande de todo el hemisferio occidental. El biólogo Archie Carr empezó a monitorear ahí, en los años 50, el comportamiento reproductivo de estas tortugas, y ese trabajo se convirtió con el tiempo en uno de los programas de monitoreo de fauna silvestre más largos y continuos del planeta, sostenido desde entonces por la organización Sea Turtle Conservancy.

Ese historial de décadas permitió documentar algo que ninguna temporada aislada podría haber revelado: patrones de anidación a largo plazo, tasas de crecimiento, tendencias poblacionales, y hasta relaciones ecológicas inesperadas, como la de los jaguares que cazan tortugas verdes directamente en la playa durante la temporada de desove. Un estudio reciente documentó más de 300 tortugas verdes depredadas por jaguares cada año solo en Tortuguero, un nivel de interacción entre un gran felino y una especie marina que no tiene comparación conocida en ningún otro ecosistema del mundo.

Por qué los patrullajes nocturnos y la reubicación de nidos importan tanto

Nido De Tortuga
© byrdyak – Magnific

El trabajo de campo que se realiza en estas playas (caminatas nocturnas para identificar hembras anidadoras, toma de datos biométricos, reubicación de nidos vulnerables) no es una rutina simbólica: cada uno de esos pasos responde a un problema biológico concreto. La reubicación de nidos, en particular, exige mucho cuidado porque mover los huevos puede alterar la orientación original y, en consecuencia, modificar la temperatura de incubación real que van a recibir, con el riesgo de sesgar sin querer la proporción de sexos de toda una nidada.

La amenaza de la caza furtiva de huevos, uno de los motivos centrales detrás de este tipo de programas de conservación, se explica en parte por un rasgo reproductivo poco intuitivo: una hembra de tortuga verde puede depositar en promedio seis nidadas de unos 110 huevos cada una a lo largo de una sola temporada, y es capaz de almacenar esperma durante años, lo que le permite anidar varias veces sin necesidad de volver a aparearse. Esa fecundidad, sumada a la fidelidad de la especie por regresar a anidar en la misma playa donde nació (un fenómeno conocido como filopatría natal), hace que unas pocas playas concentren una porción desproporcionadamente grande de toda la actividad reproductiva de la especie en la región, lo que las vuelve, al mismo tiempo, extraordinariamente valiosas y extraordinariamente vulnerables.

Cuatro especies, cuatro estrategias distintas

La costa caribeña costarricense, entre Tortuguero y Gandoca-Manzanillo, recibe a cuatro especies de tortuga marina con biologías bastante distintas entre sí: la tortuga verde, la más numerosa de la región; la baula o laúd, la tortuga más grande que existe, capaz de superar el metro y medio de longitud, hoy en fuerte declive; la carey, con un patrón de caparazón muy codiciado históricamente por el comercio ilegal, lo que la dejó en niveles poblacionales extremadamente bajos; y la cabezona o caguama, menos frecuente en esta costa que en otras regiones del Caribe.

Cada una tiene ventanas de anidación, preferencias de playa y estrategias reproductivas propias, lo que en la práctica significa que un mismo tramo de costa puede funcionar como hábitat crítico para varias especies con calendarios biológicos completamente distintos a lo largo del año.

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