Rusia está acelerando uno de sus proyectos espaciales más ambiciosos: Rassvet, una futura constelación de satélites en órbita baja destinada a ofrecer internet de alta velocidad y convertirse en una alternativa nacional a redes como Starlink. El programa, desarrollado por la compañía rusa Bureau 1440, comenzó durante 2026 a desplegar sus primeras unidades operativas, pero los datos orbitales disponibles muestran que el proceso no está avanzando con la rapidez esperada.
La primera tanda de 16 satélites fue lanzada el 23 de marzo desde el cosmódromo de Plesetsk, mientras que otros 16 aparatos llegaron al espacio durante julio. Sin embargo, de esos 32 satélites, al menos tres probablemente sufrieron fallas completas y varios más todavía no consiguieron alcanzar las órbitas originalmente previstas.
Según análisis realizados a partir de datos independientes de seguimiento orbital, ninguno de los satélites habría llegado todavía a los aproximadamente 800 kilómetros de altitud contemplados inicialmente para el sistema. Doce de los aparatos lanzados en marzo se estabilizaron alrededor de los 500 kilómetros, mientras que uno apenas realizó maniobras antes de reingresar en la atmósfera durante junio y otros dos dejaron de elevar su órbita.
La segunda tanda también genera dudas. Algunos de los satélites lanzados en julio prácticamente no realizaron maniobras posteriores al despliegue y mantienen trayectorias que podrían terminar provocando su reentrada.

Rusia necesita acelerar enormemente el despliegue
Las dificultades llegan cuando el calendario oficial exige precisamente lo contrario. Moscú pretende disponer de casi 300 satélites para finales de 2027, momento en el que Rassvet debería comenzar a ofrecer servicios comerciales, mientras Bureau 1440 plantea alcanzar aproximadamente 924 unidades hacia 2035.
Los planes federales contemplaban además terminar 2026 con alrededor de 156 satélites en órbita, lo que obliga a aumentar considerablemente el ritmo de lanzamientos durante los próximos meses.
El problema no consiste solamente en fabricar los aparatos. Una megaconstelación necesita producir satélites prácticamente en serie, disponer de suficientes cohetes, construir estaciones terrestres, distribuir correctamente las unidades en numerosos planos orbitales y garantizar que puedan maniobrar y permanecer operativas durante años.
Para la industria espacial rusa, acostumbrada históricamente a producir cantidades mucho menores de satélites, el salto representa un desafío industrial enorme.
Starlink convirtió estas redes en una cuestión estratégica
Aunque Rassvet se presenta oficialmente como una infraestructura destinada a mejorar la conectividad en Rusia y otras regiones con poca cobertura terrestre, la guerra en Ucrania convirtió este tipo de redes en una tecnología con enorme importancia militar.
Desde 2022, Starlink ha desempeñado un papel fundamental en las comunicaciones ucranianas, permitiendo mantener conexiones en zonas donde las redes convencionales fueron destruidas o interferidas y facilitando operaciones relacionadas con drones, mando y transmisión de información.
Las fuerzas rusas también llegaron a utilizar terminales Starlink obtenidas mediante canales no oficiales, pero las restricciones aplicadas posteriormente por SpaceX expusieron una vulnerabilidad evidente: Moscú dependía parcialmente de una infraestructura estadounidense que podía ser limitada desde el exterior.
Rassvet busca eliminar precisamente esa dependencia. Incluso con pocos satélites, algunas de las unidades actuales ya sobrevuelan Ucrania varias veces al día y podrían ofrecer pequeñas ventanas de comunicación, aunque una cobertura continua necesitaría muchas más unidades distribuidas correctamente.
Construir un “Starlink ruso” será una carrera contra el tiempo
Las primeras fallas no significan necesariamente que el proyecto esté condenado. Starlink también perdió satélites durante sus primeras etapas y necesitó varias generaciones para mejorar su fiabilidad.
La gran diferencia está en la escala y el calendario. Rusia pretende pasar de apenas unas decenas de aparatos a varios cientos en poco más de un año, al mismo tiempo que necesita incrementar la fabricación, multiplicar los lanzamientos y mejorar la confiabilidad de cada unidad.
El desafío es todavía mayor porque parte de la infraestructura espacial rusa está directamente expuesta al conflicto con Ucrania. Instalaciones vinculadas a la producción de cohetes Soyuz ya han sido atacadas durante 2026, añadiendo una nueva variable a un proyecto que dejó de ser simplemente comercial.
Rassvet intenta convertirse en la respuesta rusa a Starlink, pero sus primeros meses muestran que poner unas decenas de satélites en órbita es relativamente sencillo comparado con construir una red de cientos capaz de funcionar de manera continua, fiable y a escala nacional.