Un teléfono móvil ascendió sujeto a un globo hasta superar los 30 kilómetros de altura. Después fue liberado sin un paracaídas que frenase su caída y terminó en una zona silvestre del norte de Suecia. Cuando el equipo logró localizarlo, más de cinco horas después, el dispositivo seguía encendiéndose, podía realizar llamadas y conservaba tanto la pantalla como las cámaras operativas.
El experimento fue organizado por el fabricante de fundas RHINOSHIELD y la empresa aeroespacial británica Sent Into Space. El resultado, validado por Guinness World Records, estableció una nueva marca para la mayor caída de un teléfono protegido por una funda sobre un accidente geográfico natural: exactamente 30.607 metros.
Es una distancia equivalente a colocar más de tres montes Everest uno encima de otro. También supera ampliamente la altitud de crucero de un avión comercial. Sin embargo, hay dos matices: el teléfono nunca estuvo realmente en el espacio y tampoco llegó al suelo acelerando durante los 30 kilómetros.
El teléfono cayó en una zona restringida dos veces mayor que Luxemburgo

La prueba se desarrolló sobre el Centro Espacial Esrange, cerca de Kiruna. La instalación dispone de una zona de impacto deshabitada de entre 5.200 y 5.600 kilómetros cuadrados, elegida para que la caída no pusiera en riesgo a personas ni edificios.
El dispositivo utilizado fue un iPhone 17 Pro protegido por una funda AirX. En realidad, el equipo preparó tres teléfonos para liberarlos a 26, 28 y 30 kilómetros. La unidad del récord se separó accidentalmente a 30.607 metros y terminó superando la altura prevista.
El móvil no descendió completamente solo. Formaba parte de una carga diseñada a medida con cámaras y sistemas de seguimiento. Guinness explica que su aerodinámica fue ajustada para reproducir la velocidad terminal de un teléfono sin esos elementos adicionales. Las reglas impedían utilizar un paracaídas para amortiguar el aterrizaje y exigían que la funda fuese la primera parte en golpear el terreno.
Tras reducir mediante GPS la zona probable de impacto a un perímetro de unos dos kilómetros, cuatro integrantes del equipo iniciaron la búsqueda en helicóptero. Tardaron más de cinco horas en encontrarlo. El dispositivo fue introducido en una bolsa de pruebas y no volvió a encenderse hasta que estuvo presente el representante de Guinness.
La caída fue desde la estratósfera, no desde el espacio

La propia Guinness World Records presenta el lanzamiento como una caída “desde el espacio”. Técnicamente, los 30,6 kilómetros todavía forman parte de la estratósfera terrestre. El límite espacial más utilizado internacionalmente, la línea de Kármán, se encuentra a 100 kilómetros de altitud. También resulta tentador imaginar que el móvil golpeó el suelo después de acelerar sin descanso. Eso ocurriría en el vacío, pero la atmósfera cambia por completo la situación.
A medida que un objeto gana velocidad, la resistencia del aire aumenta hasta equilibrar su peso. En ese momento alcanza su velocidad terminal y deja de acelerar. Aunque el teléfono pudo moverse muy rápido inicialmente en las capas superiores, donde el aire es extremadamente tenue, la atmósfera cada vez más densa fue frenándolo durante el descenso.
Por eso, una caída desde 30 kilómetros no produce necesariamente un impacto cientos de veces más violento que otra desde un edificio suficientemente alto. Una vez alcanzada la velocidad terminal cerca de la superficie, añadir más kilómetros apenas aumenta la velocidad final. La orientación del teléfono, su aerodinámica y el terreno sobre el que aterriza pueden resultar más importantes que la altura total.
El verdadero desafío no fue únicamente el golpe contra el suelo
La prueba sí sometió al dispositivo a condiciones difíciles de replicar desde una azotea. Durante el ascenso atravesó temperaturas extremadamente bajas, una presión atmosférica mínima y fuertes vientos. RHINOSHIELD asegura haber realizado previamente ensayos de congelación y presión para comprobar que los materiales resistieran el viaje.
La funda emplea una estructura de cámaras de aire inspirada en los airbags y está fabricada con un único material para facilitar su reciclaje. No obstante, el experimento continúa siendo una acción publicitaria organizada por la propia marca. Demuestra que ese teléfono sobrevivió a esa caída concreta sobre terreno natural, pero no que cualquier dispositivo vaya a soportar mejor un impacto cotidiano contra baldosas o asfalto.
El récord pertenece tanto a la ingeniería de la funda como a una peculiaridad de la física: después de cierto punto, caer desde más alto hace que el viaje sea mucho más largo, pero no necesariamente que el golpe final sea mucho más fuerte.