Ha llegado una nueva temporada de Black Mirror, y con ella vienen los esperados cuentos (y advertencias) sobre las más oscuras capacidades de la tecnología, siempre envueltos en un engañoso y suave manto de “¡Sería genial si pudiera ser real!”. En seis episodios la temporada siete hace alarde de las más geniales actuaciones, lo mismo que el primer episodio de la secuela que demuestra que bien valió la pena esperar ocho años
La trayectoria de Black Mirror, de predecir tendencias tecno, asume un escalofriante tono en la temporada siete que pone un énfasis especial en la reutilización de la tecnología vintage, como las viejas películas de Hollywood y las fotografías físicas. También entran en juego las reacciones emocionales extremas que las “innovaciones” tecnológicas provocan en las personas, en especial en quienes se interesan por ellas con toda inocencia.
Ese último tema se vuelve muy claro en el primer episodio, “Common People”. Rashida Jones y Chris O’Dowd son los protagonistas, Amanda y Mike. Son un matrimonio cuya relación se va documentando a lo largo de varios aniversarios, y sus vidas asumen un giro cuando los misteriosos dolores de cabeza de Amanda revelan de pronto un diagnóstico que inspira temor. Tracee Ellis Ross interpreta a la hábil y melosa vendedora bio-tecno que trae la solución que buscaban, que como es usual en Black Mirror, pronto se convierte en una pesadilla.
El impacto del episodio es la forma en que las compañías de atención de la salud ven a la gente: son clientes en lugar de pacientes. Pero más allá de lo obvio también hay algo de sátira referida a la cultura, ya que vemos una serie en línea con juegos en los que los participantes reciben dinero por aceptar desafíos dolorosos y humillantes. De cierta forma está mostrando también cómo los servicios de suscripción siguen sumando “niveles” que son cada vez más caros pero imposibles de resistir (Netflix ¿lo viste?).
Jones y O’Dowd ya han co-protagonizado otros proyectos y se les conoce más que nada por sus actuaciones en comedias y “Common People”, dirigida por Ally Pankiw y escrita por Charlie Brooker, a partir de una historia de Brooker y Bisha K. Ali, aprovecha su atractivo y el afecto del público para que interpreten a esta pareja creíble. Como Amanda y Mike son gente querible, su problema se vuelve más penoso todavía, aunque Black Mirror logra mostrar que en realidad solo toman decisiones porque no tienen otra opción.
Más episodios, más distopía emocional
Los personajes de “Bête Noire” no son tan amigables. El nombre del episodio está bien elegido, y representa “el dolor de nuestra existencia”. A Black Mirror le encantan los lugares de trabajo que son tóxicos, pero nunca ha sido más cierto que aquí. Maria (Siena Kelly) es una estrella en ascenso en una compañía de dulces, y se siente contenta con su éxito hasta que Verity (Rosy McEwen), ex compañera suya de la escuela, llega a su equipo.
Uno siente que Maria debería sospechar de cualquiera que pudiese verse como competencia, pero en este caso hay más motivos porque Verity era la marginal en la escuela. Es increíble que alguien a quien maría conocía hace ya 10 años siga despertando sus instintos de maldad con tal intensidad, pero pronto vemos que sucede algo muy extraño, incluso si la única que cree que es así es María (y el público).
El misterio y la ansiedad avanzan (la dirección es de Toby Haynes y Brooker es el escritor) y resulta difícil elegir a quién apoyar porque las dos mujeres son imposibles. Como puedes suponer, también se incorpora otro tema favorito de Black Mirror: la venganza bien planeada. Pero cuando crees que ya sabes lo que sucederá, hay giros inesperados.
En “Hotel Reverie” tenemos un dúo mucho más tierno. Brandy Friday (Issa Rae) es una estrella de cine que ha caído en la rutina. Es exitosa y tiene trabajo, pero se aburre terriblemente interpretando a “la noble víctima” o “la aventura de una noche”. Su agente no entiende que desea encontrar algo mágico y atemporal, pero cuando llega un proyecto de esa clase, la remake del clásico de la época de oro Hotel Reverie, Brandy tendrá el rol protagónico, que antes era de un varón.
Black Mirror se divierte con la recreación de Hotel reverie y nos brinda un tráiler que presenta el argumento: un triángulo amoroso con una heredera, su esposo asesino, y un atractivo médico, cuyos caminos se cruzan en un famoso hotel de El Cairo en la década de 1930. Hay una jefa del estudio (Harriet Walter) desesperada porque no sabe qué hacer con la colección que constituye el legado de su familia. La remake suena como una idea fantástica en opinión de todos, pero Brandy inicialmente no entiende que ha entrado en algo poco convencional. Más bien, se trata de la creación singular de ReDream, tecnología de avanzada que “crea una dimensión inmersiva completamente autosuficiente”.
Con una Awkwafina firme como líder del proyecto, el extraño elemento de ciencias de hacer que Brandy lleve su consciencia a una simulación llena de construcciones de IA que creen ser gente real que vive en un mundo real – cuando en verdad son recreaciones de personajes de la película que jamás fueron reales, en mundo totalmente contenido dentro de una computadora, hace que la historia fluya no cause enredos. Es una idea de elevado concepto tanto para Brandy como para el público, pero con el equipo de ReDream reunido en una sala de control observando a Brandy dentro de la película y con algo de jerga tecno, corres el riesgo de confundirte y no entender cómo funciona todo.

Pero lo que importa no es el cómo, sino que “Hotel Reverie” se interesa más en la relación que se forma entre Brandy y su coprotagonista, Clara, interpretada por Dorothy (que interpreta Emma Corrin).
Lo que busca ser una recreación de la película muestra que aquí el público más joven siente entusiasmo ante los “medios antiguos”, aunque inevitablemente las cosas se salen de control. El equipo de ReDream ve con Brandy lo rápido que se puede perder el control en una simulación de IA, y cuántas capas pueden crearse dentro del drama, o cuánta emoción auténtica puede aflorar. Escrito por Brooker, y dirigido por Haolu Wang.

“Plaything”, quizá el episodio menos fuerte en esta temporada, también es obra de Brooker, pero dirigido por David Slade. Es una historia de misterio sobre un asesinato en el que el sospechoso identificado por su ADN es un loco de la com putación que interpreta Peter Capaldi, cuya actuación es un deleite incluso si se trata de una historia en la que el final se percibe desde muy temprano. Hay que señalar que “Plaything” también nos trae de regreso a un personaje del pasado de Black Mirror en el creador de videojuegos Colin Ritman (Will Poulter), a quien los fans recordarán de la peli interactiva Bandersnatch.
Más en línea con “Hotel Reverie”, llega “Eulogy” escrito por Brooker y Ella Road, y dirigido por Chris Barrett y Luke Taylor. En una temporada con maravillosos actores Paul Giamatti se lleva el galardón interpretando a un hombre solitario que revive su pasado. “Hotel Reverie” preguntaba “’¿Cómo sería entrar en tu película favorita?”, y en este episodio la pregunta es más personal: “¿Cómo sería entrar en una vieja foto y revivir el momento en que se la tomó?”.
Seguimos a Phil, interpretado por Giamatti, que revisa viejas cajas de zapatos buscando imágenes que le sirvan para “revivir” sus recuerdos con una novia de la juventud. “Eulogy” es una montaña rusa de sentimientos. La nostalgia da lugar a la tristeza, al lamento y al resentimiento, y podemos ver que esto último es algo que ha estado tapando durante décadas pero que aflora cuando reabre viejas heridas. Es un viaje de sentimientos pero también un recordatorio de lo que solían ser las separaciones, cuando solías borrar con la uña el rostro de tu ex en las fotos, algo más saludable que los recuerdos digitales que ahora te persiguen donde vayas. Al menos, hasta que llega una nueva tecnología que funciona mejor, pero que en cierta forma es una mezcla de las dos cosas.

Y por último, pero por cierto no menos importante, “USS Callister: Into Infinity”, nos lleva de regreso a los clones digitales atrapados dentro de Infinity, El juego multijugador más inmersivo de la historia, y a los humanos que trabajan en la compañía de juegos Callister, Inc. Hay una intro sobre lo anterior que te ayudará, incluso si recuerdas el episodio original, y luego retoma la historia meses después de la muerte de Robert Daly.
La parte uno terminó con la victoriosa libertad para la tripulación del USS Callister. Pero se han formado grietas después del escape y ahora se enfrentan a nuevos desafíos que hacen que su sufrimiento bajo Daly parezca mínimo. Digamos que ser los únicos jugadores en un videojuego que no puedes abandonar jamás, crea algunos predicamentos.
El mundo exterior también aparece, y vemos a Nanette (Cristin Milioti) y Walton (Jimmi Simpson) teniendo que arreglárselas con el legado de Daly. Además, hay otra dosis de lo tóxico del lugar de trabajo, eso que tanto le encanta a Black Mirror como ambientación.
Dirigido por Toby Haynes y escrito por Brooker, Ali, William Bridges y Bekka Bowling, “USS Callister: Into Infinity” es todo lo que esperas de una secuela. El mundo se hace más grande, los personajes que conoces revelan nuevas dimensiones, y la narrativa te lleva a lugares muy ingeniosos. El homenaje a Star Trek ya no es tan importante esta vez, porque Daly ya no es el que tiene el control, pero hay mucha acción en el espacio y hay lecciones temáticas al estilo de Trek sobre las decisiones que se toman por el bien común, algo que reluce en este episodio.}
Black Mirror, ya por streaming, en Netflix.