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La Torre de Pisa en 2025: cuánto se inclina y por qué nunca deja de sorprender

El campanario más famoso de Italia sigue desafiando el tiempo. En 2025, la Torre de Pisa mantiene una inclinación de unos 4°, tras siglos de hundimientos, restauraciones y estudios que evitaron su colapso. Lejos de ser un riesgo inminente, hoy se considera un monumento estable, protegido incluso frente a terremotos.

La Torre de Pisa es uno de esos monumentos que parecen desafiar las leyes de la física y la paciencia del tiempo. Su inclinación, lejos de corregirse por completo, es parte inseparable de su identidad. En 2025, el campanario medieval sigue erguido, inclinado pero estable, y los estudios recientes revelan por qué nunca dejó de moverse del todo y cómo logró sobrevivir a lo que parecía un destino inevitable: derrumbarse.


Una historia de más de ocho siglos

La construcción del campanario comenzó en 1173 bajo la dirección de Bonanno Pisano. Apenas cinco años después ya se inclinaba debido al terreno blando. Guerras y pausas en la obra retrasaron su finalización hasta 1372, con un resultado peculiar: una torre que parecía torcida como un plátano. Pese a su singularidad, la inclinación se convirtió en su sello distintivo.


El riesgo de colapso y la gran restauración

Durante siglos la torre permaneció estable, pero en el siglo XX alcanzó una inclinación de 5,5°, lo que la puso al borde del colapso. En 1990 se cerró al público y comenzaron obras urgentes: se extrajo tierra del subsuelo y se aplicaron contrapesos. Gracias a ello se redujo la inclinación en 44 centímetros, devolviendo seguridad al monumento.


La inclinación actual en 2025

Hoy la torre se encuentra en “excelente salud”, según ingenieros italianos. Desde 2001 se enderezó ligeramente hasta alcanzar unos 4° de inclinación, suficiente para conservar su carácter sin riesgo de derrumbe. Incluso ha recuperado 4 centímetros más en los últimos años. Se estima que seguirá así durante al menos dos o tres siglos más.


La geología como explicación y salvación

El suelo sobre el que se asienta —una mezcla de arcilla, arena y limo— es el gran responsable de la inclinación. La deformación lenta evitó un colapso repentino, y curiosamente, esa misma base blanda también la protege de terremotos: absorbe la energía de las ondas sísmicas, convirtiendo su debilidad en fortaleza.

Fuente: Meteored.

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