Había algo moviéndose en el fondo del océano, a casi 1.800 metros de profundidad, cerca de la isla Darwin en el extremo noroeste del archipiélago de las Galápagos. La cámara del vehículo submarino no tripulado lo captó mientras se deslizaba sobre el fondo marino, cerca de una montaña submarina, en 2015. En el centro de control del barco de exploración E/V Nautilus, las reacciones de los científicos quedaron grabadas: «¡Es azul!», dijo uno. «Como uno de esos peluches», agregó otro. Tenían razón. Y lo que habían encontrado, oficialmente confirmado esta semana, era una especie que la ciencia nunca había descrito.
Microeledone galapagensis: el nombre del nuevo inquilino de las profundidades
La nueva especie fue nombrada Microeledone galapagensis, en referencia a las islas donde fue descubierta. El anuncio formal se publicó en el número más reciente de la revista Zootaxa, la publicación especializada de referencia para la clasificación de nuevas especies animales. El trabajo fue liderado por Janet Voight, curadora de invertebrados del Field Museum de Chicago, en colaboración con Stephanie Smith y Salome Buglass de la Fundación Charles Darwin, y Alexander Ziegler de la Universidad de Bonn.
Lo que hace especial a este hallazgo no es solo el color: es la combinación de características únicas que lo diferencian de todas las especies del género conocidas hasta ahora. Microeledone galapagensis tiene la piel prácticamente sin pigmento en el dorso, un diente central (radular) especialmente grande, un órgano de embudo también grande, y pocos succionadores en los brazos. Su clasificación dentro del género Microeledone lo emparenta con el pulpo pigmeo de diente en hoz (Microeledone mangoldi), aunque se distingue de él principalmente por la distribución del color en el interior del manto.
Diez años entre el avistamiento y la descripción científica
Que hayan pasado diez años entre el primer avistamiento y la publicación de la descripción formal no es inusual en taxonomía marina profunda. El proceso requiere recuperar el espécimen, preservarlo, transportarlo al laboratorio y someterlo a un análisis exhaustivo. En este caso, el cuerpo del animal fue enviado al Field Museum en Chicago, donde Voight eligió no diseccionarlo para preservar su integridad: en su lugar, trabajó con el laboratorio de rayos X del museo para crear microtomografías computarizadas —micro-CT scans— que permitieron examinar su estructura interna en tres dimensiones sin destruir el espécimen.
Para Voight fue además un hito personal. A pesar de haber dedicado cuatro décadas al estudio de la evolución de los pulpos, esta es la primera nueva especie de pulpo que lidera como autora principal en su descripción formal. «No hay nada como pasar el día mirando algo que ningún otro humano ha visto jamás», declaró.
Por qué las Galápagos siguen sorprendiendo a la ciencia

Las Galápagos son uno de los ecosistemas más documentados del planeta, hogar de tortugas gigantes, iguanas marinas y la biodiversidad que inspiró a Darwin a formular la teoría de la evolución. Sin embargo, la zona profunda que rodea al archipiélago sigue siendo científicamente poco explorada. La confirmación de Microeledone galapagensis como nueva especie subraya cuánto del fondo oceánico permanece sin documentar, incluso en zonas que se consideran bien estudiadas.
La expedición de 2015 en la que se filmó por primera vez al pulpo fue realizada en colaboración entre el E/V Nautilus, la Fundación Charles Darwin y la Dirección del Parque Nacional Galápagos. El video original del avistamiento, con el audio de los investigadores reaccionando en tiempo real, está disponible públicamente y fue parte del material de referencia utilizado para la descripción formal.
Un recordatorio sobre la minería de fondo marino
El hallazgo llega en un momento en que la presión para autorizar la minería de fondos marinos profundos —especialmente en zonas del Pacífico con nódulos polimetálicos ricos en cobalto, manganeso y níquel— está en su punto más alto de la historia. Cada nueva especie descrita en esas profundidades refuerza el argumento de conservación: los ecosistemas del fondo oceánico albergan biodiversidad que la ciencia ni siquiera ha catalogado todavía, y cualquier perturbación masiva podría destruir especies antes de que lleguen a ser conocidas.