La farmacéutica Donna Barsky mide yoduro de potasio en una farmacia de Texas. AP

Donald Trump y Kim Jong-un se enzarzaron en una discusión sobre quién tenía el “botón rojo” de un eventual ataque nuclear más grande. Resulta que tras este cruce de declaraciones, muchos estadounidenses acudieron preocupados a comprar píldoras “contra la radiación”. Agotaron sus existencias.

Al parecer, poco después de que Trump respondiera a Kim en Twitter, los gerentes de las tiendas de todo el país notaron un aumento en las ventas de pastillas de yoduro de potasio, las mismas que a menudo se anuncian como capaces de bloquear la radiación de la lluvia nuclear.

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Uno de ellos fue Troy Jones, del sitio web www.nukepills.com, quien le dijo a NPR que la demanda “se disparó. El 2 de enero, básicamente obtuve un suministro de yoduro de potasio para un mes y lo vendí en 48 horas”. En dos días, Jones dice que envió aproximadamente 140.000 dosis de las pastillas. Además, algunas farmacias han visto un aumento similar en las ventas.

Reparto de pastillas “anti radiación” en Nueva York. AP

Lo cierto es que, no sólo parece bastante absurdo el hecho de acudir a la compra masiva de estas pastillas, es que, literalmente, no van a salvar a nadie de un eventual ataque nuclear y la posterior radiación. De hecho, los expertos en salud radiológica dicen que es casi lo último que la gente necesita en un equipo de supervivencia ante una evento nuclear, especialmente con el tipo de ataque que Corea del Norte podría ser capaz de realizar.

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¿Por qué? Porque Corea del Norte está trabajando para miniaturizar los dispositivos nucleares que ha detonado y perfeccionar un misil balístico intercontinental que llegue a miles de kilómetros de distancia. La cabeza nuclear de estos misiles es probable que explotara muy por encima de una ciudad, lo que provoca relativamente poca lluvia radioactiva.

Las partículas radiactivas se forman y se dispersan cuando la suciedad y los residuos se absorben debido una explosión nuclear, entonces se irradian a niveles peligrosos, y se introducen en la atmósfera y se rocían a grandes distancias. Precisamente, uno de los productos en la precipitación radiactiva es el yodo radiactivo. El yodo es absorbido y utilizado por la glándula tiroides en el cuello, por lo que las formas radioactivas pueden concentrarse allí y desarrollar, por ejemplo, un cáncer.

La “píldora”. AP

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Las píldoras KI (de yoduro de potasio), que cuestan entre unos pocos centavos y más de un dólar por pastilla en Internet, pueden bloquear esa absorción, aunque no sin riesgos de efectos secundarios. Además, el yodo radiactivo representa un pequeño porcentaje de los elementos a los que estaría expuesto el cuerpo humano en caso de un desastre nuclear.

Incluso la mayoría de los kit de “supervivencia” no incluyen estas pastillas de yoduro de potasio. Como explica Brooke Buddemeier, física y experta en radiación del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore:

La mayoría de la gente parece pensar en las pastillas de yoduro de potasio como algún tipo de fármaco antirradiación. No lo son. Son para prevenir la absorción de yodo radiactivo, que es un radionúclido de entre los miles de radionúclidos que existen.

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Por tanto, y ante una posible explosión nuclear, probablemente sea más factible que pienses en cómo refugiarte, que en unas pastillas “anti radiación” como si fueran a funcionar a modo de protector estomacal. [NPR]